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martes, 26 de junio de 2012

BALTASAR FERRUZ INSA. Identidad de un navarro-aragonés deportado

Baltasar Ferruz. Blog de Ander Cabrero
El interés de Ander Cabrero, por recuperar la memoria de las víctimas del franquismos de Pitillas (Navarra), le ha llevado a recuperar la identidad de Baltasar Ferruz Insa quien, habiendo nacido en dicha localidad navarra en 1911, acabó sus días en el campo de Gusen en el mes de mayo de 1942. Ander poseía muy pocos datos de Baltasar pero con la localización de Vicenta y Trinidad, dos hermanas suyas que viven en Sástago, ha podido establecer claramente su trayectoria y nos ha dado a conocer retazos de la historia familiar.

El matrimonio formado por Martín Ferruz López y  Benita Insa Vallespín,  durante la primera década del siglo XX, se había trasladado desde Sástago a la población de Pitillas donde nacieron dos de sus nueve hijos: Baltasar el día 5 de enero de 1911 y Ramón en diciembre de 1912. Sobre el año 1918 la familia regresó definitivamente a Sástago.

Martín, el padre de Baltasar, durante la República ocupó cargos de responsabilidad en el seno de la UGT, de cuya agrupación local (Sástago) era presidente en mayo de 1933. El joven Baltasar y sus hermanos se formaron en el seno de esta familia de labradores donde, la vinculación directa y activa con el sindicato, conformaron su ideología de izquierdas y su compromiso con la defensa de la Segunda República, tras el golpe de estado fascista del 18 de julio de 1936.

Este compromiso político de Martín y de sus hijos, les acarreó problemas, posteriormente, al ser denunciados de oponerse al Movimiento y de haber participado en las incautaciones de tierras. Martín aparece inculpado en varios  Expedientes de Responsabilidades Políticas abiertos, en 1939, contra los republicanos de Sástago.

Ramón y Baltasar -y seguramente alguno más del total de los seis hermano varones- fueron combatientes en la Guerra. Ramón desapareció en una de las misiones como correo de guerra y Baltasar, según consta en la documentación que ha recopilado Ander Cabrero, pudo ser  comisario político del ejército republicano. Tras la ruptura del frente de Aragón en marzo de 1938, la familia Ferruz-Insa se trasladó a Barcelona, donde se encontraban cuando Baltasar partió hacia el exilio desde la estación de Francia de la Ciudad Condal.  

Desconocemos cual fue la trayectoria de Baltasar en el exilio. Como miembro de una de las Compañías de Trabajadores Extranjeros que fueron cercadas en las playas de Dunkerque por los alemanes, fue detenido durante la primera semana de junio de 1940. Un importante número de republicanos fueron transferidos, junto a prisioneros de otras nacionalidades, a un campo de prisioneros de guerra (stalag)  situado en la Alta Silesia -hoy territorio polaco- y en el mes de octubre fueron trasladados a un nuevo stalag, el  XII-D, ubicado en las cercanías de la ciudad de Tier (Tréves) en la frontera germano-luxemburguesa.

Desde esta localidad fueron deportados a Mauthausen un total de 775 republicanos, sufriendo tres días de viaje en vagones de ganado que no reunían unas mínimas condiciones de vida. Fueron inscritos en Mauthausen el día 25 de enero y a Baltasar le adjudicaron la matrícula 3844. Su traslado hacia Gusen se produjo el 20 de octubre, donde halló la muerte el 14 de mayo de 1942. Desde que había empezado la Guerra de España habían pasado casi seis años de sufrimiento y de combate contra el fascismo.

Las represalias y la persecución sobre el cabeza de familia tuvieron unas consecuencias fatales y Martín falleció en enero de 1941 -según cuentan sus familiares- como consecuencia de una paliza que le dio la Guardia Civil, tras haberlo detenido en su casa. Estos hechos coincidieron en el tiempo con la llegada a Mauthausen del joven Baltasar quien, al dar su filiación en los registros de campo, dejó como persona de contacto la de su padre. Poco podía imaginarse Baltasar lo ocurrido en Sástago en aquellos días.
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La familia tardó algún tiempo en enterarse del fallecimiento de Baltasar, una de sus sobrinas, le ha explicado a Ander la noticia de su muerte en Alemania que le fue transmitida, por las “recaderas” de Sástago, a su tía Trini: “Lo siento dijo una de ellas y Trini se puso a llorar. Volvieron por la carretera, supongo que para no cruzarse con mucha gente, mi tía no paraba de llorar. Entraron por el corral, Benita se volvió loca al enterarse. Cabrones, cabrones… Eso es lo que gritaba sin cesar”.

 Dolor y desesperación en una familia que había pedido a tres de sus miembros como consecuencia directa de la Guerra y el exilio. Un exilio al que también se vieron abocados José y Alfredo, el mayor y el más pequeño de la saga  y que, con el paso de los años, se convirtió en permanente en tierras francesas.

Por lo que nos ha explicado Ander Cabrero, las hermanas y  las sobrinas de Baltasar mantienen vivo el recuerdo de los sucesos que han acompañado a su familia. Han pasado muchos años desde que la Guerra truncó las ilusiones de Martín y de Benita quien, a pesar de todas las vicisitudes pasadas, transmitió a las siguientes generaciones “una dignidad que nunca perdieron”.
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El trabajo de Ander Cabreo se puede seguir en el siguiente enlace: http://lavaradelalibertad.blogspot.com.es/2010/05/baltasar-feruz-issa-de-pitillas.html


martes, 22 de mayo de 2012

EDMON GIMENO. Vivencias de un deportado


En Mauthausen, ante el monumento a los republicanos.
Como señalaba en la última entrada, Edmon Gimeno, fue el único deportado republicano que asistió a los actos de homenaje, celebrados en el campo de Mauthausen el pasado domingo 13 de mayo, ante el monumento a los españoles. Así lo viene haciendo durante los últimos años y el esfuerzo que realiza lo hace para rendir  homenaje a todos sus compañeros de deportación que corrieron peor suerte que él y fallecieron en alguno de los campos nazis, a los que fueron deportados algo más de 9.000 españoles.

