(Tras unas semanas de descanso retomo la actividad en el blog)
Ya está editado el nº 43 del boletín "Nunca Más" de la Amical de Mauthausen, en el que se resumen algunas de las actividades desarrolladas por la asociación en los meses anteriores.
Cabe destacar, entre ellas:
- El viaje de homenaje realizado a Mauthausen.
- Un artículo valorativo de la Junta sobre el valor del homenaje a los republicanos en este campo.
- La participación en los actos conmemorativos de la liberación de Buchenwald.
- Una nota biográfica del militar republicano Juan Sáez Tomás
- Diferentes actos realizados en Mollet, Fuencarral, Guadalajara, Brams, Prayols,...
- Recuerdo a Montserrat Roig, Joaquim Amat-Piniella, Clement Mèric,..
- ....
En los siguientes enlaces se accede al Boletín
Castellano: http://www.amical-mauthausen.org/butlletins/boletin-43cast.pdf
Catalán: http://www.amical-mauthausen.org/butlletins/boletin-43cat.pdf
Ver: http://www.amical-mauthausen.org/
Memoria y dignidad para los republicanos que fueron víctimas, directas e indirectas, de la Guerra de España y del nazismo
domingo, 15 de septiembre de 2013
sábado, 13 de julio de 2013
"La bibliotecaria de Auschwitz" de Antonio G. Iturbe
Acabo
de leer “La bibliotecaria de Auschwitz, un
libro del escritor Antonio G. Iturbe –zaragozano afincado, desde niño, en Barcelona- en el que narra la vida novelada de Dita Dorachova (Kraus en la
actualidad) que fue deportada, junto a su familia y otros miles de judíos checos,
desde la ciudad de Praga a Terezin.
Posteriormente fueron trasladados a Auschwitz donde Dita participó, con 14
años, en una experiencia inaudita: la colaboración en una escuela
clandestina, para varios centenares de niños que se hallaban en el barracón 31
del llamado “campo familiar”. Ella era la encargada de la biblioteca, formada por unos pocos libros conseguidos
gracias a la osadía de varios deportados que lograron ocultarlos.
El
libro de Iturbe reconstruye el mundo sórdido de la deportación, el sufrimiento,
la enfermedad, la incertidumbre ante el futuro más inmediato, la desconfianza,
la envidia, la muerte,… pero también recoge momentos en los que hubo destellos
de amor, de resistencia, de dignidad y
de esperanza en superar lo que parecía imposible de soportar.
Dita,
se había creado un álbum fotográfico mental mediante el cual podemos conocer
retazos de su infancia pequeñoburguesa en la ciudad de Praga. Una infancia que
se le rompió con la invasión de los alemanes y la implantación de las políticas
segregacionistas, que acabaron con una comunidad judía milenaria, con las
ilusiones de millares de personas y la muerte de la mayoría de ellas en Auschwitz.
La biblioteca más pequeña del mundo, con poco más de media docena de ejemplares, se convierte en algo más que un símbolo de lucha por la dignidad de las personas y de su propia supervivencia. Como bien se dice en el libro, la lectura y los libros, no salvan vidas pero sin libros se pierde la humanidad.
Jorge
Semprún defendía que sólo desde la literatura se podría hacer una aproximación a
algunos de los aspectos del horror vivido y sufrido por los internos en los
campos de la muerte. Antonio G.
Iturbide lo ha conseguido y ha logrado una excelente obra donde la experiencia novelada de Dita, se
complementa con un planteamiento literario que mantiene la pulsión de la
protagonista y la emoción hasta las últimas líneas del texto.
