Mostrando entradas con la etiqueta Gusen. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gusen. Mostrar todas las entradas

sábado, 9 de febrero de 2013

CENTELLES GUARCH, Julián: de El Latonar (Ladruñán) a Mauthausen


Julián Centelles durante la Guerra
Durante las pasadas Navidades, aprovechando un viaje a Barcelona desde Bruselas, donde reside, Alejandro Zurita Centelles quedó con Rosa Toran –presidenta de la Amical de Mauthausen-  para compartir los datos y dejarnos copia de la documentación de su tío Julián Centelles Guarch, uno de los deportados republicanos a Mauthausen que hallaron la muerte en Gusen. Al encontrarme yo en la Amical, conocí a Alejandro y me agregué a la conversación. Alejandro iba desgranado los recuerdos familiares, la vida  de sus abuelos y la de su tío desaparecido en Alemania. Se iba dibujando, poco a poco, una historia más de derrota y de memoria transmitida, hasta aquel momento, en el estricto ámbito familiar.  
 
En la documentación que sobre Julián Centelles, su tío, había recuperado en diferentes archivos franceses figuraba una copia del listado del convoy en que había sido deportado a Mauthausen desde el stalag XI-A y, en ella, Julián figuraba relacionado con el nombre de Ladruñán. Habiendo nacido en la provincia de Castellón pregunté a Alejandro su relación con esta pequeña localidad del Maestrazgo turolense fronteriza con Ejulve, mi pueblo. La cara de Alejandro cambió por la sorpresa. Nuestra charla transcurría utilizando el catalán y ninguno de los dos podíamos sospechar un origen común en una tierra añorada y tan querida: sus abuelos junto a sus hijos (entre los que se encontraba su madre) se habían trasladado durante la República desde su localidad de origen, el Portell de Morella, al Latonar, un barrio de Ladruñán. Allí se dedicaron al cultivo de unas tierras, y fue el lugar donde vivieron la Guerra y la posguerra y sus consecuencias. Esperanzas, temores y represalias se entrecruzaban con historias de maquis y de supervivencia. Alejandro me habló de la propiedad que su abuelo tenía en los Villasecos, una partida de Ejulve lindante con Cuevas de Cañart, y su resistencia para venderlas al Patrimonio Forestal, cuando el Estado compró las tierras colindantes para plantar pinos en los años 60 y recordó, con orgullo, haber divisado desde algún vuelo la única finca que todavía se cultiva entre los pinos plantados en aquella época y para él sigue siendo un ejemplo del carácter resistente de su abuelo. Todo un símbolo en una época donde fue muy difícil sustraerse a la presión del Estado hacia los masoveros y propietarios de la zona.

Alejandro, un amigo más de la amplia familia de la deportación republicana, me ha transmitido un relato sobre su tío Julián, parte del cual transcribo a continuación:

Situación de El Latonar sobre el río Guadalope
Mis abuelos maternos, Bernardo Centelles Piquer y Miguela Guarch Moles, se mudaron desde Portell de Morella (Castellón) hacía Latonar (Teruel) en el año 1935, junto con sus hijos Julián, Perfecto y mi madre Cremencia debido a que el abuelo Bernardo se sintió amenazado por problemas de tierras con gente importante de Portell de Morella.

Latonar era una aldea-barrio del pueblo de Ladruñán, perteneciente a su vez al partido de Castellote, en pleno Maestrazgo turolense. Por aquel entonces, Latonar tenía sus casas habitadas con sus explotaciones agrícolas y ganaderas orientadas al consumo propio de subsistencia, típico de la época. Sus cinco casas y un par de corrales constituyen su única calle que acababa en una espléndida fuente bajo una higuera. Ese manantial cumplía su múltiple función de fuente, de lavadero de ropa y vajilla, de abrevadero de animales, así como de regadío de las huertas colindantes. Latonar, ubicada en la falda de una abrupta caída hacia el cañón del río Guadalope, se encuentra abandonada bajo escarpadas aristas habitadas por águilas, buitres, jabalíes, zorros, etc… se sigue llegando tan solo por camino de herradura o senderos de montaña. Me sigue costando hablar en pasado sobre Latonar, pero debe hacer unos cuarenta años que mis tíos y primos dejaron de vivir allí. Tenemos mi hermana Teresa y yo el recuerdo juvenil de Latonar en su apogeo, como una especie de jardín con sus árboles frutales, todos sus campos y huertos en terraza perfectamente cuidados, caminos pedregosos pero también laderas de blanda hierba, blancas eras de paja, sombras de olivos y chopos, y el frescor de la fuente como epicentro de la aldea. 
Casa de la familia Centelles Guarch en El Latonar