Edmon fue deportado a Buchenwald. Posteriormente fue trasladado a Dora y a Bergen-Belsen, de donde fue liberado por las tropas británicas. En éste último campo conoció el horror desatado, durante las semanas previas a su liberación, como consecuencia de una epidemia de tifus que diezmó a los internos, esparciendo la muerte por doquier y produciendo una situación dantesca cuyas imágenes fueron captadas por los reporteros y fotógrafos que acompañaban a las tropas liberadoras.

Afortunadamente, este episodio de la vida de Edmon, así como  las crueles y dramáticas experiencias  vividas en Dora y otros acontecimientos que le marcaron para siempre, los dejó plasmados, de forma admirable, en sus memorias de deportación que fueron publicadas por la Amical de Mauthausen en 2007 bajo el título “Buchenwald, Dora, Bergen-Belsen. Vivències d’un deportat”. La obra testimonial de Edmon es muy recomendable para quienes quieran conocer, de primera mano, la vida cotidiana de los deportados en aquellos antros, diseñados por los nazis para explotarlos como esclavos hasta sus últimas consecuencias.


Y, en este sentido, me ha parecido oportuno recordar la presentación de su libro, el 11 de agosto de 2007, en las Terceras Jornadas dedicadas a la deportación de los republicanos aragoneses celebradas en Ejulve, en colaboración con su Ayuntamiento. Recupero las notas que tomé al acabar la sesión, como resumen de aquel acto que fue presentado por el alcalde de la localidad, José Manuel Salvador.

Edmon inició su intervención  mostrando el asombro y la incomprensión de cómo en la Alemania culta y desarrollada de los años 30 del siglo XX pudo desarrollarse una ideología excluyente como la representada por Hitler. Para él es inexplicable que en un contexto donde se había logrado un nivel de desarrollo material e intelectual tan importante se pudiese desarrollar, al mismo tiempo, una ideología de componentes tan abominables como la supremacía de la raza aria y el desprecio a lo que llamaban “razas inferiores”. Según las palabras de Edmon, los tres enemigos de la Alemania nazi, según se desprende de la ideología de Hitler, eran los judíos, las razas eslavas y el pueblo soviético.

El Holocausto, con el asesinato de más de seis millones de judíos, y la eliminación de varios millones más de otros colectivos, supuso retroceso de la humanidad que la retrotraía a épocas prehistóricas donde los primeros homínidos luchaban sin conciencia por un espacio vital. Edmon hizo una breve referencia a Auschwitz, a la selección a que eran sometidos las poblaciones deportadas, cómo el ser conducido a la derecha o a la izquierda, en el momento de la selección, podía significar morir directamente en una cámara de gas. Hombres, mujeres y niños asesinados masivamente sin que podamos entender cuál era el significado de su muerte.

Edmon pasó a narrar, a continuación, su experiencia en la deportación desde la Francia ocupada, donde se hallaba detenido por haber intentado escaparse de donde se hallaba trabajando. El convoy donde fue trasladado a Buchenwald estaba formado por varios vagones ocupados, cada uno de ellos, por más cien personas que no tenían espacio ni para sentarse “derechos y tocándonos con los codos estuvimos dos o tres días, y llegamos a Buchenwald desnudos, los alemanes nos hicieron desnudar porque creyeron que alguien de nuestro vagón había querido escapar”. En el campo estuvo poco tiempo, después fue trasladado a Dora, donde los internos trabajaban en la construcción de las famosa V1 y V2 alemanas en unas condiciones infrahumanas, en los túneles excavados en la roca, “sin salir durante semanas al exterior y respirando un aire fétido y corrompido”. Edmon, a quien el público asistente seguía en un respetuoso silencio, explicó las dificultades de la vida diaria, la falta de esperanza en el futuro, el trato vejatorio, recibiendo continuos insultos y palizas por parte de los Kapos (prisioneros comunes que se encargaban de la vigilancia de los prisionero) como la que presenció cuando mataron a golpes a un deportado francés mientras que su hijo era obligado a asistir impotente a  la escena.... Hubo muchos internos que no pudieron soportarlo y se lanzaron a las alambradas electrificadas que rodeaban el campo. La pérdida de la fuerza física, tanto por las condiciones y las temperaturas de más de 20 º bajo cero  como por la insuficiencia de la alimentación recibida, era sufrida por los prisioneros y sus consecuencias fueron fatídicas para alguno de ellos..

En su explicación, hizo especial incidencia a la crueldad con que eran tratados quienes habían sido capturados tras un intento de fuga “eran paseados por todo el campo subidos en una especie de carro tirado por los propios deportados con un letrero diciendo que estaba muy contento de haber vuelto a casa. Estábamos obligados a observar en formación todo el acto que concluía con su ahorcamiento. En Dora había días que ahorcaban a varios deportados, hasta 15 o 20 de una sola vez y los demás estábamos obligados a asistir a aquellas muertes tan horribles”.

Presentación del libro. Ejulve 11-08-2007
Después de Dora, Edmon y un grupo de compañeros, fueron evacuados a Bergen Belsen donde vivió escenas espeluznantes con muertes masivas de internos hasta la liberación por las fuerzas aliadas en abril de 1945. Después siguió un exilio en Francia con su familia hasta que pudo regresar a España.