Enlaces:
Entrevista
a Dita Kraus en Barcelona: http://www.lavanguardia.com/lacontra/20121009/54352793349/la-contra-dita-kraus.html
Dos
enlaces con el blog de Antón Castro, que fue quien me recomendó el libro:
Noticia
y vídeo de la novela: http://www.antena3.com/noticias/cultura/antonio-iturbe-revive-historia-novela-bibliotecaria-auschwitz_2012100400026.html
Una
entrevista a Antonio G. Itube: http://www.rtve.es/noticias/20121030/bibliotecaria-auschwitz-antonio-iturbe/572293.shtml
Premio
otorgado el pasado mes de mayo: http://www.elperiodico.com/es/noticias/ocio-y-cultura/premio-para-biblioteca-auschwitz-antoni-iturbe-2366108
domingo, 16 de junio de 2013
ANTONI IBERN EROLES: un siglo de supervivencia (II)
De Mauthausen a Àger
![]() |
| Antoni Ibern |
Los republicanos
liberados en Mauthausen, el 5 de mayo de 1945, tuvieron que permanecer varias
semanas en el campo. Como decía en la entrada anterior, no sabían dónde
dirigirse. Hasta un mes más tarde no fueron repatriados y Antoni fue trasladado
a París, por los americanos, el 6 de junio. En la capital francesa permaneció
varios meses recuperando fuerzas y documentación que le identificase
legalmente, puesto que nada tenía salvo la precariedad con la que había sido
rescatado del campo.
De París, Antoni
de dirigió hacia el sur, hacia Toulouse, la ciudad de los exiliados
republicanos. Allí se instaló y fue incorporándose a una vida laboral que no le
satisfacía. Aguantó cuatro años, pero la muerte de un compañero de Mauthausen,
Miguel Mazarico, leridano como él con quien compartía la vida, fue lo que le
animó a tomar la decisión de regresar. Nada había hecho, de nada tenía que
arrepentirse, él sólo había cumplido con el deber de defender la legitimidad
republicana, no tenía ningún cargo de
conciencia y, en octubre de 1949, cruzó la frontera de forma clandestina
presentándose en su domicilio en Àger.
Pero la familia
estaba marcada. Su padre había sido fusilado por los franquistas, el 14 de
diciembre de 1938, y su madre y su hermana habían sido encarceladas: su
hermana, por ser menor de edad, pasó en prisión un año, pero su madre
permaneció cinco largos años en la cárcel. Su hermano Josep había luchado en la
Guerra Civil, en el exilio se alistó en la legión Extranjera francesa y
combatió contra los nazis; cuando fue desmovilizado regresó a España en 1940, fue detenido y posteriormente condenado
por un tribunal militar; tras ser puesto en libertad en 1941, pasó a Francia y
participó en los grupos que ayudaban a evadirse, por los Pirineos, a los perseguidos
por el nazismo (ver enlace a su biografía).
Las cosas, por
lo tanto, estaban muy mal en Àger, peor de lo que él había imaginado y por
prudencia y temor, Antoni permaneció cinco largos meses encerrado en casa. Sin
salir para nada, sin dejarse ver, durmiendo, a veces, en el desván. ¡Prisionero
de nuevo en su propia casa! Aquello no era vida y el 9 de febrero de 1950, tomó
la decisión de dar la cara y se fue a trabajar al campo. Para eso había
regresado, para dedicarse a lo que sabía hacer: el cuidado de la hacienda
familiar. La Guardia Civil fue a buscarlo, lo detuvo y lo encerraron en el calabozo
del cuartel, donde permaneció varios días, tras los cuales fue trasladado a la
prisión de Balaguer y posteriormente, conducido brutalmente, a la Audiencia de
Lérida. Tuvo que pasar otros cinco meses en la cárcel hasta que, revisada su
causa, fue puesto en libertad.
![]() |
| Antoni y María en Âger (2000). La Vanguardia |
Triste realidad
la de Antoni y la de los otros supervivientes, que habían decidido regresar a
España en los años inmediatos a su liberación. Mientras que sus compañeros
internacionales eran recibidos en sus países de origen como héroes, eran
reconocidos y cuidados, en España corrían peligro de ser denunciados,
perseguidos y represaliados. El caso de Antoni es la evidencia de lo que
decimos y al drama de su experiencia vivida durante su deportación, tuvo que
sumar la rabia de la opresiva realidad española que les condenaba al silencio y
al ostracismo.
