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jueves, 9 de febrero de 2012

Día Internacional en memoria de las víctimas del Holocausto (III)

Tomás López, detrás, segundo por la izquierda
Tomas López Lanuza, conocido y amigo de Zaragoza, es sobrino de unos de los aragoneses que hallaron la muerte en los campos nazis. El recuerdo de su tío, como veremos, no se ha desvanecido en la familia y, a pesar de los años transcurridos desde el último contacto, aún es recordado en su entorno. Tomás hace tiempo que nos testimonió sobre el periplo vital de su tío, Alberto, y de su muerte en el campo de Gusen. Hemos coincidido en alguno de los viajes organizados por la Amical de Mauthausen y juntos hemos recorrido emocionados los memoriales de Mauthausen y Gusen que recuerdan a las víctimas.

En el crematorio de Gusen, Tomás colocó hace unos años una placa con el nombre de su tío, con el único y loable objetivo de dar a conocer su existencia y su origen, en la localidad de Yésero, a los miles de personas que, año tras año, visitan el centro de memoria, evitando que el olvido prevalezca sobre su recuerdo.

En el acto de recuerdo a las víctimas del Holocausto, celebrado el pasado 27 de enero en las Cortes de Aragón –y a cuyo desarrollo he dedicado varias entradas de este blog- Tomás López, en nombre de los familiares de los republicanos asesinados en los campos nazis, pronunció las siguientes palabras:

Buenas tardes.
Una vez más resulta gratificante observar la concurrencia de público a este acto y, sobretodo los jóvenes que veo. Gratifica porque es importante mantener viva la memoria de los nuestros, de aquellos aragoneses que buscando la libertad encontraron la muerte en manos de los nazis en los campos de concentración alemanes.

Los que hemos viajado en algunas ocasiones a visitar los restos donde se produjo aquel horror, como Mauthausen o Gusen, no podemos por menos que emocionarnos viendo aquellas instalaciones y lo que queda de ellas, como las cámaras de gas, las duchas o los hornos crematorios donde, sin duda, nuestros familiares directos fueron incinerados.

Mi tío carnal, Alberto Lanuza, con su graduación militar de teniente salió de España a través del último reducto republicano en Aragón como fue la “Bolsa de Bielsa” para ser detenido por las SS.SS. en territorio francés y trasladado al campo de Mauthausen en 1940. Su vida terminó trágicamente en Gusen en 1942; por eso, cuando he tenido la oportunidad de acceder a lo que queda de aquel maldito recinto, de aquellos malditos recintos, resulta muy duro ver lo que allí se conserva del horno crematorio que los nazis utilizaban para destruir restos humanos y donde estoy convencido que terminaría lo que quedaba de mi tío.

Esta tragedia marcó el resto de la vida de toda mi familia, y digo toda, tanto materna, como paterna,  pues no en vano en cualquier acontecimiento familiar, tanto mi abuela, como  mis tíos o mi madre, hoy todavía con vida, aunque con 90 años, rápidamente surgía el hijo y hermano desaparecido, lo que conllevaba el correspondiente nuevo disgusto. Así, sucesivamente, siempre de la misma forma y con independencia del tiempo transcurrido. Hoy, cada 21 de noviembre, 70 años después, de forma invariable se recuerda en la familia el cumpleaños del tío Alberto. El trauma no se ha superado y no me ha sido posible conocer muchas interioridades suyas porque con mi madre siempre resultó complicadísimo hablar, se emocionaba enseguida y ahora ya no es posible porque su salud mental no es completa debido a la edad. 

En los años 60 el gobierno alemán indemnizó a mi abuela y le asignó una pequeña pensión que, sin embargo, en modo alguno podía compensar la desaparición de su hijo. No existió jamás un comunicado oficial que confirmara lo que la familia conocía desde 1945, pues un buen compañero de mi tío sí tuvo la suerte de salir de aquel infierno y llegar pronto a Barcelona de forma clandestina, entrevistándose con algunos familiares y relatarles lo ocurrido: un día las fuerzas le fallaron definitivamente, no pudo levantarse por la mañana a la hora obligada y nunca más supo nada de él. 

Para los deportados que consiguieron la libertad siempre fue trágico regresar a su infierno particular. Recuerdo en mayo de 2005, con ocasión de mi asistencia a la conmemoración del 60 aniversario de la liberación de Mauthausen, que accedí a aquel recinto de horror y destrucción junto al antiguo deportado de Vinaroz (Vinarós como él decía en valenciano), Fco. Batiste –hoy ya desaparecido- y cómo temblaba todo su cuerpo a pesar de haber transcurrido esos 60 años mencionados y de haber regresado en ocasiones precedentes. En un momento determinado se apoyó en mi brazo para continuar el recorrido. Accedíamos unas 5.000 personas ante un silencio sepulcral. Son estos pequeños detalles que por lo que representan jamás se olvidan.