A continuación se abrió un turno de palabras para que los asistentes pudiesen preguntar a Edmon aspectos de su interés que resumimos en los siguientes apartados:

- Un dia cualquiera en Dora: los internos se levantaban muy temprano y de inmediato de veían obligados a ir a la Apellpaltz (plaza de revista) donde eran contados en perfectas formaciones y si faltaba alguien, por cualquier motivo, tenían que permanecer formados, a veces a temperatura gélidas de varios grados bajo cero, hasta que cuadraban los números. Les daban como alimento “un “café” infecto, que más bien parecía agua sucia y a medio día una sopa líquida, nauseabunda, donde a veces podías encontrar un trozo de nabo que tenías que tomar derecho, en un momento para volver a trabajar, en jornadas que duraban días o doce horas y por la noche un trozo de pan con una señal de salchichón”.

- Sentimiento de odio y venganza: Edmon dice que no, que no ha tenido estas sensaciones. Actos de venganza, en el momento de la libración sí que vio alguno, pero que más que odio le embarga la incomprensión de lo ocurrido, de cómo en aquel momento y en aquella época se llegó a  tal grado de barbarie.

- Conocimiento de la marcha de la guerra: Tenían una ligera idea de lo que sucedía, enterándose por conductos muy diversos ya fuese por los nuevos internos, por escuchar de forma clandestina algún aparato de radio, él mismo cuenta cómo pudo escuchar, escondido, los partes de una radio de los SS y con un pequeño mapa que pudo conservar situaba los avances de las tropas soviéticas. El desembarco de Normandía, por ejemplo, corrió por el campo el mismo día en que se produjo.

- Razones para sobrevivir y no abandonarse: Fueron muchos los internos que no pudieron resistir y se suicidaban arrojándose sobre las alambradas, “me mantenía vivo, la juventud, yo tenía 20 años cuando fui deportado, la fortaleza y la esperanza de salir para contar lo que habíamos visto. También el compañerismo y la ayuda de algún amigo en quien confiabas y con quien podías hablar.
***
Agradeciendo a Edmon su testimonio y como evidencia del drama que padecieron los supervivientes republicanos que, tras la alegría en los días de la liberación se vieron obligados a seguir viviendo en el exilio, leí  los últimos párrafos de sus memorias que aparecen bajo el epígrafe de “El desencanto”:

“Bergen-Belsen, unos días después de la liberación. Un grupo de deportados ibéricos permanecemos sentados en un rincón del campo en una pequeña eminencia del terreno, cerca de la carretera secundaria. Hablamos, evocamos, soñamos. El retorno a nuestra tierra que nos vio nacer se anuncia muy próximo. Los familiares y los amigos que pronto volveremos a ver, el sol y el cielo, nuestros paisajes tan variados y originales, las montañas y llanuras, los ríos, la diversidad del folclore, las costumbres tradicionales. Un antiguo de Mauthausen nos habla entusiasmado de la gran huerta del País Valenciano, ese inmenso y fértil oasis. Naranjos, fruta rica y variada. Espera comer todavía, en esa primavera de 1945, los suculentos melones de la región, dulces como la miel. Nos dice: “Cuando vas a la huerta a primeras horas de la mañana, sientes, en ciertos lugares, un olor penetrante y el crujir de los melones, los que están a punto. ¡Qué placer, amigos, qué placer!”.
Nuestros sueños, anhelos y evocaciones no sirvieron de gran cosa. El exilio continuó para muchos durante años y más años. La guerra fría, entre los dos colosos militares de la época, acabó con todas nuestras esperanzas.”

lunes, 9 de abril de 2012

LA DEBACLE FRANCESA DE 1940 (III): testimonio de José de Dios Amill


El cerco de los alemanes se estaba realizando más pronto de lo que esperábamos, por tanto dieron orden a la 86 Compañía de Trabajadores Españoles, de la que formaba parte como barbero, de abandonar al atardecer de aquel mismo día el lugar donde estábamos trabajando. Debíamos marcharnos a pie y a marchas forzadas a Dijon, ciudad francesa que se hallaba a ciento cincuenta kilómetros de Pommery, el pueblo donde nos encontrábamos

Entre los testimonios publicados de diferentes republicanos supervivientes de los campos nazis, he elegido el de José de Dios Amill (Fraga, 1919-2002)  –publicado con el título “La verdad sobre Mauthausen”- porque comienza con la cita anterior, describiendo el momento  justo en que se preveía la inminente llegada de los alemanes a la zona donde estaba destinado. En este primer capítulo de titulado “En poder de los alemanes”, José de Dios cuenta cómo emprendió una huída desesperada para intentar escapar de un destino que, en un corto periodo de tiempo, resultó inevitable. .

Cuatro republicanos, entre los que se encontraba José, tras haber recorrido a pie unos veinticinco kilómetros en una sola noche, decidieron abandonar la Compañía e intentar por su cuenta avanzar más rápidamente hasta alguna zona más segura. Consiguieron robar tres bicicletas y así se echaron al camino para alejarse del frente, buscando siempre carreteras secundarias para evitar los atascos que se formaban en las principales:

“…la Nacional iba hasta los topes de gente a la que evacuaban en carros, camionetas, turismos y algún carricoche. También se veían muchas motos y bicicletas pero la gran mayoría iba a pie, cargada de ropas y comida. Todos habían abandonado su hogar, lo habían dejado todo en busca de un lugar que les pusiese a salvo de la invasión del ejército alemán. También encontrábamos soldados franceses que se retiraban sin orden ni concierto, sin oponer ninguna clase de resistencia, como un ejército vencido”.

El miedo y los peligros a los que se exponía la población civil causaron una viva impresión en José de Dios, recordándole episodios semejantes, contemplados hacía poco más de un año durante la retirada de los republicanos hacia el exilio francés. Momentos de aparente tranquilidad, en los que nada parecía presagiar un peligro inminente, eran rotos de forma repentina por la presencia de la aviación alemana. Contaba José que un día se hallaban, junto a otras muchas personas, en la plaza de un pequeño pueblo haciendo cola para comprar pan, cuando...