Antoni, no se
derrumbó, no había luchado y sufrido tanto para acabar derrotado y humillado.
La vida seguía, conoció a María, la que se convertiría en su esposa en
septiembre de 1951. Sus hijos Antonio y Montserrat, nacieron en 1952 y 1958
respectivamente y Antoni se dedicó a la agricultura en Àger hasta su
jubilación.
La
creación de la Amical de Mauthausen en 1962, por un grupo de supervivientes, en
Barcelona, significó un cambio importante en la vida de Antoni. El contacto con
sus compañeros de deportación que habían regresado y se encontraban dispersos
por España, y con los familiares de las víctimas, les identificaba como
colectivo y, por fin, podrían reivindicar sus derechos y su dignidad. Hubo solicitudes de indemnizaciones al
gobierno alemán que nunca llegaron a compensar los daños causados durante su
deportación. En este sentido, Antoni siguió reclamando sus derechos y el
periódico “La Vanguardia” (7/11/2000)
publicaba, bajo el título “Un dolor impagable”, la noticia de que “Un anciano de Àger reclama una compensación
a Alemania por los años pasados en el campo de concentración de Mauthausen”.
Antoni recordaba pasajes de su estancia en Mauthausen: “Aquello estaba pensado para exterminar, para matar lentamente a las personas…Cuando
nos levantábamos por las mañanas había decenas de prisioneros carbonizados en
la valla eléctrica del recinto. Se suicidaban por la noche porque no soportaban
aquella vida” y como conclusión a su reivindicación decía: “Lo que yo he pasado no se paga ni con todo
el oro del mundo”. Su experiencia fue una de las biografiadas en el libro
de David Bassa, “Memoria de l’infern” (Edicions 62, 2002) de donde he tomado
alguno de los datos de la vida de Antoni.
Una
vida tan dura deja secuelas psicológicas indelebles que sólo pueden ser
superadas por una personalidad fuerte y un entorno familiar positivo. Antoni,
afortunadamente, ha tenido lo uno y lo otro, pero las secuelas físicas han sido
más crueles: la herida en un ojo, durante la guerra y la falta de cuidados
durante el exilio y su deportación le fueron creando progresivos problemas en
sus ojos hasta que, hace unos años, perdió definitivamente la vista.
Por
circunstancias familiares, Antoni y María residieron durante un tiempo en
Zaragoza, ciudad donde reside su hijo,
pero en sus mentes estaba el regreso a su pueblo al que siempre estuvieron
vinculados y allí regresaron. Antoni, sigue en Àger, acompañado por su esposa María
y por sus compañeros de residencia. Siente muy próximos a los suyos, que le han
acompañado en la celebración en su cumpleaños centenario. Su largo siglo de
vida es un ejemplo dónde identificarnos quienes creemos en valores
imprescindibles como la lucha por la libertad, la resistencia ante las
dificultades, la dignidad de todas las personas y la solidaridad universal. ¡Gracias
Antoni!
viernes, 7 de junio de 2013
ANTONI IBERN EROLES: un siglo de supervivencia (I)
| Antoni Ibern. Carnet de deportado |
Durante la
mañana del pasado 18 de mayo, en un sencillo acto en la Residencia de la “Gent
Gran” de la localidad leridana de Àger, el director de los Servicios del
Departamento de Bienestar Social y Familia de la Generalitat de Cataluña,
entregó unas Medallas Centenarias a tres
personas que habían cumplido, o estaban a punto de cumplir, los 100 años de
vida. Entre aquellas tres personas homenajeadas se encontraba Antoni Ibern
Eroles y en la escueta nota de la
Generalitat podíamos leer:
“Antoni Ibern i Eroles nació al 7 de junio de
1913 en Àger, donde trabajó de agricultor. Explica que nunca podrá borrar de la
memoria los cuatro años y medio que pasó preso en el campo de concentración de
Mauthausen. Actualmente vive en la residencia de Àger con su esposa, con quien
ha tenido dos hijos que le han dado tres nietos”
Ha sido por una
de sus nietas, Noemí, por quien hemos conocido este acontecimiento: la
celebración de un siglo de vida –también de abnegación, dignidad y
supervivencia- de su abuelo Antoni que
hoy, todavía recuerda los pasajes más dolorosos de su experiencia durante su
deportación junto a otros muchos compañeros de infortunio, los cuales no
tuvieron su suerte y no pudieron sobrevivir al destino que la sinrazón les
había destinado.
