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sábado, 13 de julio de 2013

"La bibliotecaria de Auschwitz" de Antonio G. Iturbe

Acabo de leer “La bibliotecaria de Auschwitz, un  libro del escritor Antonio G. Iturbe –zaragozano afincado, desde niño, en Barcelona-  en el que narra la vida novelada de Dita Dorachova (Kraus en la actualidad) que fue deportada, junto a su familia y otros miles de judíos checos, desde la ciudad de Praga a Terezin. Posteriormente fueron trasladados a Auschwitz donde Dita participó, con 14 años, en una experiencia inaudita: la colaboración en una escuela clandestina, para varios centenares de niños que se hallaban en el barracón 31 del llamado “campo familiar”. Ella era la encargada de la bibliotecaformada por unos pocos libros conseguidos gracias a la osadía de varios deportados que lograron  ocultarlos. 

El libro de Iturbe reconstruye el mundo sórdido de la deportación, el sufrimiento, la enfermedad, la incertidumbre ante el futuro más inmediato, la desconfianza, la envidia, la muerte,… pero también recoge momentos en los que hubo destellos de amor, de resistencia, de dignidad  y de esperanza en superar lo que parecía imposible de soportar. 

Dita, se había creado un álbum fotográfico mental mediante el cual podemos conocer retazos de su infancia pequeñoburguesa en la ciudad de Praga. Una infancia que se le rompió con la invasión de los alemanes y la implantación de las políticas segregacionistas, que acabaron con una comunidad judía milenaria, con las ilusiones de millares de personas y la muerte de la mayoría  de ellas en Auschwitz.

La biblioteca más pequeña del mundo, con poco más de media docena de ejemplares, se convierte en algo más que un símbolo de lucha por la dignidad de las personas y de su propia supervivencia. Como bien se dice en el libro, la lectura y los libros, no salvan vidas pero sin libros se pierde la humanidad.
Jorge Semprún defendía que sólo desde la literatura se podría hacer una aproximación a algunos de los aspectos del horror vivido y sufrido por los internos en los campos de la muerte.  Antonio G. Iturbide lo ha conseguido y ha logrado una excelente obra donde la experiencia novelada de Dita, se complementa con un planteamiento literario que mantiene la pulsión de la protagonista y la emoción hasta las últimas líneas del texto.

Enlaces:


Dos enlaces con el blog de Antón Castro, que fue quien me recomendó el libro:











martes, 10 de enero de 2012

FELICIANA PINTOS NAVAS: superviviente de Auschwitz, Ravensbruck y Mauthausen. [1]

Feliciana Pintos Navas. Museo Nacional de Auschwitz
A partir de su localización en una página web dedicada a quienes fueron deportados, por razones políticas, desde Francia a Auschwitz[2], conocimos  unos breves retazos de la vida de esta española, resistente durante la Segunda Guerra Mundial, que conoció la experiencia de la deportación a los campos nazis, en un itinerario que le llevó primero a Auschwitz (Polonia), posteriormente a Ravensbruck (Alemania) y por último a Mauthausen (Austria).

El origen de Felicienne Bierge, la única deportada española superviviente del campo de Auschwitz, parecía confuso. Ahora sabemos -gracias a la amabilidad del responsable del Registro Civil-  que Feliciana, hija de Justo Pinto Calvo y Eugenia Navas Muñoz,  nació el 9 de junio de 1914 en El Barraco, en la provincia de Ávila[3] y no en la localidad zaragozana de Marracos como figura en el Libro Memorial Español[4] publicado en 2005. Entre 1920 y 1921 la familia, compuesta por el matrimonio y ocho hijos, emigró a Francia instalándose en Burdeos. A los trece años comenzó a trabajar en una fábrica y fue en este ambiente donde entró en contacto con el movimiento obrero organizado.