“…se oyó un gran vocerío: la aviación alemana venía del este. Nosotros (..) con las ayudas de las bicicletas, pronto estuvimos fuera del lugar. Al llegar a la carretera empezaron a caer bombas, seguramente sobre la plaza donde debía haber más de doscientas personas. Nunca supimos si hubo víctimas; seguro que sí. Nosotros salimos raudos en dirección a Dijon”.

No alcanzarían su destino puesto que, a pesar de su esfuerzo por avanzar a golpe de pedal, por el camino conocieron que la ciudad ya había sido ocupada y, por las diferentes localidades por las que pasaban, se iban encontrando con los efectos destructivos de la aviación, con la incertidumbre de quienes habían intentado la huída y con secciones del ejército francés que no sabían qué hacer ni a dónde dirigirse. La opinión de José, sobre los militares franceses, la reflejaba al describir la actitud de un grupo con el que coincidieron en uno de los últimos pueblos visitados:

“Como prueba de su categoría militar sólo les quedaba a todos el uniforme pues sus armas las habían depositado en el ayuntamiento del pueblo como signo de rendición incondicional. Al mando de esta tropa había un teniente bastante joven quien, con cierta flema y sin sentimiento aparente, dijo que cuando llegaran los “boches” allí los encontrarían”.

La situación era angustiosa, José tomó conciencia de la inutilidad de su esfuerzo y cuando se fue a dormir –tras el encuentro con este grupo de militares- tenía la impresión que su escapada había llegado a su fin. Irremediablemente sus temores se confirmaron al ser despertados, durante la noche,  por unas voces alemanas que interrumpieron bruscamente su sueño:

“Penetraron con violencia, abriendo la puerta de una patada aunque sólo estaba entornada. A la luz de unas linternas y de un reflector, con las metralletas en posición de disparo, nos hicieron salir a la calle con los brazos en alto”.

Era el 20 de mayo de 1940, y se encontraban en la localidad de Bar-le-Duc y allí mismo empezó para ellos un periplo incierto como prisioneros de guerra: fueron internados primero en Toul, después en uno de los campos que los nazis habían establecido en todo el territorio del Reich, concretamente en el stalag XI B desde donde, José, fue deportado a  Mauthausen, en enero de 1941.

Durante los primeros meses de estancia en el campo, vivió relativamente tranquilo gracias a su oficio de barbero, pudiendo escapar, temporalmente, de los trabajos en la temida cantera a la que fue destinado en mayo. Allí tuvo que enfrentarse al trabajo físico agotador, al hambre y al desaliento. Se presentó voluntario, en agosto, para ser trasladado al kommando Brestein situado a unos 200 kilómetros del campo central donde, varios cientos de republicanos españoles, estaban construyendo una carretera. Pasó temporadas muy duras y llegó a pensar que podía ser devuelto a Mauthausen y acabar en el crematorio.  En septiembre de 1942 fue transferido a Steyr para trabajar en una fábrica de motores, siendo liberado en este lugar, en mayo de 1945, por las tropas americanas. 

Tras la liberación se recuperó en París, realizó trabajos agrícolas  y posteriormente se trasladó al Principado de Andorra para intentar encontrarse con su esposa que residía en Lérida. Regresó en 1947 y se instaló definitivamente en  Fraga, junto a su esposa y a su hija,  hasta su fallecimiento en octubre de 2002.

jueves, 23 de febrero de 2012

Alberto Lanuza López: combatiente de la "Bolsa de Bielsa" muerto en Gusen

Alberto Lanuza
Este altoaragonés, originario de la localidad de Yésero, había nacido el 21 de noviembre de 1914, en el seno de una familia de labradores siendo el penúltimo de los cinco hijos del matrimonio formado por Ángel Lanuza e Inocencia López. Su juventud transcurrió en Yésero ayudando a la familia en los trabajos agrícolas tradicionales y durante los años republicanos, su ideología fue conformándose tomando posiciones próximas a los ideales de progreso y justicia social.

Al estallar la guerra, Alberto  contaba  20 años de edad y en agosto de 1936 se alistó en alguna de las unidades militares que se formaron en la zona, quizás coincidiendo con el momento en que los republicanos se hicieron con el control de la zona de Yésero, donde establecieron “una de sus principales bases de operaciones”[1] y –según el testimonio de su sobrino Tomás López Lanuza- su alistamiento se produjo durante las primeras escaramuzas en el Puerto de Cotefablo, pasando posteriormente al frente de Huesca, donde se le concedió un permiso especial a finales de noviembre.  Alberto, tras aquel permiso que le había permitido regresar unos días con la familia, fue destinado hacia la zona de los Pirineos.

Cuando se decretó la militarización de todas las unidades para crear el Ejército Popular de la República, su unidad militar, fue una de las que conformaron, en abril de 1937, la 139 Brigada Mixta, pasando posteriormente a estar encuadrada en la 43 División.  La 130 Brigada Mixta combatió en las principales batallas que tuvieron el frente aragonés como escenario: Zaragoza, Belchite, Teruel,... Tras la ruptura del frente de Aragón, en marzo de 1938, la 43 División fue arrinconada en el Pirineo en la que ha pasado a conocerse como “La Bolsa de Bielsa”, un episodio de la Guerra de España cargado de connotaciones heroicas donde la convicción de unos pocos puso en cuestión, durante varias semanas, la superioridad del ejército franquista. Los republicanos resistieron hasta mitad de junio, momento en que, superados definitivamente por el enemigo, emprendieron de forma organizada su retirada hacia territorio francés.

Alberto fue ascendido a Sargento de infantería de la 130 Brigada en mayo de 1938[2],  mientras se hallaban combatiendo el “La Bolsa”  y fue en aquellas semanas cuando, según nos contaba su sobrino Tomás, en la localidad de Fanlo, en las estribaciones del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, el 4 de abril de 1938 se despidió para siempre de su madre y sus dos hermanas cuando éstas se trasladaban a Francia andando durante la evacuación civil… como el resto de los combatientes de la 43 División, atravesó la frontera francesa el 16 de junio de 1938. La mayor parte de sus componentes regresaron a España, entrando por la frontera de Cataluña, para seguir combatiendo por la República.