Otros deportados visitaron de nuevo a posteriori aquellas instalaciones, pero algunos, aragoneses en concreto que son con los que más he podido relacionarme, no han regresado nunca más ni lo harán. Citaré únicamente como ejemplo al ciudadano de Oto-Broto (Huesca), Luciano Aznar, o Miguel Aznar para la familia, deportado a Mauthausen y residente en Tarbes que siempre se negó al retorno aunque fuera por unas horas. En varias charlas que mantuve con él, mientras fue posible –el alzhéimer ya no lo permite- me contaba las pesadillas que tenía por esta tragedia. Y, como anécdota, sigue pensando en español y en la residencia francesa donde está ingresado mayoritariamente habla en español.

Hoy, con nuestra actual democracia, podemos pensar que todo esto no volverá a ocurrir, pero debemos defenderla, aunque sea con  todos sus fallos, procuremos que se perfeccione cada día a pesar de esas situaciones extrañas que surgen en nuestro tiempo como por ejemplo que el juez Garzón –el juzgador juzgado- se siente en el banquillo de los acusados porque quiso investigar los crímenes franquistas. No pretendo la defensa del juez estrella, pero algo estamos haciendo mal, aunque el espíritu de mi comentario es totalmente distinto, sólo quiero defender la libertad y bienestar en paz que nos pertenecen.

Nada más, muchas gracias y buenas tardes de nuevo.

domingo, 29 de enero de 2012

Día Internacional en memoria de las víctimas del Holocausto (II)

Vicente Pinilla, presidente de ROLDE, publicó un artículo en Heraldo de Aragón, el pasado 27 de enero, titulado “El Holocausto de los niños”,  donde reflexiona sobre la importancia de la promulgación en 1948 de los Derechos Humanos y de la institución de la conmemoración del día de recuerdo de las víctimas del Holocausto  por parte de las Naciones Unidas, para reflexionar sobre los asesinatos masivos de niños judíos. Se puede acceder a dicho artículo al final de la web siguiente:

http://www.roldedeestudiosaragoneses.org/noticias/exitosa-y-emotiva-conmemoracion-del-dia-internacional-en-memoria-de-las-victimas-del-holocausto-189/

Por otra parte, Josep San Martín, delegado de la Amical de Mauthausen en Aragón, pronunció las siguientes palabras en el acto de conmemoración y de recuerdo de las víctimas del Holocausto, celebrado en las Cortes de Aragón. Reproducimos el texto, gracias a la amabilidad de Josep.

Escribió Miguel de Unamuno que, a veces, el silencio es peor que la mentira. Desgraciadamente aún hay hoy políticos que pretenden esconder con su silencio incomprensible la realidad histórica que llevó a muchos de nuestros compatriotas a sufrir en propia carne la peor de las barbaries que la Humanidad ha vivido. Es una pena que todavía hoy el homenaje a las víctimas tenga que estar empañado por el menosprecio del olvido de quienes ostentan la representación del pueblo y creen que ya no vale la pena invertir en esfuerzos para recuperar la memoria ¡Quizá da miedo la memoria cuando uno teme encontrarse con sus propios fantasmas!

Preservar la Memoria es el antídoto más eficaz para evitarrepetir los mismos errores en el futuro. Y este fue el objetivo de un grupo de deportados republicanos cuando en 1962 fundaron clandestinamente la “Amical de Mauthausen y otros campos”. De aquello, hace ahora 50 años. No hace tantos años, aunque nos parezca una eternidad… El gobierno franquista no les había reconocido la existencia –según el gobierno franquista no había habido compatriotas nuestros en los campos nazis; el franquismo, que había usurpado la patente de ser español, les había despojado hasta de su nacionalidad–, los medios de comunicación no hablaban de todo ello, su memoria era silenciada. Pero aquellos republicanos españoles se resistieron al olvido y continuaron comprometidos en el recuerdo de todas las víctimas del nazismo. Y continuaron luchando, no sólo contra el olvido, sino también por el futuro, por nuestro presente. Lucharon por la democracia que esperaban, por la libertad que se merecían, porque ellos con su sacrificio infinito habían aportado sus vidas para conseguirla. Porque sabían que el nazismo no es una historia de película, no es un holocausto televisivo, los verdugos no son actores vestidos de SS. Ellos lo habían visto, lo habían vivido, lo habían padecido en su propia carne, habían visto morir a muchos compañeros y compañeras bajo aquella barbarie. Y también sabían que el nazismo, o el fascismo, es una ideología latente cuando no está en el poder. Por eso habían firmado aquel manifiesto, al salir de los campos, que les comprometía a seguir luchando por el “¡NUNCA MÁS!” y seguían en ello, y han seguido en ello. Porque aquel nunca más, sigue vigente hoy día. Este día de Memoria nos lo recuerda con insistencia y es obligación ineludible de los que ostentan la representación del pueblo el recordarlo.