De Àger a
Mauthausen.
La vida de
Antoni transcurría en su localidad natal sin estridencias, viviendo
humildemente de su trabajo como “pagès", hasta que, en aquel principio de verano
de 1936, cuando la cosecha de cereal requería la mano dispuesta de los
segadores para recoger el grano, se desató una tormenta –el golpe militar del
18 de julio y el inicio de la Guerra de España-
que cambiaría para siempre, y de forma dramática, su vida familiar y la de
millones de personas.
Aquel
verano, Antoni había ido como segador a Albesa, una población situada a una cuarentena
de kilómetros al sur de Àger, donde los primeros días del mes de septiembre,
junto a un grupo de jornaleros, decidió alistarse en una de las unidades que se
estaban formando en Lérida con destino al frente de Aragón. Fue herido en un ojo por la metralla de una
bomba lo que le mantuvo, varios meses, alejado del frente. Participó en la
Batalla del Ebro, donde se perdieron todas las esperanzas de cambiar el destino
de la Guerra.
El exilio hacia
Francia fue el camino que tuvo que recorrer Antoni, como uno más de los
republicanos derrotados en su lucha contra los golpistas comandados por Franco.
Al igual que tantos otros miles de compatriotas, conoció el internamiento en
los campos del sur de Francia. Concretamente estuvo en Le Vernet y
posteriormente fue trasladado al campo de Septfonds, situado en las
proximidades de la ciudad de Montauban, al norte de Toulouse. Mientras estuvo en los campos de Francia pudo
salir a trabajar como campesino a alguna de las explotaciones agrícolas de los
alrededores, pero desde Septfonds, la única salida viable era la de alistarse a
las Compañías de Trabajadores Extranjeros. Antoni formó parte de la 33ª
Compañía que, como muchas otras, fue destinada a realizar obras defensivas en
la conocida línea Maginot.
La invasión
alemana desbordó a Francia, quedando demostrada la inutilidad de las defensas
previstas por los responsables militares franceses. Esta derrota tan rápida y
tan completa dejó en el desamparo más absoluto a los republicanos de las
Compañías que tuvieron que emprender una retirada de las zonas fronterizas
donde se encontraban. Antoni, junto al resto de republicanos de su Compañía y
de otras muchas que tomaron la misma determinación, huyeron hacia el norte
hasta las playas de playas de Dunkerque donde fueron confluyendo varios miles
de republicanos. Alli, en Dunkerque, conocieron de nuevo la impotente sensación
del abandono al impedirles, los oficiales aliados, su acceso a los barcos que
estaban evacuando sus tropas. La aviación alemana ametrallaba continuamente, a
diestro y siniestro, a los concentrados en las playas y a quienes intentaban
acercarse a los barcos. En aquellas jornadas de finales de mayo de 1940, los
republicanos veían con impotencia el triunfo de los alemanes y se incrementaba
el miedo a caer en sus manos. Huidas a la desesperada, sin dirección fija hasta
que varias decenas de miles de españoles fueron hechos prisioneros en las
siguientes jornadas. Antoni fue detenido el 22 de junio y trasladado a uno de los campos de prisioneros de guerra (stalag)
que había en las cercanías de la ciudad de Estrasburg.