Mantuvo una relación muy estrecha con el comisario de la Brigada, el maestro Lorenzo Berdala Pardo[3] y, por otra parte, parece ser que Alberto –según Tomás López- fue ascendido  de graduación: se supo, por algunos de sus superiores, que había ascendido a teniente, con cuya graduación formó parte  de la Bolsa de Bielsa desde sus inicios, ascendiendo mas tarde a capitán en esta tristemente famosa defensa del último bastión republicano en el Pirineo Aragonés. Algún familiar en la retirada a Francia tuvo oportunidad de visitarlo y pudo comprobar que, efectivamente, lucía esa graduación.
La 130 Brigada se recompuso de nuevo en Cataluña y estuvo luchando en la batalla del Ebro Retirándose paulatinamente hacia Reus, Tarragona, el Llobregat, Girona, …. Hasta que, prácticamente desmembrada, sus componentes cruzaron la frontera francesa por el puesto de Port-Bou el 9 de febrero de 1939.

Así se iniciaba el exilio de Alberto Lanuza, de cuya trayectoria, durante esta etapa de su exilio francés, lo desconocemos todo. Debemos suponerlo interno, junto a sus compañeros republicanos, en diferentes campos de refugiados del sur de Francia y alistado en una de las Compañías de Trabajadores Extranjeros que se formaron a partir del mes de abril de 1939. La familia de Alberto no conserva la correspondencia enviada a su madre Inocencia desde estos campos, aunque nos consta que sí la hubo y muy posiblemente sean de esa época las tres fotografías que envió a la familia, siendo una de ellas la que ilustra estas líneas.

La Compañía de Alberto fue trasladada hacia los departamentos del norte de Francia y fue una de las que confluyeron, tras la invasión alemana del territorio francés, hacia la zona de Dunkerque donde esperaban ser evacuados por la flota británica junto a los combatientes franceses. Ya es sabido que eso no fue así y miles de republicanos quedaron a merced de los alemanes que avanzaban sin oposición por el territorio galo. Alberto, junto a sus compañeros de infortunio, fue detenido por las tropas alemanas en las playas de Dunkerque, o en sus alrededores, el 4 o el 6 de junio de 1940.  Tras ser transferido a diferentes campos de prisioneros de guerra (stalgs) recabó en el denominado VI-C ubicado en las cercanías de Batrhom, posteriormente fue trasladado al XII-D, en las cercanías de la población de Trier, desde donde salió deportado hacia Mauthausen en un transporte formado por 775 hombres. Este grupo de republicanos entró en el campo austriaco el 25 de enero de 1941 y a Alberto se le adjudicó la matrícula 3350. Permaneció en el campo central poco más de cinco meses tasta que, a finales de junio, fue trasladado a Gusen.

En este nuevo destino de terror, humillaciones y trabajo esclavo, Alberto halló la muerte en una fecha que difiere según las fuentes consultadas. En el Journal Officiel de la République Française de 24 de julio de 1992, se le da como fallecido el 6 de noviembre de 1941 y así consta también en el listado elaborado por los republicanos supervivientes tras la liberación del campo en 1945. En los listados elaborados por La Fondation pour la Memoire de la Deportation, por el contrario, se data su muere el 24 de febrero de 1943[4]. Personalmente me inclino como fecha más probable la de noviembre de 1941, puesto que la consulta posterior de documentación del propio campo así parece confirmarlo[5]

La familia de Albero supo muy poco de la suerte que había corrido tras su detención por los alemanes. Según su sobrino Alberto, desde Mauthausen envió en una oportunidad una única referencia, para la familia, de su internamiento, se trataba de  un pequeño escrito, de los permitidos, tipo tarjeta postal con un máximo de 25 palabras. Tras permanecer varios años sin noticias, pudieron conocer algo sobre la trayectoria final de la vida de Alberto, por medio de su gran amigo y compañero durante toda la guerra, Julián Laviña[6], como superviviente del nazismo, la familia supo que había muerto en Güsen, aunque, a diferencia de otros casos, nunca las autoridades alemanas comunicaran oficialmente este hecho, a pesar de haber recibido la madre una indemnización.
 El recuerdo de Alberto Lanuza López ha permanecido permanentemente entre los suyos. Tomás, su sobrino es un ejemplo de cómo la siguiente generación lucha por mantener la memoria de las víctimas del nazismo Su testimonio, su participación en alguno de los viajes de homenaje organizados por la Amical de Mauthausen al campo y la colocación de una placa en el crematorio de Gusen son signos bien elocuentes de la huella de Alberto en su entorno familiar y de la perdurabilidad, entre los suyos, del significado profundo de su sacrificio


[1]Antonio Gascón Ricao: El origen de la 130ª Brigada Mixta Autónoma, en http://www.sbhac.net/Republica/Fuerzas/EPR/EprK/130BM.htm
[2] Diario Oficial Ministerio de Defensa, 1938, nº  116, p. 539
[3]  Salinas de Jaca (1908). Maestro de Linás. En octubre de 1937, fue nombrado comisario de la Brigada. Tras la Guerra se exilió en la República Dominicana y Mexico
[4] FMD: Livre Memòrial des déportés de France, ... , vol. III, p. 1140, Paris, Tiresias, 2004 y en su web http://www.bddm.org/
[5] Así se ha recogido también en la Base de Datos de la Amical de Mauthausen elaborada a partir de un convenio con la Generalitat de Catalunya y la Universidad Pompeu Fabra.
[6] Julián Laviña Campo, nació en Riglos en 28 de enero de 1911. Fue deportado desde el stalag V-D en Strasbourg. El 13 de diciembre de 1934 ingresó en Mauthausen (nº 4921) y el 17de febrero de 1941 pasó transferido a Gusen (nº 46976). Fue liberado en 1945

martes, 10 de enero de 2012

FELICIANA PINTOS NAVAS: superviviente de Auschwitz, Ravensbruck y Mauthausen. [1]