Julián -el hijo mayor de mis abuelos- partió como soldado republicano a la guerra civil con 18 años y cruzó a finales de la contienda hacia Francia como refugiado de la diáspora republicana. Recientemente hemos sabido que en 1939 estuvo interno, como refugiado, en el campo de Agde en cuyas listas aparece como sargento. Creemos que desde allí debió incorporarse a la 109ª Compañía de Trabajadores Extranjeros que reforzaba las defensas de la línea Maginot en la Alsacia, ante la posible invasión del ejército alemán. En junio de 1940 justo una semana después de la invasión nazi de Paris, Julián cayó prisionero de los nazis en Delle, ciudad fronteriza con Suiza. No sabemos si estuvo a punto de escapar o fue retornado por los suizos. Tras estar preso en el campo de prisioneros ´Frontstalag 140' en Belfort (Francia) fue transferido en enero de 1941 al campo de prisioneros alemán 'Stalag XI-A' en Altengrabow, y posteriormente en abril de 1941 al campo de concentración nazi de Mauthausen, donde se le adjudicó la matrícula  4960. No sabemos si trabajó en la famosa cantera o qué trabajos tuvo que realizar, pero el 20 de octubre fue transferido con un grupo exclusivo de 957 españoles al campo aledaño de Gusen. En ese fatídico mes de noviembre de 1941 casi novecientos republicanos españoles, y entre ellos Julián, fueron exterminados e incinerados en Gusen. Julián pereció el 7 de noviembre a la edad de 22 años.

Creo que se puede considerar que Julián vivió desgraciadas experiencias vitales como soldado, refugiado, prisionero y deportado para su liquidación. En consecuencia, Julián vivió mucho en el corto intervalo de sus cuatro últimos años de vida, tuvo que madurar y adaptarse a situaciones degradantes y humillantes en ámbitos y culturas extranjeras con lenguas y mentalidades extrañas, viendo morir a compañeros de forma deshumanizada antes de que le llegara a él su turno.

Me resulta penoso imaginar, más allá del atroz sufrimiento físico y psicológico que le condujeron a una muerte cruel e infame en Mauthausen-Gusen, la creciente añoranza y el sentimiento de nostalgia de los suyos que Julián tuvo que padecer (nunca le fue permitido escribir ni siquiera una carta) en su desesperación ante el horror nazi al que se enfrentaba y adivinando su propio final que fue paulatinamente descubriendo. Sufrimiento que sobrellevó en paralelo a la infinita pena de sus padres Bernardo y Míguela y sus hermanos Perfecto y Cremencia, su familia que en su rincón del Maestrazgo tuvo que aprender a vivir con un vacío irreversible ligado a una guerra desconocida, incomprensible y lejana. Creo que el único consuelo que nos puede quedar radica en la certeza de que los abuelos Bernardo y Miguela, así como sus hermanos Perfecto y Cremencia nunca supieron el ’cómo’ del final de Julián, pues por sus comentarios siempre dedujimos que ellos pensaban que su hijo y hermano había ‘tan solo’ muerto en la «guerra de Alemania». Creo en particular que a su madre, nuestra abuela Míguela fallecida en 1962 (a quien todavía pude besar hasta mis siete añitos), le hubiera resultado insoportable conocer el verdadero final de su hijo Julián.

Debían ser muchas las tareas en la casa de los abuelos para que a pesar del trabajo de los hermanos Perfecto y Cremencia, la ausencia de Julián tras acabar la guerra no se echase en falta. Hubo un maqui huido de apodado Lo Rabós que se escondió en Latonar ayudando a mi abuelo en las tareas agrícolas. Por otra parte, debido a que mi tío Julián  nunca volvió a Latonar tras la guerra civil, la guardia civil sospechaba que él pudiese estar escondido o huido, actuando posiblemente como maqui por la comarca del Maestrazgo, concretamente por los escarpados terrenos y cuevas de la comarca circundante a Latonar, donde él se había criado. Por ello, a veces se presentaban los guardias de improviso en Latonar con el propósito de encontrarlo. Los abuelos Bernardo y Míguela tuvieron que sufrir esa denigrante situación sabiendo que su hijo Julián estaba muerto, pues ya habían recibido la noticia, comunicada por un compañero soldado republicano del vecino pueblo de La Mata. El riesgo era mucho y Lo Rabós debió partir.
 ---------------------
La vista de El Latonar sobre el Guadalope la he tomado de:

martes, 26 de junio de 2012

BALTASAR FERRUZ INSA. Identidad de un navarro-aragonés deportado

Baltasar Ferruz. Blog de Ander Cabrero
El interés de Ander Cabrero, por recuperar la memoria de las víctimas del franquismos de Pitillas (Navarra), le ha llevado a recuperar la identidad de Baltasar Ferruz Insa quien, habiendo nacido en dicha localidad navarra en 1911, acabó sus días en el campo de Gusen en el mes de mayo de 1942. Ander poseía muy pocos datos de Baltasar pero con la localización de Vicenta y Trinidad, dos hermanas suyas que viven en Sástago, ha podido establecer claramente su trayectoria y nos ha dado a conocer retazos de la historia familiar.

El matrimonio formado por Martín Ferruz López y  Benita Insa Vallespín,  durante la primera década del siglo XX, se había trasladado desde Sástago a la población de Pitillas donde nacieron dos de sus nueve hijos: Baltasar el día 5 de enero de 1911 y Ramón en diciembre de 1912. Sobre el año 1918 la familia regresó definitivamente a Sástago.