Cuando asistimos a rebrotes de xenofobia, a comportamientos y agresiones donde el motivo principal que los genera es un hecho diferencial de cualquier naturaleza, ya sea: la raza, la ideología, la etnia, la religión, el origen, la lengua... entonces tenemos que preguntarnos si no hemos traicionado nuestro deber de transmitir a las nuevas generaciones el bagaje histórico con el que deberíamos haber aprendido que el ser humano, por el hecho de serlo, no está libre de cometer las barbaridades más execrables y más ignominiosas. Que nada, ni la cultura ni los años y años de progreso de la especie humana, ni un nivel económico avanzado, ni el hecho de ser una sociedad desarrollada... casi nada puede evitar que el hombre cometa las atrocidades más execrables.

Pero sí que hay algo que pueden ayudar a la Humanidad para que no llegue a sufrir situaciones como las vividas en Europa bajo la influencia de las ideologías nazis y fascistas: uno de estos remedios es la educación en el respeto a la persona humana, como portadora de los valores más importantes. Toda ideología que ponga por delante los valores económicos, la preponderancia de una nación sobre otra; de una etnia, de una raza, de una religión sobre las demás; toda educación que supedite la persona humana a cualquier valor material, político, estratégico... lleva la semilla que puede acabar encendiendo conductas de intolerancia, aniquilando la libertad, iniciando cualquier tipo de fascismo y posibilitando que una sociedad determinada caiga en la barbarie más absoluta.

Hemos de mantenernos atentos para evitar cualquier signo de retorno a la barbarie, como dice el estribillo de la cantata de Mauthausen:
Apostemos centinelas,
alertemos a los testigos,
subamos a las alturas
para iluminar el mañana.

Estos centinelas que nos han de mantener alerta han de ser las nuevas generaciones; los jóvenes, que tendrán que asumir el compromiso de mantener viva esta llama de la memoria. Y esto es imprescindible hoy mismo, porque hay síntomas suficientes que nos muestran el renacimiento, tanto en la vieja Europa como en el mundo entero, de elementos que llevan el signo de la intolerancia. La juventud que crecerá en este nuevo siglo ha de ser consciente de la importancia que tiene para el futuro de la Humanidad el hecho de no dejarse envenenar por los discursos de los que defienden o aplauden, o no condenan con rotundidad, las ideologías xenófobas y racistas.

Sólo con el respeto a las personas y a las diferencias que las hacen ser únicas podemos construir un mundo digno. Los nazis comenzaron a ser intolerantes con todos aquellos que eran diferentes y acabaron eliminando físicamente a los minusválidos, a las etnias diferentes, a los que pensaban diferente, a los que eran diferentes y no encajaban en aquella raza superior que ellos imaginaban ser. Y la intolerancia les llevó a los crímenes más execrables, también a la eliminación de un millón y medio de niños.

La memoria y el recuerdo del Holocausto han de ser siempre el motivo que nos recuerde insistentemente que la Humanidad tiene el deber, tiene el compromiso ineludible, de luchar porque algo así no vuelva suceder jamás.

sábado, 28 de enero de 2012

Relato del acto celebrado en las Cortes de Aragón

En el enlace que hay al final de esta entrada podéis acceder al relato del solemne acto de conmemoración del día de recuerdo a las víctimas del Holocausto celebrado en las Cortes de Aragón. Yo no pude asistir personalmente pero me consta, por lo que me explica mi amigo San Martín, que el acto estuvo cargado de dignidad y emoción. Una vez más,  se hizo evidente la necesidad de recordar a las víctimas del nazismo y de todos los crímenes contra la humanidad, como una forma de prevenir la repetición de acontecimientos de este tipo.

La colaboración entre Rolde de Estudios Aragoneses y la delegación aragonesa de Amical de Mauthausen para la preparación y desarrollo de este acto, junto a  la participación de los diferentes colectivos implicados, ha permitido llevarlo  a cabo en el Parlamento aragonés por tercer año consecutivo. El esfuerzo personal de quienes han programado y coordinado el acto es merecedor de elogio y quiero dejar constancia del trabajo realizado por Carlos Serrano, de Rolde, y  de Josep Mª San Martín, delegado de la Amical, para dar forma, coordinar las intervenciones, realizar las invitaciones,... Desde aquí mi agradecimiento personal. No pude estar presente físicamente pero, desde la distancia, me enorgullece pensar que nuestra tierra mantine la sensibilidad, demostrada sobradamente durante los últimos años, hacia las víctimas del nazismo, hacia sus entornos familiares y, por extensión, hacia todas las víctimas de la diferentes barbaries que nos ha precedido y que nos afectan en la actualidad.

Y cuando la sensibilidad de quienes nos gobiernan, parece distraída o enfocada hacia otros menesteres, es la hora de no reblar, de seguir trabajando de forma coordinada para unificar los esfuerzos de quienes seguimos pensando que la Memoria de las víctimas es la mejor manera de vacunarnos contra los brotes de intolerancia de esta sociedad, en crisis, que se muestra desorientada en aspectos tan fundamentales.