En 1936 se casó con Joseph Raymond Bierge, un trabajador especialista de los astilleros de la Gironde. Ambos participaron en las luchas que tuvieron lugar entre 1935 y 1936 en el contexto de la formación del Frente Popular y en las masivas protestas reivindicativas que sucedieron a la formación del nuevo gobierno de izquierdas[5]. La decisión gubernamental de desarrollar la industria aeronáutica, con la apertura de una nueva factoría en Beglès, hizo que el matrimonio Bierge trasladase su residencia buscando las mejoras salariales que se ofrecían en este nuevo sector de la industria francesa. El matrimonio Bierge no fue indiferente al estallido de la Guerra Civil española y llevaron a cabo diferentes acciones solidarias con la población civil republicana, organizando colectas entre los obreros franceses para recabar dinero, ropa y alimentos imperecederos que fueron trasladados a España para intentar paliar el sufrimiento de los niños españoles afectados por la contienda. 


Militantes comunistas, tras la ocupación alemana se instalaron clandestinamente en la población de Villenave d'Ordon, en el sur de la periferia de Burdeos y su domicilio se  convirtió en un centro de reunión de los responsables de diferentes grupos de la resistencia y de difusión de propaganda, con la instalación de un par de imprentas de donde salían los periódicos y las octavillas que iban a parar a las redes clandestinas hacia las fábricas y poblaciones cercanas. Traicionados por un miembro de la organización, fueron detenidos en julio de 1943: Joseph fue arrestado el día 3 en su lugar de trabajo y,  tras un riguroso registro de su domicilio, Feliciana fue detenida, teniendo que dejar a su hijo Henry, de cuatro años, al cuidado de una vecina. Joseph sufrió torturas durante su encierro y  el 21 de septiembre, fue fusilado en el campamento de Sougue  a la edad de 30 años, en una jornada en que los alemanes acabaron con la vida de 70 resistentes. Feliciana fue juzgada y encarcelada en la prisión de Romainville desde donde un grupo de prisioneras, a principios de 1943,  fueron trasladadas a Compiègne para ser deportadas a Alemania.


En la fría y húmeda mañana del domingo 24 de enero de 1943 se formó el  que sería el único transporte con detenidas políticas francesas con destino a Auschwitz. El convoy estaba compuesto por más de 1.500 hombres procedentes del campo de Royallieu que habían llegado la noche anterior y ocupaban los vagones de cabeza, mientras que los cuatro últimos estaban reservados para un grupo de 230 mujeres resistentes. Los hombres fueron internados en el campo de Sachsenhausen y las mujeres, después de tres largos y penosos días de viaje, casi sin comida, sin agua y ateridas de frío, llegaron a un destino desconocido: los vagones se abrieron. Gritos, aullidos, órdenes incompresibles, perros, metralletas, golpes con las armas. Al borde de la vía, sin estación. El frío nos atravesaba ¿Dónde estábamos? Sólo lo supimos dos meses más tarde. Ciento cincuenta murieron sin saber que estaban en  Auschwitz[6]. La mortalidad entre el grupo “de las 31000” –denominación con la que  han pasado a la posteridad las componentes de aquel transporte, a Feliciana le fue adjudicada el nº 31734 - fue muy alta puesto que seis meses después de su llegada a Birkenau, de las 230 mujeres solamente seguían con vida 57. Entre las fallecidas en Auschwitz se encontraban su compañera de resistencia, Paula Trapy, que murió por los malos tratos recibidos y también dos españolas, María Alonso[7] y Lucía Martos[8] que habían sido detenidas como resistentes y deportadas en aquel mismo convoy. 