Martín, el padre de Baltasar, durante la República ocupó cargos de responsabilidad en el seno de la UGT, de cuya agrupación local (Sástago) era presidente en mayo de 1933. El joven Baltasar y sus hermanos se formaron en el seno de esta familia de labradores donde, la vinculación directa y activa con el sindicato, conformaron su ideología de izquierdas y su compromiso con la defensa de la Segunda República, tras el golpe de estado fascista del 18 de julio de 1936.

Este compromiso político de Martín y de sus hijos, les acarreó problemas, posteriormente, al ser denunciados de oponerse al Movimiento y de haber participado en las incautaciones de tierras. Martín aparece inculpado en varios  Expedientes de Responsabilidades Políticas abiertos, en 1939, contra los republicanos de Sástago.

Ramón y Baltasar -y seguramente alguno más del total de los seis hermano varones- fueron combatientes en la Guerra. Ramón desapareció en una de las misiones como correo de guerra y Baltasar, según consta en la documentación que ha recopilado Ander Cabrero, pudo ser  comisario político del ejército republicano. Tras la ruptura del frente de Aragón en marzo de 1938, la familia Ferruz-Insa se trasladó a Barcelona, donde se encontraban cuando Baltasar partió hacia el exilio desde la estación de Francia de la Ciudad Condal.  

Desconocemos cual fue la trayectoria de Baltasar en el exilio. Como miembro de una de las Compañías de Trabajadores Extranjeros que fueron cercadas en las playas de Dunkerque por los alemanes, fue detenido durante la primera semana de junio de 1940. Un importante número de republicanos fueron transferidos, junto a prisioneros de otras nacionalidades, a un campo de prisioneros de guerra (stalag)  situado en la Alta Silesia -hoy territorio polaco- y en el mes de octubre fueron trasladados a un nuevo stalag, el  XII-D, ubicado en las cercanías de la ciudad de Tier (Tréves) en la frontera germano-luxemburguesa.

Desde esta localidad fueron deportados a Mauthausen un total de 775 republicanos, sufriendo tres días de viaje en vagones de ganado que no reunían unas mínimas condiciones de vida. Fueron inscritos en Mauthausen el día 25 de enero y a Baltasar le adjudicaron la matrícula 3844. Su traslado hacia Gusen se produjo el 20 de octubre, donde halló la muerte el 14 de mayo de 1942. Desde que había empezado la Guerra de España habían pasado casi seis años de sufrimiento y de combate contra el fascismo.

Las represalias y la persecución sobre el cabeza de familia tuvieron unas consecuencias fatales y Martín falleció en enero de 1941 -según cuentan sus familiares- como consecuencia de una paliza que le dio la Guardia Civil, tras haberlo detenido en su casa. Estos hechos coincidieron en el tiempo con la llegada a Mauthausen del joven Baltasar quien, al dar su filiación en los registros de campo, dejó como persona de contacto la de su padre. Poco podía imaginarse Baltasar lo ocurrido en Sástago en aquellos días.
.
La familia tardó algún tiempo en enterarse del fallecimiento de Baltasar, una de sus sobrinas, le ha explicado a Ander la noticia de su muerte en Alemania que le fue transmitida, por las “recaderas” de Sástago, a su tía Trini: “Lo siento dijo una de ellas y Trini se puso a llorar. Volvieron por la carretera, supongo que para no cruzarse con mucha gente, mi tía no paraba de llorar. Entraron por el corral, Benita se volvió loca al enterarse. Cabrones, cabrones… Eso es lo que gritaba sin cesar”.

 Dolor y desesperación en una familia que había pedido a tres de sus miembros como consecuencia directa de la Guerra y el exilio. Un exilio al que también se vieron abocados José y Alfredo, el mayor y el más pequeño de la saga  y que, con el paso de los años, se convirtió en permanente en tierras francesas.

Por lo que nos ha explicado Ander Cabrero, las hermanas y  las sobrinas de Baltasar mantienen vivo el recuerdo de los sucesos que han acompañado a su familia. Han pasado muchos años desde que la Guerra truncó las ilusiones de Martín y de Benita quien, a pesar de todas las vicisitudes pasadas, transmitió a las siguientes generaciones “una dignidad que nunca perdieron”.
***
El trabajo de Ander Cabreo se puede seguir en el siguiente enlace: http://lavaradelalibertad.blogspot.com.es/2010/05/baltasar-feruz-issa-de-pitillas.html


jueves, 22 de marzo de 2012

JOAQUIN LÓPEZ RAIMUNDO. Adiós a otro testigo de la barbarie.

Fotografia: Memorial de Gusen
En recuerdo de Joaquín López Raimundo, superviviente de Mauthausen que había nacido en Tauste en 1919, he publicado el siguiente texto en el Heraldo de Aragón de hoy (22-03-2012), en el suplemento “Artes y Letras”.

Al final de esta estrada se puede acceder a la nota, en catalán, que me publicaron ayer en  el periódico “El  Punt Avui” de Girona y al texto que Sergi Pàmies, sobrino de Joaquín López Raimundo, publicó en el formato digital de “La Vanguardia”

ADIOS A OTRO TESTIGO DE LA BARBARIE. La vida y la aventura en Mauthausen de un deportado de Tauste, Joaquín López Raimundo.