Enlace con la web de las Cortes de Aragón

viernes, 27 de enero de 2012

Un día para el recuerdo

Niños liberados en el campo de Auschwitz
Publicado hoy en "El Periódico de Aragón"

JUAN M. Calvo Gascón, Amical de Mauthausen 27/01/2012

Un año más --y este es el tercero-- Rolde de Estudios Aragoneses y Amical de Mauthausen han organizado en Zaragoza la conmemoración del Día Internacional en recuerdo a las Víctimas del Holocausto, instituido por Naciones Unidas, en noviembre de 2005, instando a celebrar actos alrededor del día 27 de enero, aniversario de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz por unidades del ejército soviético.
La mayoría de los actos programados se llevan a cabo en sedes parlamentarias --como órganos que representan la voluntad democrática de nuestra sociedad-- y así se ha venido realizando en nuestro país desde que se instituyó dicha celebración. El Congreso de Diputados, el Senado (para los actos estatales programados este año), el Parlament de Cataluña, la Asamblea de Madrid y, desde el 2010, las Cortes de Aragón han sido, y siguen siendo, algunos de los escenarios en los que se rinde un merecido recuerdo y homenaje a los millones de víctimas del exterminio perpetrado por los nazis sobre la población judía europea y sobre otros colectivos sociales: gitanos, testigos de Jehová, homosexuales, disminuidos psíquicos, perseguidos políticos.
En las celebraciones que se organizan este año, se ha establecido como tema central "Los niños y el Holocausto" para recordar a los niños judíos que hallaron la muerte durante aquel negro episodio de la historia europea. Las cifras son aterradoras. Se calcula que un millón y medio de niños y niñas, procedentes de todo el continente europeo, fueron exterminados por los nazis. ¿Qué delito habían cometido? Simplemente el haber nacido en el seno de una familia que pertenecía a un colectivo destinado a ser eliminado. En algunas comunidades judías del este europeo, los niños eran las primeras víctimas abatidas por los nazis y de forma masiva, la población infantil judía europea --tras sufrir ruptura de su familia, y el desarraigo de su entorno social-- fue destinada a las cámaras de gas.
Las imágenes conservadas de las víctimas infantiles nos muestran sus miradas, y algún gesto captado casualmente, transmitiéndonos sensaciones muy diversas según el momento en que se recogió la imagen: alegría, serenidad, contemplación, desconcierto, humillación, dolor, abandono, esperanza- Expresiones, también, de miedo, de incredulidad y de asombro de quienes, confinados en los guetos repartidos por toda Europa, dejaron de buscar explicaciones a la brusca ruptura de su añorada vida cotidiana. Muchas de aquellas instantáneas, recuperadas como memoria colectiva, son anteriores a la persecución y, cuando las contemplamos, lo que destaca de ellas es la inocencia de aquellos niños y niñas ajenos totalmente a la barbarie que se cernía sobre ellos. Miradas de inocentes, que dan verdadero sentido bíblico a la expresión, ahora que conocemos el destino final al que, irremediablemente, fueron conducidos.

LOS TESTIMONIOS de los supervivientes nos hablan del sufrimiento de los niños abandonados en los campos de tránsito, separados definitivamente de sus padres y deportados en fechas posteriores; de la solidaridad entre las internas para ocultar a los recién nacidos y protegerlos, muchas veces sin éxito, de la crueldad de los SS; de los desgarradores lloros nocturnos como expresión del dolor, del miedo y del hambre; de las condiciones inhumanas de los transportes, como el que a principios de 1945, tuvieron que soportar un grupo de mujeres, con sus hijos recién nacidos en brazos, desde Ravensbruck a Bergen-Belsen, entre las que se encontraba una zaragozana y su hija nacida unas semanas antes y cuyo fallecimiento se produjo pocos días después. Historias transmitidas por el compromiso adquirido de recordar la dignidad de cada una de las víctimas desaparecidas.
Las miradas perdidas de los niños que sobrevivieron al horror de los campos, parecían no entender la nueva situación que les llegaba con la liberación.
En nuestro contexto, la recuperación de la memoria de "nuestras" víctimas infantiles del nazismo nos conduce hacia los adolescentes deportados junto a sus padres en el conocido convoy de Angulema, en el que, casi un millar de civiles --hombres mujeres, ancianos y niños-- sufrieron un traslado caótico, bajo las bombas aliadas, desde la ciudad francesa hasta Mauthausen, adonde llegaron el 24 de agosto de 1940 y en cuya estación se vivió el desgarro de la separación definitiva de familias enteras. Muchachos con apenas catorce años fueron conducidos al campo junto a sus padres, mientras que el resto del convoy regresaba hasta la frontera de España donde fueron abandonados. La mayor parte de aquellos adolescentes sobrevivió, pero muchos conocieron la muerte de sus progenitores durante su deportación.
Hoy son los niños o adolescentes supervivientes, compañeros de aquellos otros asesinados en las cámaras de gas, los que aún conservan la voz y el testimonio para recordar a las víctimas de la deportación y del Holocausto, incorporándolas, definitivamente, a nuestro memoria colectiva. Una tarea en la que no cejaremos quienes hemos asumido, como propio, el compromiso adquirido por los supervivientes en aquella primavera de 1945, cuando se abrieron, definitivamente, todas las puertas de los campos de la muerte.

