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sábado, 12 de abril de 2014

11 DE ABRIL: Aniversario de la liberación de Buchenwald

Este campo nazi entró en funcionamiento en julio de 1937 y, en un principio, su finalidad fue la de acoger presos comunes. Se ubicó en las cercanías de la ciudad de Weimar junto a la cantera de Ettersberg, conservando, en su interior, el roble de Goethe en homenaje del autor mitificado por los nazis. A finales de año albergaba unos 2.500 internos que llegarían a 10.000 un año más tarde.
Vista del campo de Buchenwald (1945)
 A partir del inicio de la Segunda Guerra Mundial, el campo se internacionalizó con la llegada de prisioneros de guerra de diferentes nacionalidades: checos, polacos, franceses.... Tras la invasión de la URSS muchos prisioneros, procedentes de la Unión Soviética, fueron deportados a Buchenwald. A partir de 1943, los alemanes vaciaron las prisiones francesas y los internos resistentes fueron deportados a Alemania para ser destinados a realizar trabajos forzados en las instalaciones industriales de los campos. A Buchenwald llegaron varios grandes transportes que partían, principalmente, de Compiègne  y, entre estos deportados –la mayor parte de ellos de nacionalidad francesa- se encontraban algo más de 500 republicanos españoles.

Republicanos deportados a Buchenwald

Primer destino
De otros campos
Total
Liberados (11-4-45)
Republicanos
532
103
635
338
Aragoneses
45
12
57
24







Prisioneros en el barracón (1945)
 Pero el trabajo esclavo no sólo tenía lugar en el interior del campo.  Como en la mayoría de los casos, del campo de Buchenwald dependían un número importante de kommandos externos: algo más de 130, repartidos por una amplia zona de Alemania,  donde los deportados realizaban su trabajo esclavo, la mayor parte de las ocasiones, en unas condiciones infernales. Entre estos  kommandos  externos cabe destacar el de Dora  donde la mortalidad de los prisioneros fue muy elevada por las extremas condiciones que sufrieron, miles de deportados, en la construcción de los túneles que albergaba una fábrica de armas.

A finales de 1944, ante el avance de las tropas aliadas, los SS ordenaron la evacuación de los campos situados cerca del frente y miles de internos fueron obligados a emprender las conocidas “marchas de la muerte” hacia otros campos situados en el interior de Alemania. Estas “marchas” supusieron la muerte de unos 30,000 internos.

Soldados americanos entrando en el campo (abril 1945)
La resistencia interna del campo pudo hacerse con el control del campo, ante el abandono que se produjo, y fueron los propios prisioneros quienes lo liberaron el 11 de abril de 1945 momentos antes de la llegada de las tropas americanas. En su interior aún permanecían unos 21.000 prisioneros, algunos de los cuales fallecieron en las siguientes jornadas a pesar del hospital de campaña organizado por las tropas americanas.

Algunos de los prisioneros que habían sido evacuados fueron liberados en las jornadas siguientes. A veces, los prisioneros, eran abandonados por sus guardianes, en otras conseguían escaparse y permanecer escondidos hasta contactar con las tropas aliadas. Otros muchos, alrededor de unos 30.000 fueron asesinados o murieron exhaustos durante las”marchas”. Fermín Casorrán, había sido evacuado y en sus memorias recordaba el momento de su liberación, el 16 de abril de 1945, con estas palabras:

"El día de nuestra liberación yo no cesaba de decir “¡Ya estamos libres!” y lloraba de alegría y  decía “¡Viva la libertad!” y un soldado americano que hablaba español me abrazó varias veces y me dijo lo siguiente: “que vivas muchos años y acuérdate siempre de nosotros”.

Memorial: monumento a las víctimas.
A lo largo de los siete años de funcionamiento albergó unos 250.000 prisioneros de los cuales hallaron la muerte unos 56.000. En la actualidad el campo de Buchenwald, se ha convertido en un moderno Memorial con un completo servicio pedagógico, preparado para acoger grupos de estudiantes, e instalaciones adecuadas -albergue,  espacios de estudio, maquinaria y talleres-  para  conocer y reflexionar sobre la vida y la muerte de los prisioneros internos en el campo.