Un breve comentario de Cruz Barrios, bibliotecaria del Centro Aragonés de Barcelona, y la consulta del periódico digital http://www.ejeanoticias.com nos confirmaba el fallecimiento de Joaquín López Raimundo el pasado 5 de marzo. Se cierra, así, el ciclo vital de uno de los últimos supervivientes del campo de Mauthausen. Nacido en la población zaragozana de Tauste, la familia se trasladó a Barcelona en 1932 y fue en la ciudad Condal donde, en compañía de su hermano Gregorio, entró en contacto con la juventud barcelonesa y el ambiente político de la época. Trabó amistad con el joven fotógrafo Francesc Boix, una amistad que duraría toda la vida, hasta su temprano fallecimiento en el exilio francés, unos años después de haber sido liberados, ambos, de los campos de la muerte alemanes.

Militante de la Juventudes Socialistas Unificadas, Joaquín conoció el desgarro del dolor propio al morir su hermano Antonio, durante los primeros días de la Guerra, en una misión de reconocimiento cerca de Binéfar. Él mismo fue combatiente republicano y, como otros tantos otros miles de españoles, penó en los campos de refugiados del sur de Francia y formando parte de una de las Compañías de Trabajadores Extranjeros -organizadas por el gobierno francés- fue detenido por los alemanes en la primavera de 1940. Tras permanecer varios meses en los campos de prisioneros de guerra, fue deportado a Mauthausen en abril de 1941.

Tras unos meses de permanencia en el campo central fue trasladado a Gusen –situado a cinco kilómetros y verdadero centro de exterminio para los casi 4.000 republicanos muertos entre sus muros-  donde vivió de forma impotente la despiadada y cruel experiencia del trabajo esclavo, la humillación, la tortura y la muerte de tantos compañeros y amigos, como recordaba en La Vanguardia, en marzo de 1994: Siempre teníamos la muerte cerca porque de hecho estábamos allí para morir, pero con ser todo terrible, el peor momento que pasé fue cuando los nazis estaban en plenitud. Llevaron a todo mi “kommando” a Gusen, que era un infierno (…).Los kapos nos pegaban constantemente mientras trabajábamos. A mí me obligaron a quitar nieve (…) y como en principio me hice el tonto, me cogieron, me tiraron al suelo y empezaron a darme patadas. Luego me llevaron a trabajos forzados, a construir ferrocarriles con los perros mordiéndote y ellos pegándonos constantemente.  Fue durante estos trabajos cuando un raíl le cayó sobre un pie y, como consecuencia, ingresó en la enfermería estando a punto de ser ejecutado: Cuando ya iba a entrar en el barracón enfermería el médico SS me puso la correspondiente marca en la solapa para la inyección letal. Pero tuve la suerte de encontrarme a un kapo que era buena persona y me salvó la vida. La muerte inmediata o el camino de la supervivencia dependían, en muchas ocasiones, del azar o de la mera casualidad, sin que los internos pudiesen influir en su incierto destino. En aquel antro permaneció Joaquín hasta marzo de 1945 cuando fue devuelto a Mauthausen, de donde fue liberado en mayo de 1945.

Tras la liberación, como la mayoría de los supervivientes españoles, siguió viviendo exiliado en Francia compartiendo exilio con los amigos republicanos y camaradas comunistas. Ce la imposibilidad de regresar a España donde se consolidaba la Dictadura. Con su hermano Gregorio –conocido dirigente del comunismo catalán- volvió a reunirse en 1946 a su regreso, a Francia, de su estancia en tierras americanas, momento que era recordado en sus memorias: En el muelle había bastantes personas... De pronto reconocí entre ellos a mi hermano Joaquín -más viejo, claro- y empecé a llamarle a gritos y a saludarlo agitando el brazo con la mano abierta. Él me reconoció y contestó a mi saludo. Media hora después, que me pareció un siglo, volvíamos a abrazarnos por vez primera tras más de siete años de separación.

Joaquín López, Antonio Esporrín y Francesc Boix. Amical de Mauthausen
En París convivió estrechamente con sus amigos Antonio Esporrin –aragonés que logró escapar de manos alemanas- y Boix, siendo una de las personas que compartió los últimos momentos del fotógrafo y amigo. Tras su muerte, Joaquín recogió del domicilio del amigo una buena parte de los negativos sustraídos por los republicanos del laboratorio fotográfico de los SS en Mauthausen, otros con las imágenes de la liberación y varios sobre su vida profesional posterior. Cuando Montserrat Roig estaba escribiendo su obra sobre los deportados catalanes, contactó con Joaquín quien le dio su testimonio y le legó aquellos negativos. La escritora los cedió a la Amical de Mauthausen y actualmente se encuentran en el Museu d’Història de Catalunya, siendo uno de los principales testimonios gráficos de la construcción y del desarrollo de la vida (y de la muerte) en un campo de concentración nazi. 

Joaquín López fue uno de los deportados homenajeados por la Generalitat de Cataluña en noviembre de 2005, momento en que coincidimos también con su hermano Gregorio y nos consta que, por razones de salud, no pudo asistir al homenaje que el gobierno de Aragón realizó en mayo de 2010 a los supervivientes aragoneses.