martes, 24 de enero de 2012

Día Internacional en memoria de las víctimas del Holocausto

Acto central en Aragón: Palacio de la Aljafería de Zaragoza, 27 de enero a las 19,30 horas

Un año más la Amical de Mauthausen conjuntamente con Rolde de Estudios Aragoneses organizan el acto principal de recuerdo y homenaje en Aragón, a las víctimas del Holocausto.

Dicho acto se enmarca en el Día Internacional en memoria de las víctimas del Holocausto, fijado por Naciones Unidas en el 27 de enero, día que se recuerda la liberación del campo de exterminio de Auschwitz.

Este año, la conmemoración pone un especial énfasis en el recuerdo y homenaje a los niños y niñas que sufrieron la barbarie. Ese recuerdo forma parte, además, del principal objetivo de esta conmemoración: el aprendizaje y la sensibilización acerca de algo que no está solo en los libros de Historia, y sobre lo que es preciso insistir para que no vuelva a repetirse nada similar.

El acto, que contará con presencia de los representantes de varios de los principales colectivos víctimas de la persecución, la deportación y el exterminio nazi, y con diferentes testimonios e intervenciones, tendrá lugar en el Palacio de la Aljafería de Zaragoza, sede de las Cortes de Aragón, el viernes 27 de enero, a las 19,30 horas.

martes, 27 de diciembre de 2011

CORTES DE ARAGON: Recordando a las víctimas del Holocausto (II)

El 1 de noviembre 2005 la Asamblea General de la ONU, en su sesión plenaria, aprobó una resolución estableciendo el día 27 de enero, aniversario de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz, como una jornada de carácter internacional para recordar a las víctimas del Holocausto. Son numerosas las instituciones que, en todo el mundo occidental, organizan actos de homenaje a los diferentes colectivos de víctimas. El Gobierno de España, el Congreso de Diputados, el Parlament y Gobierno de Cataluña, la Asamblea de Madrid y las Cortes de Aragón, en los dos últimos años, han sido algunas de las instituciones que han llevado a cabo actos de este recuerdo y homenaje.

Ahora que ya se están preparando la realización de la próxima jornada de recuerdo a todas las víctimas del Holocausto, también alrededor del día 27, me parece oportuno traer al blog el artículo que publiqué el año pasado, en  la revista digital andalán.es, justificando la necesidad de programar este tipo de actos.

Por el recuerdo activo de todas las víctimas del Holocausto

Cortes de Aragón. Participantes 2011 . Foto: diarioaragones.com
Por segundo año –a instancias de Rolde de Estudios Aragoneses, Amical de Mauthausen y el Gobierno de Aragón– en las Cortes se rindió homenaje, el pasado 27 de enero, a todas las víctimas del Holocausto. Aragón se incorpora institucionalmente a los actos que se han celebrado durante estos días en distintos lugares de España y en numerosas ciudades, principalmente del mundo occidental, siguiendo la recomendación de las Naciones Unidas.

