miércoles, 13 de mayo de 2015

ELISA RUIZ GARRIDO ("La Mañica")



Monumento en Ravensbruck
Esta aragonesa había nacido en Magallón el 14 de juio de 1909 y emigró a Barcelona donde se casó. Sus padres eran militantes libertarios y Elisa siguió sus pasos ideológicos en el seno del sindicato de la CNT. Participó como voluntaria en la Guerra de España, según su propio testimonio –recogido por Neus Catalá en su obra “De la resistencia y la deportación: 50 testimonios de mujeres españolas- siendo movilizada en el cuartel barcelonés de Ausias March, desde donde partió, como miliciana, hacia el frente de Aragón.

Con la Retirada, bajo los bombardeos y ametrallamientos de la aviación franquista, se vió obligada a exiliarse en Francia donde colaboró con grupos clandestinos de la CNT de ayuda a los exiliados y tras la invasión alemana realizó labores de enlace colaborando con la Resistencia dentro del grupo de evasión organizado por Francisco Ponzán. Llevó a cabo numerosas misiones en el departamento de los altos Alpes, siendo conocida como “la mañica” y con el nombre de guerra “Françoise”. Fue detenida por la Gestapo en Toulouse, en octubre de 1943, siendo sometida a crueles interrogatorios con el objetivo de que delatase la organización clandestina. Se mantuvo en silencio y durante tres largas semanas, permaneció incomunicada en una celda.

Fue encarcelada en la prisión de Saint Michel desde donde fue trasladada a Paris y a Compiègne. Salió e desde el dia 30 de enero de 1944 partió un convoy, formado por 959 mujeres, hacia el campo de Ravensbrück. Entre estas deportadas figuraba una docena de españolas entre las que podemos citar a Neus Catalá, Soledad Cortes,… Fueron registradas en “el campo de las mujeres” el 3 de febrero de 1944 y a Elisa le correspondió la matrícula 27219.
Vista de Ravensbruck

En el testimonio que dió a Neus Catalá nos ha permitido conocer su itinerario en los campos nazis. Transcurrido medio año de su llegada a Ravensbrück, en septiembre, fue trasladada a Leipzig, al comando Hasag, dependiente del campo de Buchenwald: “allí me pusieron en un trabajo verdaderamente durísimo, en una máquina de obuses, obligándome a hacer 7.000 diarios. Como no podía trabajar, porque no comía, dejé de hacer los 7.000 obuses, entonces vino la Aufseherin y empezó a golpearme con una vara que llevaba –una verga-, empezó a darme vergajazos y como vio que del suelo tampoco me levantaba ni a fuerza de vergajazos, fueron y me llevaron al hospital. Y, para ver si conseguían reanimarme, me dieron algo de beber y al ver que no había nada que hacer me llevaron al hospital provisional.

En la fábrica de obuses Elisa participó, asumiendo riesgos, en acciones de sabotaje y presenció el esclavismo al que eran sometidas deportadas de diferentes nacionalidades., entre las que se encontraba un grupo de ocho españolas. Mercedes Núñez Targa, una deportada republicana, compañera de Elisa, la recordaba en su testimonio de quien decía que era una mujer de profundas ideas anarquistas, audaz, de carácter sólido y en quien se podía confiar.

Era la última época de la Guerra, los alemanes se veían perdedores, pero para las internas en los campos los peligros eran permanentes y el futuro totalmente incierto. Elisa junto a otras deportadas fue devuelta a Ravensbrück y durante el trayecto el tren fue bombardeado. Una vez que estuvo en el campo, aprovechó para visitar a las compañeras veteranas quienes, según sus propias palabras, no le dieron muchas esperanzas: “me preguntaron: “En qué barracón estás”, y dije que en el 28, en el barracón de las gitanas. “Ay, hija mía qué pena me das”. “¿Por qué, si estoy muy bien?”. “Es que las que llevan allí van para el crematorio”. Ante estas advertencias y consejos de sus compañeras, Elisa logró salir como voluntaria a descargar vagones de carbón y patatas escapando, a pesar de su debilidad, del peligro que le habían anunciado. Agotada por el trabajo, fue golpeada por una vigilante, cayó sobre unas piedras y se rompió un brazo y como consecuencia fue trasladada al campo e internada en el revier donde, sin medios, fue asistida por las propias internas.

Afortunadamente, la Cruz Roja Internacional llevó a cabo un canje de un grupo de deportadas por otro de prisioneros alemanes y Elisa, junto a un grupo de compañeras fueron trasladas hacia Frankfurt, sufriendo varios ametrallamientos y muchas de las evacuadas quedaron muertas en la orilla de la carretera. Desde Frankfurt fue conducida hacia Dinamarca y posteriormente a Suecia siendo liberada en Estocolmo. Desde la capital sueca fueron repatriadas en avión a París.

A partir de aquel momento comenzó una nueva etapa de la vida de Elisa en el largo exilio al que se vieron obligados, quienes confiaban que con la derrota del nazismo llegaría el final del franquismo. Una ilusión, como el paso del tiempo dejó bien claro para todos ellos y ellas.

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