Feliciana Pintos Navas. Museo Nacional de Auschwitz
A partir de su localización en una página web dedicada a quienes fueron deportados, por razones políticas, desde Francia a Auschwitz[2], conocimos  unos breves retazos de la vida de esta española, resistente durante la Segunda Guerra Mundial, que conoció la experiencia de la deportación a los campos nazis, en un itinerario que le llevó primero a Auschwitz (Polonia), posteriormente a Ravensbruck (Alemania) y por último a Mauthausen (Austria).

El origen de Felicienne Bierge, la única deportada española superviviente del campo de Auschwitz, parecía confuso. Ahora sabemos -gracias a la amabilidad del responsable del Registro Civil-  que Feliciana, hija de Justo Pinto Calvo y Eugenia Navas Muñoz,  nació el 9 de junio de 1914 en El Barraco, en la provincia de Ávila[3] y no en la localidad zaragozana de Marracos como figura en el Libro Memorial Español[4] publicado en 2005. Entre 1920 y 1921 la familia, compuesta por el matrimonio y ocho hijos, emigró a Francia instalándose en Burdeos. A los trece años comenzó a trabajar en una fábrica y fue en este ambiente donde entró en contacto con el movimiento obrero organizado.

En 1936 se casó con Joseph Raymond Bierge, un trabajador especialista de los astilleros de la Gironde. Ambos participaron en las luchas que tuvieron lugar entre 1935 y 1936 en el contexto de la formación del Frente Popular y en las masivas protestas reivindicativas que sucedieron a la formación del nuevo gobierno de izquierdas[5]. La decisión gubernamental de desarrollar la industria aeronáutica, con la apertura de una nueva factoría en Beglès, hizo que el matrimonio Bierge trasladase su residencia buscando las mejoras salariales que se ofrecían en este nuevo sector de la industria francesa. El matrimonio Bierge no fue indiferente al estallido de la Guerra Civil española y llevaron a cabo diferentes acciones solidarias con la población civil republicana, organizando colectas entre los obreros franceses para recabar dinero, ropa y alimentos imperecederos que fueron trasladados a España para intentar paliar el sufrimiento de los niños españoles afectados por la contienda. 


Militantes comunistas, tras la ocupación alemana se instalaron clandestinamente en la población de Villenave d'Ordon, en el sur de la periferia de Burdeos y su domicilio se  convirtió en un centro de reunión de los responsables de diferentes grupos de la resistencia y de difusión de propaganda, con la instalación de un par de imprentas de donde salían los periódicos y las octavillas que iban a parar a las redes clandestinas hacia las fábricas y poblaciones cercanas. Traicionados por un miembro de la organización, fueron detenidos en julio de 1943: Joseph fue arrestado el día 3 en su lugar de trabajo y,  tras un riguroso registro de su domicilio, Feliciana fue detenida, teniendo que dejar a su hijo Henry, de cuatro años, al cuidado de una vecina. Joseph sufrió torturas durante su encierro y  el 21 de septiembre, fue fusilado en el campamento de Sougue  a la edad de 30 años, en una jornada en que los alemanes acabaron con la vida de 70 resistentes. Feliciana fue juzgada y encarcelada en la prisión de Romainville desde donde un grupo de prisioneras, a principios de 1943,  fueron trasladadas a Compiègne para ser deportadas a Alemania.


En la fría y húmeda mañana del domingo 24 de enero de 1943 se formó el  que sería el único transporte con detenidas políticas francesas con destino a Auschwitz. El convoy estaba compuesto por más de 1.500 hombres procedentes del campo de Royallieu que habían llegado la noche anterior y ocupaban los vagones de cabeza, mientras que los cuatro últimos estaban reservados para un grupo de 230 mujeres resistentes. Los hombres fueron internados en el campo de Sachsenhausen y las mujeres, después de tres largos y penosos días de viaje, casi sin comida, sin agua y ateridas de frío, llegaron a un destino desconocido: los vagones se abrieron. Gritos, aullidos, órdenes incompresibles, perros, metralletas, golpes con las armas. Al borde de la vía, sin estación. El frío nos atravesaba ¿Dónde estábamos? Sólo lo supimos dos meses más tarde. Ciento cincuenta murieron sin saber que estaban en  Auschwitz[6]. La mortalidad entre el grupo “de las 31000” –denominación con la que  han pasado a la posteridad las componentes de aquel transporte, a Feliciana le fue adjudicada el nº 31734 - fue muy alta puesto que seis meses después de su llegada a Birkenau, de las 230 mujeres solamente seguían con vida 57. Entre las fallecidas en Auschwitz se encontraban su compañera de resistencia, Paula Trapy, que murió por los malos tratos recibidos y también dos españolas, María Alonso[7] y Lucía Martos[8] que habían sido detenidas como resistentes y deportadas en aquel mismo convoy. 