Con la desaparición de Joaquín López Raimundo se pierde otra víctima de nuestro pasado más siniestro y un testigo de aquella barbarie que nunca tenía que haber sucedido. De él nos quedan fragmentos dispersos de su testimonio y para finalizar este recordatorio póstumo  nos quedamos con su crítica hacia tantos libros publicados, por la imposibilidad de resumir las sensaciones, los temores y los miedos –un todo inabarcable- de las experiencias de los deportados a los campos de exterminio: Cuentan siempre las cosas materiales, las más corrientes, por ejemplo el hambre que pasabas, los “kapos” que te pegaban, los SS… pero la vida, esa de todos los días que tuvimos, la de observar todas las cosas que pasaban, por ejemplo, no lo ves nunca en los libros, sólo ves casi la estadística y… ¿para qué escribir tantos libros para decir siempre lo mismo…?


jueves, 23 de febrero de 2012

Alberto Lanuza López: combatiente de la "Bolsa de Bielsa" muerto en Gusen

Alberto Lanuza
Este altoaragonés, originario de la localidad de Yésero, había nacido el 21 de noviembre de 1914, en el seno de una familia de labradores siendo el penúltimo de los cinco hijos del matrimonio formado por Ángel Lanuza e Inocencia López. Su juventud transcurrió en Yésero ayudando a la familia en los trabajos agrícolas tradicionales y durante los años republicanos, su ideología fue conformándose tomando posiciones próximas a los ideales de progreso y justicia social.

Al estallar la guerra, Alberto  contaba  20 años de edad y en agosto de 1936 se alistó en alguna de las unidades militares que se formaron en la zona, quizás coincidiendo con el momento en que los republicanos se hicieron con el control de la zona de Yésero, donde establecieron “una de sus principales bases de operaciones”[1] y –según el testimonio de su sobrino Tomás López Lanuza- su alistamiento se produjo durante las primeras escaramuzas en el Puerto de Cotefablo, pasando posteriormente al frente de Huesca, donde se le concedió un permiso especial a finales de noviembre.  Alberto, tras aquel permiso que le había permitido regresar unos días con la familia, fue destinado hacia la zona de los Pirineos.

Cuando se decretó la militarización de todas las unidades para crear el Ejército Popular de la República, su unidad militar, fue una de las que conformaron, en abril de 1937, la 139 Brigada Mixta, pasando posteriormente a estar encuadrada en la 43 División.  La 130 Brigada Mixta combatió en las principales batallas que tuvieron el frente aragonés como escenario: Zaragoza, Belchite, Teruel,... Tras la ruptura del frente de Aragón, en marzo de 1938, la 43 División fue arrinconada en el Pirineo en la que ha pasado a conocerse como “La Bolsa de Bielsa”, un episodio de la Guerra de España cargado de connotaciones heroicas donde la convicción de unos pocos puso en cuestión, durante varias semanas, la superioridad del ejército franquista. Los republicanos resistieron hasta mitad de junio, momento en que, superados definitivamente por el enemigo, emprendieron de forma organizada su retirada hacia territorio francés.

Alberto fue ascendido a Sargento de infantería de la 130 Brigada en mayo de 1938[2],  mientras se hallaban combatiendo el “La Bolsa”  y fue en aquellas semanas cuando, según nos contaba su sobrino Tomás, en la localidad de Fanlo, en las estribaciones del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, el 4 de abril de 1938 se despidió para siempre de su madre y sus dos hermanas cuando éstas se trasladaban a Francia andando durante la evacuación civil… como el resto de los combatientes de la 43 División, atravesó la frontera francesa el 16 de junio de 1938. La mayor parte de sus componentes regresaron a España, entrando por la frontera de Cataluña, para seguir combatiendo por la República.

Mantuvo una relación muy estrecha con el comisario de la Brigada, el maestro Lorenzo Berdala Pardo[3] y, por otra parte, parece ser que Alberto –según Tomás López- fue ascendido  de graduación: se supo, por algunos de sus superiores, que había ascendido a teniente, con cuya graduación formó parte  de la Bolsa de Bielsa desde sus inicios, ascendiendo mas tarde a capitán en esta tristemente famosa defensa del último bastión republicano en el Pirineo Aragonés. Algún familiar en la retirada a Francia tuvo oportunidad de visitarlo y pudo comprobar que, efectivamente, lucía esa graduación.
La 130 Brigada se recompuso de nuevo en Cataluña y estuvo luchando en la batalla del Ebro Retirándose paulatinamente hacia Reus, Tarragona, el Llobregat, Girona, …. Hasta que, prácticamente desmembrada, sus componentes cruzaron la frontera francesa por el puesto de Port-Bou el 9 de febrero de 1939.

Así se iniciaba el exilio de Alberto Lanuza, de cuya trayectoria, durante esta etapa de su exilio francés, lo desconocemos todo. Debemos suponerlo interno, junto a sus compañeros republicanos, en diferentes campos de refugiados del sur de Francia y alistado en una de las Compañías de Trabajadores Extranjeros que se formaron a partir del mes de abril de 1939. La familia de Alberto no conserva la correspondencia enviada a su madre Inocencia desde estos campos, aunque nos consta que sí la hubo y muy posiblemente sean de esa época las tres fotografías que envió a la familia, siendo una de ellas la que ilustra estas líneas.