En este stalag, el V-D, permaneció Antoni alrededor
de medio año. En diciembre, un grupo de unos 850 republicanos fue obligado a
subir a los vagones de unos trenes de carga con destino desconocido. Las
penalidades del viaje, contadas por Antoni,
narran el hacinamiento, el cansancio, el hambre, el dolor, el olor a
excrementos, …. Un viaje que, por las condiciones en que se realizó, nada bueno
podía esperarles al final de trayecto. En la estación de Mauthausen, conocieron
el trato inhumano de los SS que actuaban con extrema violencia para hacer
descender de los vagones a los recién llegados. La entrada en el
campo austríaco la realizaron aquellos 846 españoles el 13 de diciembre. Tras
los formulismos establecidos para la recepción de prisioneros, les fue
distribuida la ropa, el triángulo azul que los identificaba como apátridas, y
el número de matrícula. A Antoni le fue adjudicada la 4896 que mantuvo durante
los cuatro años y medio que duró su estancia en el campo. Estuvo trabajando en
la cantera, utilizó un martillo compresor para arrancar los bloques de granito,
también trabajó en el Danubio cargando bloques de piedra en las barcazas que
los distribuían por las ciudades austríacas o alemanas. También estuvo
destinado a la enfermería, donde conoció las condiciones en que malvivían los
enfermos y heridos, muchos de los cuales acababan muriendo o eran eliminados
directamente. En estos destinos Antoni
conoció el trato despiadado de los kapos
y de los SS hacia los internos, pero también la solidaridad entre
los deportados que les ayudaba a soportar, día a día, aquella situación que
parecía negarles cualquier señal de esperanza en el futuro.
Suerte, Antoni,
en definitiva, tuvo suerte y pudo llegar vivo al 5 de mayo de 1945. La
liberación del campo de Mauthausen puso en evidencia una de las características
propias del colectivo de los deportados republicanos: su orfandad. Cuando los
deportados de todas las nacionalidades regresaban a su país ¿dónde podían
dirigirse los españoles? Nadie les reclamaba como suyos. ¿Qué hacer? Pedir su repatriación
a España, en aquellos momentos, era impensable. Hubo quienes intentaron ser
repatriados a la Unión Soviética. Otros pocos se quedaron en Austria. Pero en
general ¿qué sería de ellos? Por fin,
Francia les aceptó y fueron repatriados al país vecino. Empezaba una
nueva etapa para los supervivientes: el difícil ejercicio de rehacer su vida
con el enorme peso del recuerdo y de las secuelas de su deportación. Antoni, no
se amedrantó, tenía el futuro por delante y había que enfrentase a él con
decisión, como lo había hecho en todas las situaciones difíciles que le habían
tocado vivir.
sábado, 1 de junio de 2013
FELICIANO GRACIA ZALAYA: de Gallur a Buchenwald
![]() |
| Feliciano Gracia Zalaya. Foto: Heraldo de Aragón |
Y me ha parecido oportuno recordar a Feliciano, un campesino de la ribera del Ebro, que supo vivir con humildad y dignidad y que veló para que la memoria de la deportación no se perdiese con el paso del tiempo.
El texto biográfico que sigue corresponde al publicado en: Juan M. CALVO GASCÓN (2008) “Feliciano Gracia Zalaya”
en Who resisted. Biographies of Resistance Fighters from entire Europe
in the Mauthausen Concentration Camp. Viena, Ed.Mauthausen, pp. 401 a 404.
FELICIANO GRACIA
ZALAYA: agricultor de memoria y dignidad
Una placa,
en la biblioteca pública de Gallur (Zaragoza),
recuerda el cariño de sus vecinos al darle su nombre a esta institución cultural.
recuerda el cariño de sus vecinos al darle su nombre a esta institución cultural.
Feliciano nació en esta localidad
zaragozana el 3 de mayo de 1916 y su juventud estuvo ligada a la ideología
socialista, cuyo sindicato, la
Unión General de Trabajadores, estaba fuertemente implantado
en la comarca debido a la presencia de una importante industria harinera. Ocupó
cargos de responsabilidad en las Juventudes Socialistas figurando, en 1936,
como secretario de la agrupación local y
tesorero de su Junta directiva.
Gallur, tras el golpe de estado que
desembocó en la guerra civil, quedó en manos de los fascistas sublevados,
iniciándose una dura represión contra quienes se habían significado por su
republicanismo progresista. Feliciano consiguió evadirse a la zona leal al
gobierno de la República,
lo que le llevó, como a otros millares de combatientes, al exilio.