Para saber más:

GARRIGA, Marcel·li: Un vilanoví a Buchenwald. Vilanova i la Geltrú. Amical de Mauthausen y Ed. Aldana, 2008.
GIMÉNO, Edmon: Buchenwald, Dora, Bergen-Belsen. Vivències d’un deportat. Barcelona, Amical de Mauthausen, 2007.
SEMPRÚN, Jorge: Viviré con su nombre, morirá con el suyo. Barcelona, Tusquets, 2002.
SEMPRÚN, Jorge: El último viaje. Barcelona, Planeta, 2000.

sábado, 29 de marzo de 2014

75 AÑOS DEL EXILIO REPUBLICANO: Fermín Casorrán Clavería

Fermín Casorrán Clavería
Al finalizar la Guerra de España, Fermín se encontraba prisionero en el campo de “El Toro”, en la provincia de Castellón. Hacinados, miles de republicanos esperaban temerosos las decisiones de las autoridades militares franquistas que les habían derrotado en el campo de batalla. Fermín Casorrán consiguió un salvoconducto para regresar a Albalate del Arzobispo (Teruel), localidad donde había nacido en octubre de 1910 y lugar de residencia familiar. Junto a tres compañeros, cogió un tren de carga y - conociendo la represión de los fascistas sobre quienes habían luchado contra Franco o habían mostrado su simpatía por la República y el frente Popular- en Zaragoza cambió de idea y tomó la determinación de dirigirse hacia Francia en busca de una seguridad que no tenía asegurada si decidía regresar a Albalate.

Viajó clandestinamente en tren hasta Barcelona y Gerona. Siguió hacia la frontera temiendo ser descubierto por la Guardia Civil o por alguna de las unidades militares que patrullaban la zona. Afortunadamente encontró varias personas que, asumiendo grandes riesgos, le ayudaron con comida o indicándole los caminos más seguros. Éste el relato del camino recorrido por Fermín, durante las últimas jornadas, hacia las anheladas tierras de la Francia republicana:

Me marché al centro de Gerona y a una mujer le pregunté: “¿dónde salen los autobuses para Olot?”, a lo que me respondió: “continúe esta calle y en la plaza están los autobuses para todas las direcciones”....un empleado me dijo: “¡monte aquí, militar!”, yo quise pagar, pues tenía 8 pesetas que me dio mi tío en Zaragoza y me respondió: “¡Gracias! Los militares no pagan nada”. Montamos tres jóvenes y una muchacha y nos cubrimos con el toldo que protegía las maletas ¡Toda la mañana estuvo lloviendo!. 


Masía ubicada en las montañas de Camprodón (Girona)
Llegamos a Olot, en el garaje había un hombre con una gorra  y yo, creyendo que era un alguacil, salí del garaje lloviendo y cogí la carretera en dirección de Bac. Vi una casa pequeña de campo y me dirigí hacia ella. El hombre que vivía con su mujer vino hacia mí y me dijo que ya me había visto antes de llegar: “Aquí puedes estar tranquilo, a mi hermano los fascistas lo tienen en la cárcel de Gerona”. Yo le dije  que estaba con permiso y que tenía que ir a Camprodón y me contestó: “¡di lo que quieras!, mañana por la mañana te indicaré el camino”. Al día siguiente me señaló una montaña y me dijo: “después de bajarla, al otro lado de la carretera, hay una casa donde puedes ir con confianza, que te acogerá y te dirá el camino a seguir”.

Llegué cerca de Camprodón, seguí por un valle y encontré varias armas rotas del ejército republicano. Más adelante me crucé en el camino con una joven que había visto en una casa donde había descansado por la noche y que venía de hacer contrabando, seguramente, del primer pueblo francés a donde fui a parar. Me saludó y me dio media pastilla de chocolate. Tengo que decir que las personas que viven en estas casas del Pirineo están acostumbradas a los que se marchan de España y a los que abandonan Francia para entrar en España. 
Lamanere (Francia)

El primer pueblo francés que entré se llamaba Lamanere; cené en una casa que hacía tienda y comidas; allí cené al lado de un Gendarme que estaba en pensión y entre el catalán, francés y español le hice comprender que me marchaba de España por ser republicano. Me dijo que me presentara en la Gendarmería y me darían un Laisse-passer (salvoconducto) para ir donde había miles de españoles. La cena me la pagó una mujer que también venía a Francia y que tenía una hija enferma en un barco a Marsella donde había varios heridos españoles. Con este papel de Laisser-passer, me dejaron libre. La primera noche después de cenar me llevaron a un hangar lleno de hierba seca con otro español que hacía de guía y llevó a este pueblo a la mujer que me pagó la cena. Andando por la carretera llegué a un pueblo grande, fui a la gendarmería y un gendarme con un gran bigote, puso el cuño de la gendarmería de éste pueblo y me dejó libre para ir a donde estaban varios españoles.