La Compañía de Alberto fue trasladada hacia los departamentos del norte de Francia y fue una de las que confluyeron, tras la invasión alemana del territorio francés, hacia la zona de Dunkerque donde esperaban ser evacuados por la flota británica junto a los combatientes franceses. Ya es sabido que eso no fue así y miles de republicanos quedaron a merced de los alemanes que avanzaban sin oposición por el territorio galo. Alberto, junto a sus compañeros de infortunio, fue detenido por las tropas alemanas en las playas de Dunkerque, o en sus alrededores, el 4 o el 6 de junio de 1940.  Tras ser transferido a diferentes campos de prisioneros de guerra (stalgs) recabó en el denominado VI-C ubicado en las cercanías de Batrhom, posteriormente fue trasladado al XII-D, en las cercanías de la población de Trier, desde donde salió deportado hacia Mauthausen en un transporte formado por 775 hombres. Este grupo de republicanos entró en el campo austriaco el 25 de enero de 1941 y a Alberto se le adjudicó la matrícula 3350. Permaneció en el campo central poco más de cinco meses tasta que, a finales de junio, fue trasladado a Gusen.

En este nuevo destino de terror, humillaciones y trabajo esclavo, Alberto halló la muerte en una fecha que difiere según las fuentes consultadas. En el Journal Officiel de la République Française de 24 de julio de 1992, se le da como fallecido el 6 de noviembre de 1941 y así consta también en el listado elaborado por los republicanos supervivientes tras la liberación del campo en 1945. En los listados elaborados por La Fondation pour la Memoire de la Deportation, por el contrario, se data su muere el 24 de febrero de 1943[4]. Personalmente me inclino como fecha más probable la de noviembre de 1941, puesto que la consulta posterior de documentación del propio campo así parece confirmarlo[5]

La familia de Albero supo muy poco de la suerte que había corrido tras su detención por los alemanes. Según su sobrino Alberto, desde Mauthausen envió en una oportunidad una única referencia, para la familia, de su internamiento, se trataba de  un pequeño escrito, de los permitidos, tipo tarjeta postal con un máximo de 25 palabras. Tras permanecer varios años sin noticias, pudieron conocer algo sobre la trayectoria final de la vida de Alberto, por medio de su gran amigo y compañero durante toda la guerra, Julián Laviña[6], como superviviente del nazismo, la familia supo que había muerto en Güsen, aunque, a diferencia de otros casos, nunca las autoridades alemanas comunicaran oficialmente este hecho, a pesar de haber recibido la madre una indemnización.
 El recuerdo de Alberto Lanuza López ha permanecido permanentemente entre los suyos. Tomás, su sobrino es un ejemplo de cómo la siguiente generación lucha por mantener la memoria de las víctimas del nazismo Su testimonio, su participación en alguno de los viajes de homenaje organizados por la Amical de Mauthausen al campo y la colocación de una placa en el crematorio de Gusen son signos bien elocuentes de la huella de Alberto en su entorno familiar y de la perdurabilidad, entre los suyos, del significado profundo de su sacrificio


[1]Antonio Gascón Ricao: El origen de la 130ª Brigada Mixta Autónoma, en http://www.sbhac.net/Republica/Fuerzas/EPR/EprK/130BM.htm
[2] Diario Oficial Ministerio de Defensa, 1938, nº  116, p. 539
[3]  Salinas de Jaca (1908). Maestro de Linás. En octubre de 1937, fue nombrado comisario de la Brigada. Tras la Guerra se exilió en la República Dominicana y Mexico
[4] FMD: Livre Memòrial des déportés de France, ... , vol. III, p. 1140, Paris, Tiresias, 2004 y en su web http://www.bddm.org/
[5] Así se ha recogido también en la Base de Datos de la Amical de Mauthausen elaborada a partir de un convenio con la Generalitat de Catalunya y la Universidad Pompeu Fabra.
[6] Julián Laviña Campo, nació en Riglos en 28 de enero de 1911. Fue deportado desde el stalag V-D en Strasbourg. El 13 de diciembre de 1934 ingresó en Mauthausen (nº 4921) y el 17de febrero de 1941 pasó transferido a Gusen (nº 46976). Fue liberado en 1945

martes, 27 de septiembre de 2011

ACLARACIONES: Respuesta a los comentarios de la escritora Laura S. Leret.

La escritora Laura S. Leret ha dejado varios mensajes en las entradas de este blog, correspondientes a los días 20 de junio y 17 de septiembre de 2011, en las que muestra su desacuerdo sobre las referencias publicadas sobre el superviviente de Mauthausen, el Sr. Domingo Félez Burriel, de Alcorisa, que paso a comentar.