El genocidio planificado por los nazis se llevó a cabo de forma sistemática y racional, con políticas y estrategias, equiparables a las de la economía productiva, que extendieron el terror y la muerte por el territorio europeo. Millones de hombres, mujeres, ancianos y niños formaron parte de los colectivos de víctimas a quienes los nazis aplicaron su legislación racista, sectaria y discriminatoria. Con la aniquilación de cualquier oposición, los nazis pensaban asegurarse la pervivencia de un régimen totalitario sobre el amplio solar de la vieja Europa, donde la supuesta raza aria ejerciese su preeminencia sobre el resto de la población, considerándola inferior y, consecuentemente, condenada, en algunos casos, a su desaparición o a ser utilizada en su propio beneficio. Bajo estos criterios, el Tercer Reich asesinó a millones de ciudadanos europeos –población judía principalmente– y condenó al trabajo esclavo a hombres y mujeres en unas condiciones que produjeron la muerte a varios cientos de miles de personas por inanición, enfermedad, accidente, agotamiento, torturas y asesinatos.
Entre estos colectivos estaban los enemigos políticos del Reich. Su persecución se inició paralelamente a la llegada de Hítler al poder. Los campos de concentración empezaron a funcionar; sus finalidades y el trato de los guardianes con los internos eran conocidos en el resto de Europa. La prensa internacional, y entre ella la española, habían difundido lo que sucedía en ellos. El 24 de julio de 1934 en el diario “La Voz” de Madrid se podía leer:
Goereing y Goebbels irradian júbilo por todos sus poros. Nadie les iba a la mano en sus crueldades represivas. Los campos de concentración, cuyo régimen era incomparablemente más duro que el implantado en los que albergaban a los prisioneros de la Gran Guerra, se extendían por Alemania. En octubre ascendían ya a 45 y contenían ceca de 100.000 confinados, tratados como bestias de carga y torturados inquisitorialmente. Donde se cometían sevicias más criminales era en los campos de Orainenburgo y de Dachau. En éste imperaba el vesánico Edmundo Heines, con atribuciones ilimitadas. Obligaba a los presos a comer hierba, mientras los S.A. los azotaban implacablemente. Les hacía desnudar y apalear desnudos hasta que perdían el sentido; les hundía el rostro entre excrementos…
El artículo seguía enumerando las torturas infligidas a los internos en el campo de Dachau… ¡ya en 1933! Los signos de lo que sucedía eran evidentes, sus métodos y objetivos se conocían, se divulgaban,… Entonces, ¿hacia dónde miraban los estadistas responsables de la Europa democrática y civilizada?, ¿por qué no se hizo caso de quienes alertaban sobre el peligro que aquel germen siniestro?, ¿qué intereses cómplices, permitieron el desarrollo y el contagio de los valores del nazismo? ¿hemos aprendido la lección?. Cuando se analiza la difusión de lo que ocurría en los inicios de la Alemania nazi, quizá sea necesario recordar que el conocimiento previo de la barbarie no es suficiente para derrotarla. Ante cualquier vulneración de los Derechos Humanos, la información es imprescindible, pero la única forma de atajarla, minimizando su efecto, es mediante el compromiso crítico y una actitud beligerante -individual y colectiva- en su defensa sin fisuras ni matices.
Es nuestro deber el recordar a las víctimas del Holocausto y de la persecución nazi, entre las que se cuentan los más de 9.300 españoles deportados a los campos entre 1940 y 1945. Denunciar lo ocurrido hace 70 años tiene sentido, hoy más que nunca, para fortalecernos ante los miedos y contradicciones del mundo actual, cuando es muy fácil culpar, de las dificultades cotidianas, al extranjero, al más débil, al diferente, al… ¿inferior?, y cuando, muy a menudo, se banaliza lo fundamental y se encumbra la trivialidad más insignificante y ofensiva. En nuestras manos está la capacidad de evitar –aprendiendo de las lecciones del pasado– el sufrimiento, individual o colectivo, producto de las amenazas xenófobas y discriminatorias que se esparcen por doquier.


domingo, 9 de octubre de 2011

REPUBLICANOS ARAGONESES EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL. Una historia de exilio, trabajo y lucha (1939-1945)


Bajo este título, en diciembre de 2010, se publicaba el libro del joven historiador zaragozano Diego Gaspar Celaya, editado por Rolde de Estudios Aragoneses en la colección “Aragón contemporáneo”, dirigida por Julián Casanova.
Diego -a quien conozco desde que asistió a una de las Jornadas sobre la deportación que venimos  celebrando en Ejulve desde 2005- ha realizado una acertada síntesis del complejo y amplio exilio de los republicanos aragoneses durante el periodo de la Segunda Guerra Mundial: desde los campos de refugiados franceses, a la resistencia, los trabajos forzados, la deportación,…. Unos periplos colectivos a los que el autor dedica su investigación universitaria y que  cuenta, también, con la presencia y testimonio personal de algunas de las víctimas, o familiares, de quienes los vivieron directamente.  
Esta es la nota de prensa que Rolde publicó, sobre el libro de Diego Gaspar, que transcribimos:

El libro
Esta publicación recupera la memoria de los aragoneses que, abocados al exilio tras la derrota republicana de 1939, se vieron envueltos en la dinámica bélica de la Segunda Guerra Mundial. La investigación pone de relieve las acciones que los aragoneses exiliados en Francia llevaron a cabo durante el periodo 1939-1945. El estudio del componente específico aragonés ha contribuido al análisis y comprensión de la globalidad española exiliada. No en vano para llevarla a cabo ha sido necesaria una constante puesta en relación de las acciones del colectivo español con los itinerarios, testimonios y acciones llevadas a cabo por los aragoneses en este periodo que han aportado nuevas percepciones y matices a la investigación. Un riguroso trabajo sobre archivos españoles y franceses, con importantes aportaciones de la historia oral, y un metódico tratamiento de fuentes secundarias, han dado como resultado una publicación de referencia en el ámbito de la historia aragonesa del siglo XX.