Campo de Barcarés (Francia)
Aunque en su testimonio no señala las fechas, debió cruzar la frontera durante los primeros días del mes de mayo. Y tras ser atendido por la gendarmería fue conducido, en primer lugar, al campo de Argelés-sur-Mer e inmediatamente al de Sant Cyprien. Cuatro meses después lo trasladaron al campo de Barcarés y el 23 de septiembre salió alistado en la 43ª Compañía de  Trabajadores Extranjeros.

Fermín Casorrán fue detenido por los alemanes durante los primeros días de julio de 1940, internado en un campo de prisioneros de guerra (stalag IX B) y deportado a Mauthausen en enero de 1942, posteriormente fue trasladado a Dachau y Buchenwald de donde fue liberado en abril de 1945. Tras la liberación se estableció definitivamente en Francia en un largo exilio que duró hasta su fallecimiento, ocurrido en marzo de 2009.

lunes, 6 de enero de 2014

EDMON GIMENO FONT. Una vida plena de dignidad.


Presentando sus memorias en Ejulve. Agosto de 2007
El nuevo año ha empezado, implacable, llevándose a una persona que transmitía bondad y prudencia en cada uno de los muchos momentos que hemos compartido en los últimos años. Me refiero a Edmon Gimeno Font un amigo que superó, sin odio ni rencor, una historia personal truncada, en plena niñez, como consecuencia de los acontecimientos históricos que vivió. Acababa de cumplir 13 años cuando se produjo el golpe de estado que desencadenó la Guerra de España. En la primavera de 1938, cuando se rompió el frente de Aragón y las tropas franquistas avanzaban sin tregua hacia las tierras del Ebro, toda la familia salió de su Caseres natal –una pequeña población catalana, lindante con las tierras del Matarraña turolense- para buscar refugio en las cercanías de Barcelona. Unos meses más tarde se vieron forzados a salir al exilio y, en Francia, tras pasar por los campos de refugiados junto a miles de republicanos exiliados, pudo reagruparse la familia. 
 

Con la invasión alemana, los Gimeno dieron cobijo y alimento a los resistentes, lo que acarreó consecuencias terribles para Edmon. A finales de 1943 fue detenido por la policía fascista de Vichy y entregado a los nazis, quienes lo alistaron en la TODT, una organización de trabajo obligatorio que esclavizó a millares de ciudadanos europeos. Edmon intentó fugarse y por ello fue trasladado al campo de Compiegne, desde donde fue deportado al de Buchenwald el 27 de enero de 1944. En su testimonio ha explicado la crueldad sufrida durante el trayecto cuando, el centenar de prisioneros de su vagón, fueron obligados a desnudarse, en medio de la noche,  bajo una temperatura que alcanzaría los 10 grados bajo cero y seguir, así, su camino hasta el campo alemán. Ese no sería el peor suplicio al que se vio sometido Edmon, pocas semanas después fue trasladado al campo de Dora donde, en aquellos infernales túneles, padeció las aberrantes condiciones de trabajo que causaron miles de muertos. Vivió en sus propias carnes el trato cruel, las amenazas, asistió horrorizado a las matanzas de prisioneros y también veía, con esperanza, sobrevolar los bombarderos aliados que auguraban una futura e incierta libertad. Trasladado, en abril de 1945, a Bergen-Belsen vivió rodeado por la muerte cotidiana de quienes, enfermos y hambrientos, no pudieron soportar la epidemia de tifus que asolaba el campo. De entre aquellas víctimas inocentes Edmon recordaba, casi en un susurro, la imborrable impresión de las miradas extraviadas de aquellos niños famélicos y enfermos que esperaban la llegada inevitable de una muerte prematura,…

Llegó el día de la libertad y Edmon fue repatriado a Francia en camión. Durante el recorrido conoció, sobre el terreno, la inmensidad de la destrucción ocasionada por la guerra. Tras un largo viaje se reunió con la familia en Perpiñan, pero tuvo que pasar una larga temporada en un hospital para recuperarse del precario estado de salud en que se encontraba, como consecuencia directa de estancia en los campos alemanes. Reanudo sus estudios y regresó a España en 1951, convalidando su licenciatura de Geografía en la Universidad de Zaragoza. La familia tuvo que seguir separada: los padres vivieron en Montpelier y los hermanos Gimeno Font se siguieron en Barcelona, ciudad en la que Edmon desarrolló su labor profesional dando clases en diferentes academias privadas  y, a partir de 1966, como redactor en una editorial.