Respecto al tema de la acusación y los juicios de Dachau, en la entrada en la que resumía la erección del monumento en Alcorisa y en la que hacía referencia a la situación de acusado del Sr. Félez, en dichos juicios, se trata de un fragmento de la cita textual extraída de la obra del historiador David Wingeate Pike:  Españoles en el Holocausto. Ed. Mondadori. Barcelona 2003, que transcribo completa:

Finalmente estaba Félix Domingo Burriel, apodado “El Loco”. Con sólo sólo diecinueve años cuando llegó a Mauthausen, fue asignado a Gusen desde enero de 1941 hasta agosto de 1943, y a Wiener Neudorf entre septiembre de 1943 y la evacuación de abril de 1945. A partir de noviembre de 1942 realizó el trabajo de Friseur (barbero) y en enero-febrero de 1945 se le ordenó que marcara  a un grupo de 180  prisioneros (entre ellos, judíos, húngaros, franceses y yugoslavos) con la letra Z, que significaba su envío a la cámara de gas. No pudo establecerse la responsabilidad personal de Domingo y fue el único de los cinco absuelto por el tribunal aliado. Pero fue el estigma que arrastraba Domingo de haber sido elegido por los SS para el puesto de kapo el que explica por qué fue detenido y llevado a juicio. 

Estos casos documentados fueron excepcionales. Los datos generales sobre los kapos de Mauthausen, como los de los memás campos, siguen siendo extraordinariamente vagos. (p. 128-129)

Al menos otros seis kapos españoles fueron llevados a juicio, sin duda con la ayuda de los españoles que los buscaban (José Palleja Caralt “EL Negus”...) Los otros cinco  fueron arrestados por el contraespionaje estadounidense en 1945 y comparecieron ante el Tribunal Militar estadounidense de Dachau en junio de 1947. El primero en ser juzgado, del 14 al 21 de julio de 1947, fue Laureano Navas García. Sentenciado a cadena perpetua por los crímenes cometidos en Mauthausen y Gusen, fue absuelto en apelación. De los demás, que fueron juzgados juntos el 23 de julio de 1947, sólo uno salió bien parado. Félix Domingo Buriel, (el Loco), acusado de crímenes  como kapo de la cocina  en Gusen y como barbero en Wiener Neudorf, fue primero condenado a dos años de prisión y después absuelto.(p. 475)

Asumo el error, la cita tendría que haber sido completa y de esa forma se hubiese podido conocer en su totalidad, incluyendo la frase donde se habla de su absolución posterior.  Es en esta misma cita donde se habla de su condición de kapo,  que el Sr. Félez ha desmentido en las entrevistas concedidas a la citada escritora, Sra. Laura S. Leret, y que se pueden seguir en los siguientes enlaces:


“Soldado, preso, guerrillero”



Por otra parte, las referencias sobre el Sr. Domingo Félez durante su deportación y su detención tras la liberación,  por parte de otros supervivientes, a las que aludo de forma genérica en las entradas del blog, se encuentran publicadas en:

-Montserrat Roig:  Els Catalans als camps nazis .  Ed. 62., Barcelona, 2003 2ª ed. (p. 434-435)
-M. Constante y M. Razola: Triángulo Azul. Ed. Península. Barcelona 1979, (p. 183).
-Prisciliano García Gaitero: Mi vida en los campos de la muerte nazis. Edilesa. León, 2005 (p. 114)

Y por último, citar el testimonio (grabado durante el verano de 2004) del superviviente Sr. Pascual Castejón, de Calanda, quien recordaba su coincidencia en el campo de Gusen y cuyo itinerario durante su deportación fue el siguiente: Mauthausen  del 08-09-1940 al 29-03-1941, Gusen del 29-03-1941 al 8-11-1942 y Dachau del 9-11-1942 a la liberación,

No tengo ninguna duda respecto a la consideración que me merece el Sr. Domingo Félez como una víctima más del nazismo y no entro a juzgar –ni debo, ni puedo- los comportamientos personales de quienes se vieron abocados a una situación extrema, a la que todos los deportados fueron arrastrados tan injustamente. Es de lamentar que el testimonio del Sr. Domingo Félez -tan válido e interesante como todos los otros testimonios de la barbarie nazi-  no se haya conocido con anterioridad, cuando aún estaban con vida los supervivientes que habían criticado sus actitudes durante su deportación, y quizá, de esta forma, se hubiesen podido clarificar estas controversias que han permanecido con el paso de los años.

lunes, 13 de junio de 2011

GUSEN: un espacio de memoria e indiferencia.