Cruzó la
frontera francesa el 2 de febrero de 1939, siendo confinado en el campo
de Argeles-sur-Mer y, posteriormente,
formó parte de la 187ª CTE hasta la ocupación alemana. Colaborador con
la resistencia contra los nazis, su detención la resumía con las siguientes
palabras: Yo pertenecía a la resistencia a réseau de Fumel (Lot et Garonne)
en el año 1942, 2 de noviembre, fui cogido por la Huitieme Brigada
Especial de Zuzech (Lot) fui trasladado a Saint Etienne de Toulouse, de dicho
centro a la prisión militar Plaza Fusgole nº 2 de dicha capital, de allí a la
prisión de San Michel, siempre en
Toulouse, en el año 1944 fui juzgado en dicha capital”[1].
Acusado como
resistente fue encarcelado hasta que, a finales de julio de 1944, los alemanes
decidieron evacuar los centros penitenciarios de Toulouse y deportar a buena
parte de los internos a Alemania. Feliciano formó parte del convoy que, el 30
de julio, conduciría a 1.088 hombres -entre los que se hallaban unos
ochenta republicanos españoles- a Buchenwald y 101
mujeres a Ravensbruck.[2].
Ingresó en Buchenwald el 6 de agosto,
asignándosele la matrícula 69.559 y unos años más tarde declaraba sobre su
experiencia y la de sus compañeros en aquel campo nazi: “cuando entrabas al
campo dejabas de ser un hombre te convertías en un número, te despojaban de tus
ropas, te afeitaban como si fueras un animal y a partir de ahí ya no ocurría
nada bueno, lo que importaba era sobrevivir para poder contarlo (...)apenas nos
daban de comer, hacían raciones muy escasas para ver lo que podía resistir el
cuerpo; lo cierto es que muchos murieron agotados, solo les quedaban los huesos
y la piel (...) La gente estaba muy débil, se desplomaba cuando caminaba entre
las calles que unían los distintos barracones, pues pasaban con carros y cogían
los cuerpos como si fueran desperdicios[3].
A pesar de
estas palabras que dejan bien patente el trato inhumano al que fueron sometidos
quienes sufrieron la deportación, Feliciano era consciente de su suerte al
haber obtenido un destino que le mantenía alejado de los trabajos más duros,
pero denunciaba las condiciones de vida y reconocía la imprescindible
solidaridad para sobrevivir: “Allí me tocó trabajar en la lavandería con
montones de ropa que no sé si eran de muertos o de vivos; si el trato no te
mataba lo hacía la comida, nos daban casi siempre caldo, salchichón sintético,
que cada día tenía el gusto que el químico quería darle, un pedazo de pan de
centeno y fécula de patata... de no tener a alguien fuera que te ayudase,
proporcionándote ropas y cobijo; era imposible y si te cogían intentando
escaparte ya sabías lo que te tocaba: ir a la horca acompañado por una orquesta
formada por los propios internos.
En varias de
las cartas de Feliciano, conservadas en el archivo de la Amical española,
encontramos referencias puntuales a su paso por Buchenwal que nos ayudan a
conocer la penuria y los malos tratos a los que fue sometido durante su
internamiento “allí fui golpeado, como todos, y me hicieron una herida en la
cabeza, la cual me ha causado y me causa trastornos y muchas veces pérdida de
memoria[4].
Feliciano
permaneció en el campo hasta su liberación, siendo repatriado a Francia, al
igual que la mayoría de republicanos supervivientes. Regresó a España en mayo
de 1949, reiniciando su vida de agricultor y
afrontando las dificultades por su condición de “rojo republicano” en
aquellos duros años de dictadura franquista,
teniendo que soportar los insultos que, en este sentido, le dirigió
alguno de sus vecinos.