En Mauthausen ante el monumento a los republicanos.

Edmon contactó con los impulsores de la Amical de Mauthausen, cuyas primeras gestiones las realizaron en 1962 un grupo de supervivientes que habían regresado a España. Ofreció su disponibilidad para colaborar y, de esa forma, intentar que se les reconocieran sus derechos como víctimas del nazismo. Con exquisita prudencia participó de la vida asociativa y durante la última década su experiencia personal y su testimonio es cuando han adquirido mayor notoriedad. A ello ha contribuido, por una parte, su capacidad para narrar los acontecimientos de su vida en unas memorias que redactó personalmente y que fueron publicadas por la Amical de Mauthausen, en 2007, bajo el título “Buchenwald, Dora, Bergen-Belsen. Vivències d'un deportat” y, por otra, su participación en los numerosos encuentros con estudiantes, ya sea en los viajes en los que ha participado junto a la Amical para homenajear a las víctimas republicanas en el campo de Mauthausem, o en la sede de la propia asociación; también mediante su participación en numerosos actos de carácter oficial, en las presentaciones que se han hechos de sus memorias, en las entrevistas a la prensa,… 

La sentida y emocionada despedida de los amigos y familiares el pasado día 3, en el pequeño cementerio de Caseres, cerraron el ciclo vital de un hombre prudente y bueno que supo superar, sin amargura, con humildad y dignidad, la injusticia de su sufrimiento en los años de juventud. Jamás entendió cómo en el corazón de la Europa más civilizada pudo desencadenarse tal estado de terror. Con su desaparición, se hace más evidente la orfandad en la que nos quedamos, puesto que Edmon era uno de los últimos republicanos deportados a los campos nazis que todavía podían dar testimonio de aquella experiencia personal y colectiva. Como miembro de la asociación a la que Edmon dedicó una buena parte de su vida, asumo plenamente la declaración de la entidad cuando ayer mismo decía que su ejemplo constituye “un legado que nos reafirma en el compromiso de seguir manteniendo los principios de justicia y libertad por los que él, y tantos millones de ciudadanos europeos, fueron perseguidos, esclavizados, asesinados o deportados a los campos de la muerte, durante aquella década en la que parecía inevitable el dominio absoluto del Reich.”

sábado, 1 de junio de 2013

FELICIANO GRACIA ZALAYA: de Gallur a Buchenwald


Feliciano Gracia Zalaya. Foto: Heraldo de Aragón
Ante la provocación en la que incurrió la delegada del gobierno en Cataluña, al entregar un diploma a los ex-combatientes de la División Azul, recordé a Feliciano Gracia Zalaya. En varias de sus cartas, dirigidas a los fundadores de la Amical de Mauthasen, se quejaba amargamente al comparar los derechos reconocidos a los miembros de la División Azul, con la situación de desamparo que tenían las víctimas del nazismo. En una de ellas, fechada en marzo de 1966, decía:no tienen en consideración nuestros sufrimientos en los campos de concentración  Hitlerianos , en los cuales hemos quedado tarados físicamente, y como digo han considerado y les indemnizaron a los componentes de la División Azul, que fueron voluntarios. A nosotros nos llevaron en vagones de carga, deportados a campos de la muerte, nos tienen menos consideración moral y material, es un escarnio a nuestra dignidad...”


Y me ha parecido oportuno recordar a Feliciano, un campesino de la ribera del Ebro, que supo vivir con humildad y dignidad y que veló para que la memoria de la deportación no se perdiese con el paso del tiempo. 

El texto biográfico que sigue corresponde al publicado en: Juan M. CALVO GASCÓN (2008) “Feliciano Gracia Zalaya” en Who resisted. Biographies of Resistance Fighters from entire Europe in the Mauthausen Concentration Camp. Viena, Ed.Mauthausen, pp. 401 a 404.

FELICIANO GRACIA ZALAYA:  agricultor de memoria y dignidad

Una placa, en la biblioteca pública de Gallur (Zaragoza),
 recuerda  el cariño de sus vecinos al darle su nombre a esta institución cultural.