Vista del Memorial de Gusen
Conservar los espacios de memoria siempre resulta polémico y contradictorio, como también lo fueron los conflictos que generaron su existencia y sus consecuencias posteriores. Muestra de lo que decimos lo encontramos en España con las controversias generadas respecto a la exhumación de las fosas, donde yacen los cuerpos de millares de republicanos, abandonadas al vergonzoso destino del olvido.  Polémica y dicotomía moral: identificar a las víctimas, exhumarlas y trasladar sus cuerpos o convertir, in situ,  en un espacio de memoria, los lugares de asesinato y de enterramiento dejando allí los cuerpos para siempre.
La conservación de los campos de concentración y de exterminio nazis  –donde hallaron la muerte millones de personas entre 1933 y 1945- también lleva pareja la contradicción entre restaurarlos y adecuarlos como centro de peregrinaje y de difusión de lo que allí sucedió o bien, por el contrario, mantenerlos intactos tal y como cuando fueron liberados. Esto lo vemos cada año en los viajes de homenaje y conmemoración que realizamos, desde la Amical de Mauthausen, con estudiantes de diferentes  Comunidades Autónomas:
-La escalera de Mauthausen se ha restaurado y su aspecto no es el que tenía cuando los internos se veían obligados a subirla varias veces al día, cargados con los pesados bloques de granito.
-El espacio donde se ubicaban los barracones de los SS, en el exterior del campo, se aprovechó para erigir los monumentos que recuerdan a los diferentes colectivos nacionales, entre ellos el dedicado a los españoles.
-El castillo de Hartheim, donde fueron gaseadas más de 30.000 personas, entre las que se cuentan unos 450 republicanos, también ha sido restaurado y hoy es un centro modélico dedicado a la memoria de las víctimas que hallaron la muerte entre sus muros.
-El espacio donde se ubicaban los barracones de los prisioneros en Ebensee –un subcampo dependiente de Mauthausen- hoy está ocupado por una urbanización de viviendas unifamiliares, conservando un espacio para recordar a las víctimas, pudiéndose visitar también uno de los túneles donde hallaron la muerte, horadando la piedra, centenares de prisioneros.
Pues bien, a pesar de la aparente contradicción, la decisión que hay que adoptar en estos casos no puede ser otra que la de intervenir, por parte de las administraciones públicas, para conservarlos y legarlos a las generaciones futuras con unos objetivos claramente definidos:
-Preservar la memoria de las víctimas, difundir su sufrimiento y mantener vivo los valores morales de su sacrificio.
-Denunciar las ideologías y las actitudes que banalizan la conculcación de determinados derechos humanos por considerarlos insignificantes o propiedad de un determinado grupo social o nacional.
La necesidad de lo que decimos se evidencia en la visita al campo de Gusen, situado a escasos kilómetros de Mauthausen, donde hallaron la muerte, entre 1940 y 1945, más de 40.000 internos, de los que más de 3.500 eran españoles.
Tras la liberación el campo fue desmantelado y sólo unos años más tarde, la preocupación y actuación personal de familiares de las víctimas lograron preservar un espacio, alrededor del crematorio, donde en la actualidad se realizan los actos de homenaje y junto a él, años más tarde se ubicó un centro de visitantes con una exposición permanente que explica las características del campo, el origen nacional de las víctimas y la finalidad de los trabajos forzados, en régimen de esclavitud, que llevaron a cabo los prisioneros.  El memorial de Gusen se convierte cada año en un importante centro de peregrinaje donde confluyen gentes muy diversas, llegadas de diferentes puntos de Europa: italianos, franceses, polacos, rusos, españoles,… 
Edificio que albergaba la administración del campo y que daba acceso a su interior.
Pues bien, a unos escasos 200 metros del Memorial asistimos, un año sí y otro también, a la constatación de la más absoluta falta de sensibilidad y respeto hacia la memoria de la víctimas: el edificio donde se hallaba la entrada al campo pasó a manos privadas y hoy podemos contemplarlo como una residencia particular de una familia que se dedica al cultivo de champiñones utilizando alguno de los barracones que albergaron a los prisioneros.
Barracones de Gusen destinados al cultivo de champiñones.
Enrique Calcerrada[1], un republicano español superviviente de Gusen, testimonió en sus memorias la llegada al campo de los prisioneros, una tarde cualquiera, tras una terrorífica jornada de trabajo:“Al estruendo de los golpes sobre espaldas, cabezas, hombros y piernas, con los gritos de furia aplastada y de resignación mal llevada que arrancaban de los prisioneros, se unían a los lamentos lastimeros de hombres ya acabados. Con rabia contenida veíamos a estos infortunados, manchados de barro y sangre, como si saliera de un abismo. Traían las caras amoratadas, llenas de sangre y pupas, los labios abultados, los ojos hundidos y los pómulos salientes. Mi cuerpo empezó a temblar… cuando vi  que la mayor parte de estos hombres llevaban el triángulo azul en sus ropas, rotas en su mayoría, simples trapos en muchos de ellos. Pero venían tan desfigurados que no podía reconocer a ningún amigo… Tras ellos y para cerrar el cortejo, venía una carreta cargada con cuerpos exánimes, cuyas cabezas, piernas y brazos colgaban por todos los costados, empujada por una reata de presos apaleados por unos cuantos cabos para estimular sus fuerzas”. 
Cada año, la visión de la transformación a que ha sido sometida la entrada del campo, irrita a los familiares que no entienden semejante falta de sensibilidad. Su vista se nubla con lágrimas de impotencia y de rabia al contemplar el lugar y ver cómo los muros, que conducían a la entrada del campo a aquellos desgraciados, hoy se han convertido en la protección de una elegante mansión burguesa utilizada como residencia particular. Las fotografías que muestran estas dos realidades, hablan por sí solas.





[1] Villarta de San Juan (Ciudad Real, 1921) ingresó en Mauthausen el 25 de enero de 1941. Su testimonio: Calcerrada, E.: Republicanos Españoles en Mauthausen-Gusen. Málaga, Caligrama, 2003, p. 130.