Feliciana permaneció en Auswichtz hasta el 4 de agosto de 1944, momento en que fue transferida, junto a varias compañeras al campo de Ravensbruck[9]. No sería éste su último destino puesto que, ante el avance de las tropas soviéticas, los nazis evacuaron el campo de las mujeres y durante los primeros días de marzo de 1945 trasladaron unas 2.500 prisioneras a Mauthausen entre las que viajaban Feliciana y aquella treintena de compañeras. Llegaron a la estación por la noche e hicieron el camino hasta el campo aterrorizadas en medio de la oscuridad: La columna se puso en marcha. Las que se encontraban mejor sostenían a las demás; subimos lentamente, a través de la nieve que crujía bajo nuestros pies. Arriba en el cielo, en el horizonte, veíamos brillar un gran resplandor: llamas. Durante seis kilómetros caminamos atraídas por esas llamas y seguimos andando. De pronto sonó un chasquido en la noche, luego otro y otros. Nos apretábamos un poco más, sosteniendo con más fuerza a las enfermas. Instintivamente comprendimos que las que caían no se levantarían ya más: un revólver SS acababa con ellas”[10].  El día 7 de marzo fueron registradas en el campo austriaco y a Feliciana le correspondió la matrícula 1285.

Varios republicanos españoles, supervivientes de Mauthausen, han narrado la llegada de este convoy de mujeres dando testimonio de su  presencia. Mariano Constante[11] decía que la mayoría de las recién llegadas francesas y belgas “pero entre ellas había varias españolas”  y fue gracias a la aportación de Josep Bailina[12] que sus nombres pudieron ser recogidos en el libro que Montserrat  Roig[13] dedicó a los catalanes deportados a los campos nazis: Carlota García, la mujer de Olaso… Angelina Martínez, Feliciana Bierge,  Herminia Martorell[14], Carmen Zapater, Rosita de Silva y  Alfonsina Bueno Vela[15], son algunas de aquellas mujeres que desataron la inmediata solidaridad de los internos para protegerlas desde el mismo momento de su entrada en el campo y cuya presencia -durante las pocas semanas que coincidieron en Mauthausen- quedó permanentemente grabada en su memoria. Estas prisioneras  permanecieron en Mauthausen hasta el 22 de abril, fecha en que las autoridades del campo entregaron un grupo de deportados y deportadas de origen francés a la Cruz Roja Internacional,  organismo encargado de su repatriación a Francia por Suiza. Una operación que se realizaba de forma paralela a la que tenía lugar en Ravensbruck, donde una decena de compañeras también fueron liberadas, por aquel mismo organismo, durante aquellos días.


Feliciana tuvo la fortuna de ser una de las 49 supervivientes de aquellas 230 resistentes que salieron la madrugada del 24 de enero de 1943 hacia un infierno donde encontraron desprecio, humillación, trabajo esclavo, desconsuelo y muerte pero también camaradería y solidaridad. Su historia de desvanece en el anonimato y a su breve biografía sólo podemos añadir que pudo rehacer su vida en Burdeos, se casó posteriormente, en segundas nupcias, pasando  a llamarse Mme. Labrugère y pudo testimoniar tanto su actuación en la resistencia como su experiencia en los campos nazis. Falleció el 11 enero de 1996 a los 81 años de edad.


[1] Salvo alguna actualización, el contenido básico de este texto fue publicado en  Juan M. Calvo Gascón: “Feliciana Bierge” en Who resisted. Biographies of Resistance Fighters from entire Europe in the Mauthausen Concentration Camp. Viena, Ed. Mauthausen. 2008, pp. 222-223.
[2] http://www.memoire-vive.net/spip.php?article102 (consulta realizada en diciembre de 2007)
[3] Sobre la identificación y errores en la filiación de Feliciana: Juan M. Calvo Gascón: Itinerarios  e identidades. Republicanos aragoneses deportados a los campos nazis. Gobierno de Aragón, Zaragoza, 2011.
[4] B. Bermejo y S.Checa : Libro Memorial. Españoles Deportados a los campos nazis. Madrid, Ministerio de Cultura, 2006, p.155.
[5] http://www.fusilles-souge.asso.fr/.
[6] Charlotte Delbó, superviviente de aquel transporte ha escrito varias obras de gran calidad literaria, dando testimonio del  sufrimiento de este grupo de mujeres resistentes. V.:   Le Convoi du 24 janvier. Editions de Minuit, París, 1966
[7] María Alonso nació el 20 de agosto de 1910 en Santa Fe de Mondujar (Almería). Enfermera de profesión, residía en Francia y formó parte del  “réseau des postiers” cuyos miembros fueron mayoritariamente fusilados o deportados. María a quien se le adjudicó el nº 31778, falleció en Auschwitz el 27 de febrero de 1943 tan sólo un mes después de su ingreso.
[8] Luz Higinia Goñi Ayestarán. Nació en Cirauqui (Navarra)  el 11 de enero de 1906. En 1932 fue a París y trabajó en varias casas. En 1934 se casó con José Martos. Ambos colaboraron con la resistencia durante la ocupación nazi. Luz fue detenida en 1941 y fue encarcelada en la prisión de La Sante y en el castillo de Romainville. Falleció en  Auschwitz (nº 31696)  el 1 de mayo de  1943. V.: http://www.diariodenavarra.es/especiales/holocausto/.
[9] http://monument-mauthausen.org/Feliciana_BIERGE.html?var_recherche=bierge. En la consulta, realizada en diciembre de 2011, constatamos que figura como lugar de nacimiento “Baraco-Avila, Espagne”
[10] Testimonio colectivo de varias deportadas francesas recogido por  C. Bernadac: Comando de mujeres. Ed. Grijalbo. Barcelona, 1976 (pág. 191 y stes.)
[11] M. Constante nació en Capdeaso (Huesca) en 1920. Combatiente republicano, fue deportado a Mauthausen (4584) en abril de 1941. Miembro de la organización clandestina de  los comunistas españoles. Tras la liberación publicó  varios libros dando testimonio de su paso por Mauthausen. Falleció en Montpelier el 20 de enero de 2010. V.: Los años Rojos. Españoles en Mauthausen. Ed. Martínez Roca. Barcelona, 1974 (pág.169 y stes.)
[12] J. Bailina nació en Santpedor (Barcelona) en 1911. Oficial de ejército republicano, fue deportado  a Mauthausen en abril de 1941 (4971). Tras su liberación residió en Paris donde falleció en 1984.
[13] M. Roig: Els catalans als camps nazis. Ed. 62. Barcelona.2003, pp. 423-425.
[14] Zaragoza, (5/11/1903). Resistente, fue internada en las prisiones de Aix-la-Chapelle y en el Fort de Romainville. Deportada a Ravensbruck el 16 de marzo de 1944 (nº 31963) de donde fue transferida a Mauthausen el 7 de marzo de 1945 (nº 2196). Fue liberada por la Cruz Roja y repatriada a Francia. Falleció en abril de 1981.
[15]El padre, el hermano y el esposo de Alfonsina Bueno habían sido deportados a Mauthausen en abril de 1944. Especialmente emotivo fue el encuentro de Alfonsina con  su esposo, el dirigente anarquista, Josep Esther (64553), siendo liberados ambos por la Cruz Roja Internacional.  Su padre había muerto gaseado en agosto de 1944 y su hermano fue liberado en mayo de 1945. V: Juan M. Calvo Gascón, Op. cit., pp. 96-99.