Feliciano nació en esta localidad zaragozana el 3 de mayo de 1916 y su juventud estuvo ligada a la ideología socialista, cuyo sindicato, la Unión General de Trabajadores, estaba fuertemente implantado en la comarca debido a la presencia de una importante industria harinera. Ocupó cargos de responsabilidad en las Juventudes Socialistas figurando, en 1936, como secretario de la agrupación local  y tesorero de su Junta directiva.

Gallur, tras el golpe de estado que desembocó en la guerra civil, quedó en manos de los fascistas sublevados, iniciándose una dura represión contra quienes se habían significado por su republicanismo progresista. Feliciano consiguió evadirse a la zona leal al gobierno de la República, lo que le llevó, como a otros millares de combatientes, al exilio.

Cruzó la frontera francesa el 2 de febrero de 1939, siendo confinado en el campo de  Argeles-sur-Mer y, posteriormente,  formó parte de la 187ª CTE hasta la ocupación alemana. Colaborador con la resistencia contra los nazis, su detención la resumía con las siguientes palabras: Yo pertenecía a la resistencia a réseau de Fumel (Lot et Garonne) en el año 1942, 2 de noviembre, fui cogido por la Huitieme Brigada Especial de Zuzech (Lot) fui trasladado a Saint Etienne de Toulouse, de dicho centro a la prisión militar Plaza Fusgole nº 2 de dicha capital, de allí a la prisión de San  Michel, siempre en Toulouse, en el año 1944 fui juzgado en dicha capital”[1].

Acusado como resistente fue encarcelado hasta que, a finales de julio de 1944, los alemanes decidieron evacuar los centros penitenciarios de Toulouse y deportar a buena parte de los internos a Alemania. Feliciano formó parte del convoy que, el 30 de julio, conduciría a 1.088 hombres -entre los que se hallaban unos ochenta republicanos españoles- a Buchenwald y  101 mujeres  a Ravensbruck.[2]. 

Ingresó en Buchenwald el 6 de agosto, asignándosele la matrícula 69.559 y unos años más tarde declaraba sobre su experiencia y la de sus compañeros en aquel campo nazi: “cuando entrabas al campo dejabas de ser un hombre te convertías en un número, te despojaban de tus ropas, te afeitaban como si fueras un animal y a partir de ahí ya no ocurría nada bueno, lo que importaba era sobrevivir para poder contarlo (...)apenas nos daban de comer, hacían raciones muy escasas para ver lo que podía resistir el cuerpo; lo cierto es que muchos murieron agotados, solo les quedaban los huesos y la piel (...) La gente estaba muy débil, se desplomaba cuando caminaba entre las calles que unían los distintos barracones, pues pasaban con carros y cogían los cuerpos como si fueran desperdicios[3].

A pesar de estas palabras que dejan bien patente el trato inhumano al que fueron sometidos quienes sufrieron la deportación, Feliciano era consciente de su suerte al haber obtenido un destino que le mantenía alejado de los trabajos más duros, pero denunciaba las condiciones de vida y reconocía la imprescindible solidaridad para sobrevivir: “Allí me tocó trabajar en la lavandería con montones de ropa que no sé si eran de muertos o de vivos; si el trato no te mataba lo hacía la comida, nos daban casi siempre caldo, salchichón sintético, que cada día tenía el gusto que el químico quería darle, un pedazo de pan de centeno y fécula de patata... de no tener a alguien fuera que te ayudase, proporcionándote ropas y cobijo; era imposible y si te cogían intentando escaparte ya sabías lo que te tocaba: ir a la horca acompañado por una orquesta formada por los propios internos. 

En varias de las cartas de Feliciano, conservadas en el archivo de la Amical española, encontramos referencias puntuales a su paso por Buchenwal que nos ayudan a conocer la penuria y los malos tratos a los que fue sometido durante su internamiento “allí fui golpeado, como todos, y me hicieron una herida en la cabeza, la cual me ha causado y me causa trastornos y muchas veces pérdida de memoria[4].

Feliciano permaneció en el campo hasta su liberación, siendo repatriado a Francia, al igual que la mayoría de republicanos supervivientes. Regresó a España en mayo de 1949, reiniciando su vida de agricultor y  afrontando las dificultades por su condición de “rojo republicano” en aquellos duros años de dictadura franquista,   teniendo que soportar los insultos que, en este sentido, le dirigió alguno de sus vecinos.