El autor
Diego Gaspar Celaya (Zaragoza, 1982). Licenciado en Historia por la Universidad de Zaragoza, dedica sus esfuerzos a estudiar el exilio de los republicanos españoles en Francia durante la Segunda Guerra Mundial. En constante relación con la documentación francesa, ha trabajado intensamente en París en colaboración con la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS), con el Colegio de España (CiUP) y con el Instituto Cervantes de la capital francesa.
En esta obra, Diego Gaspar presenta el resultado de una investigación centrada en la participación aragonesa en el mayor conflicto armado mundial contemporáneo.

La colección
“Aragón contemporáneo” es una nueva colección dirigida por el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza Julián Casanova, con la que REA pone al alcance de los lectores elementos de análisis y debate sobre los acontecimientos que han marcado nuestra historia en los dos últimos siglos. Investigaciones novedosas que aúnan rigor científico y voluntad divulgativa… textos, en suma, que hacen valer la idea de que la Historia, más allá de su consideración de estudio del pasado para la comprensión del presente, es también un arma cargada de futuro.

viernes, 7 de octubre de 2011

CORTES DE ARAGON: Recordando a las víctimas del Holocausto.


Josep San Martín, Miguel A. Lafuente, Vicente Pinilla y Carmen Martínez
El artículo que sigue lo publiqué en “El Periódico de Aragón” el día 26 de enero de 2010 coincidiendo con la primera celebración, en las Cortes de Aragón, del día dedicado a recordar a las víctimas del Holocausto instituido por la ONU. Aquella jornada se llevó a cabo por la iniciativa de ROLDE de Estudios Aragoneses y la Amical de Mauthausen, en colaboración con el Programa Amarga Memoria del Gobierno de Aragón, y tuvo continuidad en la celebración que se organizó, por segundo año consecutivo, en dicha sede parlamentaria, el pasado mes de enero. Me ha parecido oportuno recordarlo en estos momentos, en los que se tendría que empezar a programar los actos del año 2012, de tal forma que en las Cortes, máxima institución representativa de Aragón, se vuelva a homenajear -contando con la participación de las organizaciones e instituciones sensibles- a todas las víctimas inocentes de la barbarie diseñada por Hitler y sus esbirros. Y para no olvidar que, entre los millones de víctimas procedentes de toda Europa, hubo unos 650 aragoneses, la mayor parte de ellos exiliados como consecuencia de la derrota de 1939,  formando parte del colectivo de los más de mil que fueron deportados entre 1940 y 1945 a los campos de concentración nazis.


HOMENAJE A LAS VÍCTIMAS DEL HOLOCAUSTO: Mantener su memoria, un acto de responsabilidad ciudadana.

Desde que en noviembre de 2005 la Asamblea General de la ONU declaraba el  27 de enero  - día de 1945 en que se liberó el campo de Auschwitz-  como Día Internacional de Conmemoración anual en memoria de las víctimas del Holocausto, en muchos países se vienen celebrando  actos de homenaje –de diferentes formatos- con presencia institucional, de representantes de las víctimas y de los diversos colectivos afectados por la persecución y el exterminio planificado por los nazis.

Actos de conmemoración  con la intencionalidad explícita de mantener vivo el recuerdo de las injusticias cometidas con aquellos millones de hombres y mujeres que se vieron arrastrados a la muerte colectiva en las cámaras de gas  o, en el mejor de los casos, a la humillante  explotación mediante del trabajo esclavo en campos e instalaciones fabriles,  donde la vida y la muerte se entremezclaban cotidianamente y el destino era algo tan concreto e inmediato como llegar con vida a la mañana siguiente. Experiencias colectivas, dolorosamente descritas por los testimonios individuales –siempre emocionantes, sobrecogedores y necesarios- de los supervivientes de la barbarie.

El deber de la memoria de las víctimas de aquella intolerancia –y por extensión de todas las otras formas de intolerancia- como una obligación moral y ética de la ciudadanía que se quiere sentir comprometida, de forma crítica,  con el logro de un futuro donde los Derechos Humanos sean la guía de la convivencia pacífica en nuestro entorno más inmediato. Pero  también, como habitantes de la aldea global, luchar por conseguir su preeminencia, sin renuncias ni fisuras, en cualquier rincón del mundo. El recuerdo de las víctimas, el conocimiento de las circunstancias históricas y sociales que explican la existencia del Holocausto y la eliminación de los colectivos opuestos al fanatismo ideológico y racial del Reich alemán, nos han de ayudar a adquirir este compromiso ético, personal y colectivo, como vacuna protectora de cualquier otra barbarie similar.  Contextualizando esto en nuestro entorno y en nuestro tiempo: sólo denunciando las atrocidades cometidas por los nazis, en nombre de una supuesta supremacía racial y recordando a sus víctimas, podremos hacernos fuertes y cargarnos de razones para erradicar cualquier actitud xenófoba en nuestras sociedades supuestamente  avanzadas y democráticas.