Feliciana permaneció en Auswichtz hasta el 4 de agosto de 1944, momento en que fue transferida, junto a varias compañeras al campo de Ravensbruck[9]. No sería éste su último destino puesto que, ante el avance de las tropas soviéticas, los nazis evacuaron el campo de las mujeres y durante los primeros días de marzo de 1945 trasladaron unas 2.500 prisioneras a Mauthausen entre las que viajaban Feliciana y aquella treintena de compañeras. Llegaron a la estación por la noche e hicieron el camino hasta el campo aterrorizadas en medio de la oscuridad: La columna se puso en marcha. Las que se encontraban mejor sostenían a las demás; subimos lentamente, a través de la nieve que crujía bajo nuestros pies. Arriba en el cielo, en el horizonte, veíamos brillar un gran resplandor: llamas. Durante seis kilómetros caminamos atraídas por esas llamas y seguimos andando. De pronto sonó un chasquido en la noche, luego otro y otros. Nos apretábamos un poco más, sosteniendo con más fuerza a las enfermas. Instintivamente comprendimos que las que caían no se levantarían ya más: un revólver SS acababa con ellas”[10]El día 7 de marzo fueron registradas en el campo austriaco y a Feliciana le correspondió la matrícula 1285.

Varios republicanos españoles, supervivientes de Mauthausen, han narrado la llegada de este convoy de mujeres dando testimonio de su  presencia. Mariano Constante[11] decía que la mayoría de las recién llegadas francesas y belgas “pero entre ellas había varias españolas”  y fue gracias a la aportación de Josep Bailina[12] que sus nombres pudieron ser recogidos en el libro que Montserrat  Roig[13] dedicó a los catalanes deportados a los campos nazis: Carlota García, la mujer de Olaso… Angelina Martínez, Feliciana Bierge,  Herminia Martorell[14], Carmen Zapater, Rosita de Silva y  Alfonsina Bueno Vela[15], son algunas de aquellas mujeres que desataron la inmediata solidaridad de los internos para protegerlas desde el mismo momento de su entrada en el campo y cuya presencia -durante las pocas semanas que coincidieron en Mauthausen- quedó permanentemente grabada en su memoria. Estas prisioneras  permanecieron en Mauthausen hasta el 22 de abril, fecha en que las autoridades del campo entregaron un grupo de deportados y deportadas de origen francés a la Cruz Roja Internacional,  organismo encargado de su repatriación a Francia por Suiza. Una operación que se realizaba de forma paralela a la que tenía lugar en Ravensbruck, donde una decena de compañeras también fueron liberadas, por aquel mismo organismo, durante aquellos días.


Feliciana tuvo la fortuna de ser una de las 49 supervivientes de aquellas 230 resistentes que salieron la madrugada del 24 de enero de 1943 hacia un infierno donde encontraron desprecio, humillación, trabajo esclavo, desconsuelo y muerte pero también camaradería y solidaridad. Su historia de desvanece en el anonimato y a su breve biografía sólo podemos añadir que pudo rehacer su vida en Burdeos, se casó posteriormente, en segundas nupcias, pasando  a llamarse Mme. Labrugère y pudo testimoniar tanto su actuación en la resistencia como su experiencia en los campos nazis. Falleció el 11 enero de 1996 a los 81 años de edad.