viernes, 23 de diciembre de 2011

EMILIO PERUGA PEY: nueva incorporación a la lista de aragoneses deportados

Consultando, una vez más, las Bases de Datos existentes sobre la deportación republicana, en este caso, siguiendo la pista a los republicanos muertos en el kommando de Steyr, encontré una doble filiación del republicano Emilio Peruga Puy. Figura como nacido en Tárrega (Lérida) en los listados elaborados por los españoles supervivientes de Mauthuaen,  en el libro de Montserrat Roig “Els catalans als camps nazis” , en el Livre Memorial editado en Francia en 2004, en la web de la  Fondation pour la Memoire de la Deportation (http://www.bddm.org/) y en el libro “Memorial Español”, editado por el Ministerio de Cultura en 2005.  Pero en el listado publicado en el Journal Officiel de la République Française, nº 57 de 8 de marzo de 1997, página 3648, aparece como nacido el 21 de marzo de 1902 en Santalecina, una entidad local que forma parte, actualmente, del Ayuntamiento de San Miguel del Cinca.
En el mencionado listado elaborado por los supervivientes republicanos, en los días posteriores a la liberación de Mauthausen,  constaba como pariente de Emilio el nombre de su padre, Jacinto Peruga Carmen, que residía en Barbastro. Una consulta realizada, a principios de diciembre de este año, al portal de Documentos y Archivos  de Aragón (http://servicios3.aragon.es/opac/app/simple) me llevó al “Expediente de Responsabilidades Políticas” (Archivo Histórico Provincial de Huesca, J-5657/4204) abierto en 1942 a un tal Joaquín Peruga Carmen, de Santalecina quien suponemos era un tío de Emilio. Todo parecía confluir para dar como válida la filiación otorgada por  el Diario Oficial francés que se ha visto ratificada con  la respuesta del ayuntamiento de San Miguel,  a la consulta realizada por correo electrónico, desde donde nos han confirmado el nacimiento de Emilio en esta localidad el día 22 de marzo de 1902.

Una vez comprobado la filiación aragonesa de Emilio Peruga Puy, se va cumpliendo lo que ya dije en el libro “Itinerarios e Identidades. Republicanos aragoneses deportados a los campos nazis” cuando señalaba que el listado publicado en el CD que se adjunta al libro, era incompleto, otros nombres se irán incorporando y de otras víctimas nunca sabremos su “identidad” por haber desaparecido la documentación que nos la podía dar a conocer.

Stalag X-B en Sandbostel
Podemos pensar que Emilio emigró a Tárrega por razones laborales y allí le sorprendiese la Guerra. Desconocemos todo sobre él, sólo el itinerario que registraron sus compañeros supervivientes: detenido por los alemanes fue internado en el stalag X-B en Sandbostel (nº 82676) de donde fue deportado a Mauthasuen, en un convoy formado por unos 250 republicanos, el 3 de marzo de 1941 adjudicándosele la matrícula 3622. Posteriormente fue destinado al kommando Steyr  junto a un grupo de republicanos, cuya misión consistía en realizar trabajos en régimen de esclavitud, en diferentes instalaciones industriales ubicadas en esta localidad situada al sur de Mauthausen. Los testimonios conservados de los supervivientes que estuvieron destinados en Steyr, coinciden en señalar la extrema dureza del trato recibido y de las insuficiencias alimentarias y sanitarias a las que fueron sometidos los internos. Emilio fallecía en este kommando el 16 de febrero de 1943.

lunes, 7 de noviembre de 2011

INDENTIDADES: Carta de Dámaso Ibarz Arellano.


Dámaso Ibarz. Foto: "Los cerdos del comandante"
Dámaso Ibarz Arellano (Damaset ) había nacido en Fraga (17/05/1915) y su trayectoria  vital ha sido una de las que han quedado recogidas en el libro Itinerarios e identidades. Republicanos aragoneses deportados a los campos nazis. (págs. 233-235).  Ingresó en Mauthausen el 25/01/1941 donde permaneció hasta su liberación en mayo de 1945. Tras su liberación, Dámaso, remitió una carta a su familia, en Fraga, donde transmitía a los suyos unas breves pero sinceras e impresionantes palabras sobre el infierno vivido durante su estancia en el campo austriaco

Su hermana María asistió a la presentación del libro, el pasado jueves 5 de noviembre, y recordó anécdotas vividas en Fraga durante la Guerra Civil y aspectos relacionados a la experiencia de su hermano Dámaso,  a su fallecimiento en el exilio francés (17/01/1976) y a su entierro vestido, según su expreso deseo, con el traje de prisionero que había conservado tras su liberación en Mauthausen. Y también, cómo no, vino a la memoria de todos aquella carta -fechada una semana después de la liberación- y  cuyo contenido se puede conocer en el siguiente vídeo que hemos encontrado en internet.