El concepto de víctima del nazismo se multiplica y se extiende más allá de los infelices que  murieron gaseados en las cámaras de los campos de exterminio, o que fueron asesinados mediante otros métodos igualmente deleznables y, también, de los miles de hombres, mujeres y niños muertos por hambre, inanición o enfermedad, ante la mirada impotente de sus compañeros de cautiverio. También han sido víctimas, y los siguen siendo, las viudas, los supervivientes y sus esposas y los hermanos e hijos de quienes penaron, sufrieron y/o murieron durante su deportación. Millones de personas vieron truncadas sus aspiraciones y anhelos, proyectos individuales que se perdieron para siempre; y aquellos que llegaron vivos  a la liberación de los campos siguieron acompañados por el silencio, el desconocimiento, la incomprensión y, en ocasiones -como nos relató el sefardita Samuel Modiano de Rodas (superviviente de Auschwitz-Birkenau)- “viviendo con un permanente sentimiento de culpabilidad por ser el único superviviente de toda la familia; sólo he recuperado el verdadero sentido de la vida dando testimonio de lo sucedido”.

Entre los millones de víctimas internacionales causadas por el nazismo figura un grupo específico, cercano a todos nosotros,  que nos atañe y nos responsabiliza por tantos años de silencio: más de 9.000 españoles fueron deportados a los campos nazis entre 1940 y 1945, de los que más de 6.000 hallaron la muerte durante su deportación. Su único delito, que les dignifica, fue ser declarados enemigos del Reich, tras haberse enfrentado dos veces contra el fascismo: primero en España,  defendiendo el gobierno legítimo de la República y después, ya en el exilio, luchando contra los nazis en  territorio francés. 

Es loable, por todo ello, el hecho de que Aragón se sume, por primera vez, al merecido homenaje de las víctimas -promovido por ROLDE y Amical de Mauthausen- y que se haga en sede parlamentaria, como máxima institución representativa de la sociedad aragonesa, complementando, de alguna forma,  la sensibilidad y los proyectos promovidos por el Programa Amarga Memoria del Gobierno de Aragón.  Es necesario recordar que entre aquellos republicanos deportados hubo algo más de un millar de aragoneses. Su recuerdo ha permanecido en nuestra tierra gracias al trabajo de familiares y antiguos deportados, entre los que podemos citar a Mariano Constante (Capdesaso), Feliciano Gracia (Gallur)  o Julio Casabona (Sariñena) y, en los últimos años, a la generación de nietos y nietas que quieren saber, sin miedos ni tapujos, qué es lo que sucedió. A ellos se refería el amigo Paco Batiste (Vinaroz), en mayo de 2005, ante un grupo de estudiantes en el propio campo de Mauthasen: “los nietos, sois nuestra esperanza. El mensaje que os queremos transmitir es el de la tolerancia. Lo que ocurrió aquí sucedió porque hubo quien se creyó superior. Tenéis que ser tolerantes con los otros pueblos, con las otras creencias y con las otras lenguas. Sólo la tolerancia evitará que algo así pueda ocurrir de nuevo”.

domingo, 17 de julio de 2011

ROLDE nº 130-131: “Itinerarios de exilio y deportación”


El número 130-131 de la revista ROLDE se publicó en diciebre de 2009, unas semanas antes de la celebración, el 27 de enero de 2010, del Día internacional de conmemoración anual en memoria de las víctimas del Holocausto, que por primera vez se celebraba en las Cortes de Aragón, organizado, a su vez,  por el Rolde de Estudios Aragoneses y Amical de Mauthausen con la colaboración del programa Amarga Memoria del Gobierno de Aragón. En dicho número publiqué un artículo con el título “Itinerarios de exilio y deportación (1939-1945): Republicanos aragoneses en los campos nazis” donde se recogía, en síntesis, el esquema de lo que después he desarrollado en el libro “Itinerarios e identidades. Republicanos aragoneses deportados a los campos nazis”.

El artículo en cuestión, que empieza  con el texto que cierra esta entrada, se puede descargar en formato PDF directamente, en el siguiente enlace de la web de la revista de cultura aragonesa:

Estas páginas están dedicadas a los aragoneses y aragonesas que, por diferentes circunstancias fueron deportados a los «campos de la muerte» creados por los nazis como centros de internamiento, donde el trabajo esclavo, la humillación, la enfermedad y el asesinato, en sus múltiples variantes, acabaron con la vida de cientos de miles de hombres y mujeres entre 1939 y 1945. No nos hemos propuesto describir las cruentas experiencias sufridas por un millar de aragoneses en aquellos antros de terror y muerte –la bibliografía citada puede resultar mucho más útil– más bien hemos querido acercarnos a las características del grupo, a su procedencia y a sus itinerarios vitales, ayudándonos de los datos dispersos y de las pinceladas que nos dan las experiencias individuales, para construir un pequeño mosaico impresionista sobre aquel
colectivo de hombres y mujeres que penaron y, en muchos casos, murieron por el sólo hecho de haber soñado y luchado por una sociedad donde las palabras justicia y libertad adquiriesen su auténtico sentido.