[1] Salvo alguna actualización, el contenido básico de este texto fue publicado en  Juan M. Calvo Gascón: “Feliciana Bierge” en Who resisted. Biographies of Resistance Fighters from entire Europe in the Mauthausen Concentration Camp. Viena, Ed. Mauthausen. 2008, pp. 222-223.
[2] http://www.memoire-vive.net/spip.php?article102 (consulta realizada en diciembre de 2007)
[3] Sobre la identificación y errores en la filiación de Feliciana: Juan M. Calvo Gascón: Itinerarios  e identidades. Republicanos aragoneses deportados a los campos nazis. Gobierno de Aragón, Zaragoza, 2011.
[4] B. Bermejo y S.Checa : Libro Memorial. Españoles Deportados a los campos nazis. Madrid, Ministerio de Cultura, 2006, p.155.
[5] http://www.fusilles-souge.asso.fr/.
[6] Charlotte Delbó, superviviente de aquel transporte ha escrito varias obras de gran calidad literaria, dando testimonio del  sufrimiento de este grupo de mujeres resistentes. V.:   Le Convoi du 24 janvier. Editions de Minuit, París, 1966
[7] María Alonso nació el 20 de agosto de 1910 en Santa Fe de Mondujar (Almería). Enfermera de profesión, residía en Francia y formó parte del  “réseau des postiers” cuyos miembros fueron mayoritariamente fusilados o deportados. María a quien se le adjudicó el nº 31778, falleció en Auschwitz el 27 de febrero de 1943 tan sólo un mes después de su ingreso.
[8] Luz Higinia Goñi Ayestarán. Nació en Cirauqui (Navarra)  el 11 de enero de 1906. En 1932 fue a París y trabajó en varias casas. En 1934 se casó con José Martos. Ambos colaboraron con la resistencia durante la ocupación nazi. Luz fue detenida en 1941 y fue encarcelada en la prisión de La Sante y en el castillo de Romainville. Falleció en  Auschwitz (nº 31696)  el 1 de mayo de  1943. V.: http://www.diariodenavarra.es/especiales/holocausto/.
[9] http://monument-mauthausen.org/Feliciana_BIERGE.html?var_recherche=bierge. En la consulta, realizada en diciembre de 2011, constatamos que figura como lugar de nacimiento “Baraco-Avila, Espagne”
[10] Testimonio colectivo de varias deportadas francesas recogido por  C. Bernadac: Comando de mujeres. Ed. Grijalbo. Barcelona, 1976 (pág. 191 y stes.)
[11] M. Constante nació en Capdeaso (Huesca) en 1920. Combatiente republicano, fue deportado a Mauthausen (4584) en abril de 1941. Miembro de la organización clandestina de  los comunistas españoles. Tras la liberación publicó  varios libros dando testimonio de su paso por Mauthausen. Falleció en Montpelier el 20 de enero de 2010. V.: Los años Rojos. Españoles en Mauthausen. Ed. Martínez Roca. Barcelona, 1974 (pág.169 y stes.)
[12] J. Bailina nació en Santpedor (Barcelona) en 1911. Oficial de ejército republicano, fue deportado  a Mauthausen en abril de 1941 (4971). Tras su liberación residió en Paris donde falleció en 1984.
[13] M. Roig: Els catalans als camps nazis. Ed. 62. Barcelona.2003, pp. 423-425.
[14] Zaragoza, (5/11/1903). Resistente, fue internada en las prisiones de Aix-la-Chapelle y en el Fort de Romainville. Deportada a Ravensbruck el 16 de marzo de 1944 (nº 31963) de donde fue transferida a Mauthausen el 7 de marzo de 1945 (nº 2196). Fue liberada por la Cruz Roja y repatriada a Francia. Falleció en abril de 1981.
[15]El padre, el hermano y el esposo de Alfonsina Bueno habían sido deportados a Mauthausen en abril de 1944. Especialmente emotivo fue el encuentro de Alfonsina con  su esposo, el dirigente anarquista, Josep Esther (64553), siendo liberados ambos por la Cruz Roja Internacional.  Su padre había muerto gaseado en agosto de 1944 y su hermano fue liberado en mayo de 1945. V: Juan M. Calvo Gascón, Op. cit., pp. 96-99.

sábado, 3 de septiembre de 2011

SAMUEL MODIANO: Testimonio de la deportación de los sefardíes de Rodas.

Vista de la ciudad de Rodas
Torno y digo, que va ser de mi
En tierra ajenas yo mi vo morir.
(Canción sefardí de Rodas)

Lo que prometía ser un interesante paseo turístico por la trama medieval de la bellísima ciudad de Rodas, en un caluroso y agobiante mediodía del mes de julio de 2007, acabó convirtiéndose en una experiencia de un gran valor ético e histórico para las catorce personas que, aquella mañana, habíamos decidido visitar la ciudad prescindiendo del  programa previsto por nuestra agencia de viajes.

Traspasadas las murallas que, desde el puerto moderno, dan acceso a la ciudad antigua visitamos, en primer lugar, una pequeña iglesia ortodoxa que nos sorprendió por su decoración extremadamente barroca. Seguidamente, huyendo del impersonal bullicio de la calle principal, nos desviamos, sofocados por el húmedo calor y acompañados permanentemente  por el irritante canto de las cigarras, hacia las estrechas callejuelas que conservan la original trama medieval de la ciudad.