En 1963 se puso en contacto con los ex-deportados que desde  Barcelona  gestionaban la fundación de una asociación para agrupar a los supervivientes,  a las viudas y a los huérfanos de quienes habían hallado la muerte durante su deportación. En la primera carta a sus compañeros manifestaba su predisposición y entusiasmo con la idea: “...cual no es mi satisfacción y alegría al comprobar  que hemos podido reunirnos en una amicale de ex-deportados de Mauthausen, Komandos y demás campos de KL nazis, yo he estado en el campo de Buchenwald,  y sinceramente me adhiero a dicha amicale que, en  memoria y homenaje de tantos españoles muertos en el susodicho K.L. nazi, se ha creado o está en vías de constituirse oficialmente[5].

A partir de estos primeros tiempos del inicio de las actividades clandestinas de la Amical de Mauthausen, Feliciano participó activamente en varias reuniones y encuentros conmemorativos que se realizaban con enormes dificultades en la clandestinidad. El férreo control del régimen dictatorial franquista no iba a facilitar la labor de aquellos supervivientes cuya presencia y actividad asociativa evidenciaría su complicidad con la Alemania nazi. Desde su pueblo, puso en contacto a ex-deportados y familiares residentes en Aragón con los “gestores” de la  Amical con el objetivo de agruparlos y de facilitarles la gestión de las indemnizaciones a que tenían derecho, preocupándose también de las familias de los fallecidos, con  dificultades económicas, para intentar paliar su situación.  

Muerto el dictador en 1975, la Amical española aún tuvo que esperar casi tres años a ser legalizada y poder desarrollar sus actividades con plenos derechos. La primera asamblea legal de la asociación se celebró el 7 de mayo de 1978 y al año siguiente Feliciano  fue elegido vocal de la Junta directiva.   Su participación y colaboración se mantuvo a lo largo de los años ostentando la representación de la asociación en Aragón, labor que compartió con Julio Casabona Marías (Mauthausen,  4515).  Ambos desarrollaron una importante labor en su región natal promoviendo reuniones, asambleas, homenajes, erección de monumentos,... con la clara intencionalidad de mantener viva la memoria de los republicanos aragoneses que habían encontrado la muerte en los campos nazis.

A lo largo de su vida Feliciano mostró un gran interés por la cultura lo que le llevó a donar  a la biblioteca pública de la localidad una variopinta muestra de literatura nacional e internacional, libros de historia universal, cuentos infantiles,...  Un año después de su muerte, ocurrida el 10 de mayo de 1997, el Ayuntamiento de Gallur puso el nombre de “Feliciano Gracia” a su biblioteca municipal “como reconocimiento a su persona ...cuya vida fue un ejemplo de lucha por las libertades y la democracia..

Al acto oficial que se celebro el día de San Jorge de 1998, una jornada de especial significado al coincidir la celebración del Día de Aragón con el Día del Libro, asistieron numerosos familiares y amigos de Feliciano entre los que se encontraba una representación de la Amical encabezada por Antonio Roig (Mauthausen, 5.722) quien glosó la figura de Feliciano como "un hombre de bien, generoso, que siempre estuvo dispuesto a trabajar por la paz"[6].

***
Feliciano Gracia fue un hombre sencillo que se vio arrastrado por los avatares de la historia europea por ser consecuente con sus ideales juveniles de justicia social. La ola de sinrazón que azotó la Europa de los años 40 le dio a conocer lo más execrable de la condición humana. Superviviente del horror, nunca olvidó las calamidades y las ultrajes padecidos. Desde su regreso a Gallur, en plena dictadura franquista, siguió trabajando como agricultor, con dignidad y esfuerzo, pero sin olvidarse del trato inhumano recibido en sus propias carnes y, menos aún, de los compañeros que padecieron deportación y muerte en los abominables campos nazis, dedicando tiempo, esfuerzo y trabajo, hasta su muerte, por mantener viva su memoria en pro de la Paz y de los Derechos Humanos.



[1] Archivo Histórico Amical de Mauthausen (A.H.A.M.): Feliciano Gracia. Carta  9-5-1966
[2] Fondation pour la Mémoire de la Déportation: Llivre-Memorial des déportés de France.... tome. II. Ed. Thiresias. París, 204 (pág. 1.382)
[3] Una solitaria lucha contra el olvido. Heraldo de Aragón, 5-2-1995. Declaraciones recogidas en este diario regional con motivo de la recaudación de fondos para asistir a los actos de homenaje del 50 aniversario de la liberación de los campos. 
[4] A.H.A.M.: op cit. 20-7-1970
[5] A.H.A.M. op. cit: 5-4-63.
[6] Gallur. Revista local, nº. 14. Marzo-Abril 1998.