Una de las personas de nuestro grupo propuso visitar la sinagoga que se  anunciaba en un pequeño cartel situado en una de las esquinas del cruce donde nos encontrábamos. Al pequeño templo hebreo, levantado en el siglo XVI, se accedía por un zaguán porticado que dejaba entrever el espacio interior dispuesto –según nos explicaron- siguiendo el tradicional estilo sefardí. El aspecto de la sinagoga, única abierta al culto en Rodas, evidenciaba una reciente y cuidada restauración.  Un amable señor, de edad ya avanzada pero que transmitía una gran vitalidad, se dirigió a nuestro grupo preguntándonos si éramos españoles al escuchar la continua mezcla del  catalán y del castellano que utilizábamos entre nosotros.

Interior de la Sinagoga
Ante nuestra respuesta positiva y por el interés que mostramos en visitar el templo, nos invitó a pasar, a cubrirnos respetuosamente la cabeza y a tomar asiento para descansar. Samuel Modiano, como así se presentó, se expresaba en un casi perfecto, pero  curioso castellano, similar al que habíamos oído en otras ocasiones a judíos sefarditas y, de una forma pausada, comenzó a explicarnos la historia de la comunidad judía de Rodas. Era descendiente de españoles, de una familia judía originaria de la ciudad de Toledo, que se vio obligada a abandonar su casa cuando, en 1492, los Reyes Católicos los expulsaron de España:  unos treinta años más tarde -nos explicaba- varios miles de judíos sefarditas, que se habían instalado en la Turquía continental solicitaron poder instalarse en Rodas y el gobernador turco, viendo que la diversidad de oficios artesanales y su preparación intelectual podría contribuir al bienestar y desarrollo de la isla, les autorizó a quedarse y crear la una judería en el interior de la ciudad. De esta forma, según las palabras de Samuel, se inició una etapa de más de 400 años de convivencia pacífica con los turcos que conllevaron un desarrollo próspero de la comunidad sefardí y el mantenimiento de su cultura propia: idioma, costumbres, canciones,.....

Todo empezó a cambiar tras el dominio  italiano de la isla de Rodas y sobre todo con la implantación de la política fascista de Mussolini, en la década de los treinta del siglo pasado: el importante colegio hebreo fue cerrado, se vieron obligados a estudiar en la escuela italiana y también fueron obligados a trabajar los sábados. Algunos miembros de la comunidad, viendo el panorama, decidieron emigrar hacia América o hacia otros países de la vieja Europa liberal y democrática. Pero lo peor no había llegado aún, con las leyes segregacionistas de Mussolini, a imitación de las establecidas por Hitler en Alemania, la comunidad judía de Rodas vio más restringida su capacidad de vida: Samuel tuvo que dejar la escuela y su padre, como la mayoría de judíos de Rodas, se vio obligado a abandonar su actividad profesional, empeorando día tras día las condiciones de vida de su familia y, en general, de todas las de la judería.

Mudos espectadores de una narración histórica que habíamos leído y oído en otras circunstancias y en diferentes ocasiones, nuestro respetuoso silencio facilitó la exposición de Samuel que, como empezábamos a imaginar, desembocó en un testimonio emocionado del acontecimiento más execrable de la historia europea contemporánea: el Holocausto judío.

La judería rodense que había llegado a albergar unos 5.000 miembros, en 1944 se había reducido prácticamente a la mitad. En las décadas anteriores muchas familias habían optado por emigrar  por razones económicas y otras  muchas consiguieron salir huyendo, como hemos señalado, ante la implantación de políticas antisemitas. La isla, tras el derrocamiento de Mussolini en 1943,  había pasado a control alemán y durante la segunda quincena del mes de julio de 1944, miembros de la Gestapo, recién llegados a la isla, organizaron el proceso de detención y aislamiento de la comunidad: el día 19 fueron detenidos los varones y el día siguiente: “asustados y sin saber qué iba a ser de nosotros, todas las personas de la judería abandonamos nuestras casas y fuimos concentrados en una plaza que hay aquí cerca (hoy se conoce con el nombre de la Plaza de los Mártires) y de allí nos llevaron a la deportación.  Alrededor de 1.700 personas entre hombres, mujeres y niños permanecieron encerrados en un antiguo cuartel italiano y, el día 23, fueron conducidos hasta el puerto donde zarparon en viejos barcos de transporte de carbón. Tras recoger a un centenar de judíos de la cercana isla de Cos, siguieron el viaje hasta el Pireo (Atenas) donde llegaron el último día de julio, de allí fueron trasladados al campo de Haidari (situado en las cercanías de la ciudad) y unos días más tarde, el 3 de agosto, según el relato de Samuel, “nos subieron a unos trenes de ganado y en un eterno viaje que duró varios días, sin espacio, sin comida  y soportando el calor de agosto fuimos deportados a Auschwitz-Birkenau.

El trayecto de los 1.600 kilómetros que separan Atenas de Auschwitz (Polonia) duró dos interminables semanas: bajo el tórrido calor del mes de agosto, encerrados -a razón de unas 80 o 90 personas por cada vagón- las familias viajaban casi sin agua y sin suficiente aire para respirar, lo cual produjo la muerte de unas 30 personas que eran desembarcadas en alguna de las paradas efectuadas a lo largo del camino.  Este convoy fue uno de los últimos, con destino a Auschwitz, con judíos procedentes de Grecia.

Lo peor aún estaba por llegar, en la selección efectuada el 17 de agosto, en las puertas del campo se produjo la separación definitiva de los miembros de las familias: al bajar del tren unos fuimos obligados a agruparnos a la izquierda y otros a la derecha, madres con sus hijos en brazos eran apartados de sus maridos, los jóvenes separados de los ancianos…. Tras la selección se produjo el asesinato masivo de un millar de judíos rodenses, aproximadamente otros 500 sucumbieron como consecuencia del trabajo esclavo y de las extremas condiciones de vida. Sólo lograron sobrevivir 151 personas: Seguir vivo dependía del lugar donde te situaban y a mí me eligieron para trabajar –continuaba explicando Samuel- y una vez en el campo, quisieron anular mi personalidad –muestra el número de matrícula tatuado en su brazo izquierdo- me convirtieron en un simple número... La  mayoría fueron asesinados directamente en la cámara de gas nada más llegar, nosotros nos enteramos a las pocas horas del destino que habían sufrido nuestros seres queridos”.

Samuel Modiano continuó explicándonos cómo perdió a unos 60 miembros de su familia, entre ellos a su padre y a su hermana, a varios tíos, primos, amigos y vecinos.... un relato que no por más conocido dejaba de transmitir emotividad, sinceridad y dolor. Siguió contándonos que, con tan sólo 13 años, había aceptado como algo natural la presencia cotidiana de la muerte que producía estragos diarios entre sus compañeros ya fuese por el hambre, el frío de aquel interminable invierno polaco de 1944, las enfermedades, el miedo, la fragilidad y la abrumadora soledad que le acompañaba. Una muerte ajena pero que tenía asumida como propia “en cualquier momento yo mismo podía morir”. Nadie tenía asegurada la vida y la supervivencia era contemplada como un objetivo a muy corto plazo: “intentar llegar vivo a la mañana siguiente”.

Ante la presión del ejército soviético, las autoridades alemanas llevaron a cabo una evacuación masiva de los campos el Este hacia los situados en el interior de la Alemania nazi. Samuel –junto a otros miles de internos- fue trasladado al campo de Bergen-Belsen (Baja Sajonia) y, cuando las tropas británicas liberaron el campo, en abril de 1945, la muerte campaba a sus anchas: el tifus, entre otras causas,  había hecho estragos entre la población interna y miles de cadáveres se amontonaban esparcidos por todo el recinto del campo. 

La imagen dantesca de aquellos días permanece imborrable para Samuel quien no encuentra explicación al horror vivido ni justificación a su supervivencia en aquellas condiciones extremas. Con expresión emocionada nos reconocía que “ durante muchos años he tenido un gran sentimiento de culpabilidad – preguntándose a continuación- ¿por qué yo he tenido que ser el único de los míos en salir del infierno?. Mi lugar estaba allí, con ellos, muerto en la cámara de gas”.

Con Samuel Modiano
Samuel rehízo su vida con dificultades y lejos de su Rodas natal: estuvo en el Congo realizando actividades comerciales y, como judío italiano, decidió instalarse, posteriormente, en Roma. Nos reconocía que hace muy pocos años encontró la respuesta que le ha ayudado a superar su angustia vital y aquel sentimiento de culpabilidad: “entendí que sobreviví al Holocausto  para transmitir el testimonio de lo sucedido y mantener el recuerdo de las víctimas”. Consecuente con sus palabras nos explicó que, desde hace unos años, se dedica a visitar colegios de Roma, donde reside buena parte del año, para explicar su experiencia en los campos de exterminio y también acompaña a estudiantes en viajes a Auschwitz para participar en los actos de homenaje y memoria que se celebran cada 27 de enero.  Todo ello con un objetivo claro y que de forma emotiva nos reiteraba al final de su testimonio: “para que nunca nadie vuelva a padecer una experiencia similar a la nuestra, para que los jóvenes como vosotros –dirigiéndose a nuestros hijos en edades que comprendían de los 9 a los 20 años- sepáis lo que sucedió,  y no permitáis que algo igual o parecido vuelva suceder nunca más”.

Acabada su intervención le hablé de la Amical de Mauthausen y de su labor para mantener la memoria de los deportados republicanos. Tras fundimos en un abrazo solidario, mantuvimos una corta pero intensa conversación en la que nos indicó que tuvo noticia de la presencia de ciudadanos españoles, en los campos de la muerte, por haber coincidido con alguno de ellos en los amargos días de Bergen-Belsen y nos transmitió palabras de ánimo para seguir difundiendo la memoria y el recuerdo de todas las víctimas de la barbarie nazi sin hacer distinción de su origen, condición o creencias.  

La comunidad judía, como hemos visto, quedó diezmada  y recientemente, a iniciativa de un grupo de descendientes, se está recuperando la historia de la judería: se ha restaurado la sinagoga Kahal Shalom -donde nos encontramos con Samuel-  en cuyos sótanos se ha habilitado un espacio museístico que recoge la memoria de la comunidad y también se ha restaurado el cementerio donde se encuentran lápidas de unos 400 años de antigüedad. Sus actividades se pueden conocer en la interesante página que tienen en internet: http://www.jewishrhodes.org/.

Monumento que recuerda la deportación de los sefarditas de Rodas
Una placa conmemorativa, colocada en 1969,  junto a la puerta principal que da  acceso a  la sinagoga,  recoge los apellidos de las familias rodenses víctimas del Holocausto, entre los que se adivinan varios de clara procedencia española: Alcaná, Ángel, Franco, Galante, León, Maio, Modiano, Pérez, Rozio, Soriano... Una lista de los exterminados puede consultarse en http://www.sefarad.org/diaspora/rhodes/martyrs.html.

En este proceso de recuperación de la memoria individual y colectiva de las víctimas, se erigió en la Plaza de los Mártires – lugar donde fueron concentradas las familias judías para salir en deportación- el 23 de junio de 2003 un monolito hexagonal, de mármol negro, en una de cuyas caras laterales se lee: NUNKA TE OLVIDES. A MEMORIA ETERNA DI LOS 1.604 DJUDIOS DI RODES Y DI COS EXTERMINADOS EN LOS CAMPOS DE CONCENTRACIÓN NAZIS. 23 DI JULIO DE 1944.