En 1963 se
puso en contacto con los ex-deportados que desde Barcelona
gestionaban la fundación de una asociación para agrupar a los
supervivientes, a las viudas y a los
huérfanos de quienes habían hallado la muerte durante su deportación. En la
primera carta a sus compañeros manifestaba su predisposición y entusiasmo con
la idea: “...cual no es mi satisfacción y alegría al comprobar que hemos podido reunirnos en una amicale de
ex-deportados de Mauthausen, Komandos y demás campos de KL nazis, yo he
estado en el campo de Buchenwald, y
sinceramente me adhiero a dicha amicale que, en
memoria y homenaje de tantos españoles muertos en el susodicho K.L.
nazi, se ha creado o está en vías de constituirse oficialmente[5].
A partir de
estos primeros tiempos del inicio de las actividades clandestinas de la Amical de Mauthausen,
Feliciano participó activamente en varias reuniones y encuentros conmemorativos
que se realizaban con enormes dificultades en la clandestinidad. El férreo
control del régimen dictatorial franquista no iba a facilitar la labor de
aquellos supervivientes cuya presencia y actividad asociativa evidenciaría su
complicidad con la Alemania
nazi. Desde su pueblo, puso en contacto a ex-deportados y familiares residentes
en Aragón con los “gestores” de la Amical con el objetivo de
agruparlos y de facilitarles la gestión de las indemnizaciones a que tenían
derecho, preocupándose también de las familias de los fallecidos, con dificultades económicas, para intentar paliar
su situación.
Muerto el
dictador en 1975, la Amical
española aún tuvo que esperar casi tres años a ser legalizada y poder
desarrollar sus actividades con plenos derechos. La primera asamblea legal de
la asociación se celebró el 7 de mayo de 1978 y al año siguiente Feliciano fue elegido vocal de la Junta directiva. Su participación y colaboración se mantuvo a
lo largo de los años ostentando la representación de la asociación en Aragón,
labor que compartió con Julio Casabona Marías (Mauthausen, 4515).
Ambos desarrollaron una importante labor en su región natal promoviendo
reuniones, asambleas, homenajes, erección de monumentos,... con la clara
intencionalidad de mantener viva la memoria de los republicanos aragoneses que
habían encontrado la muerte en los campos nazis.
A lo largo de
su vida Feliciano mostró un gran interés por la cultura lo que le llevó a donar a la biblioteca pública de la localidad una
variopinta muestra de literatura nacional e internacional, libros de historia
universal, cuentos infantiles,... Un año
después de su muerte, ocurrida el 10 de mayo de 1997, el Ayuntamiento de Gallur
puso el nombre de “Feliciano Gracia” a su biblioteca municipal “como
reconocimiento a su persona ...cuya vida fue un ejemplo de lucha por las
libertades y la democracia..
Al acto
oficial que se celebro el día de San Jorge de 1998, una jornada de especial
significado al coincidir la celebración del Día de Aragón con el Día del Libro,
asistieron numerosos familiares y amigos de Feliciano entre los que se
encontraba una representación de la
Amical encabezada por Antonio Roig (Mauthausen, 5.722) quien
glosó la figura de Feliciano como "un hombre de bien, generoso, que
siempre estuvo dispuesto a trabajar por la paz"[6].
***
Feliciano
Gracia fue un hombre sencillo que se vio arrastrado por los avatares de la
historia europea por ser consecuente con sus ideales juveniles de justicia
social. La ola de sinrazón que azotó la Europa de los años 40 le dio a conocer lo más
execrable de la condición humana. Superviviente del horror, nunca olvidó las
calamidades y las ultrajes padecidos. Desde su regreso a Gallur, en plena
dictadura franquista, siguió trabajando como agricultor, con dignidad y
esfuerzo, pero sin olvidarse del trato inhumano recibido en sus propias carnes
y, menos aún, de los compañeros que padecieron deportación y muerte en los
abominables campos nazis, dedicando tiempo, esfuerzo y trabajo, hasta su
muerte, por mantener viva su memoria en pro de la Paz y de los Derechos
Humanos.
[1] Archivo Histórico Amical de Mauthausen
(A.H.A.M.): Feliciano Gracia. Carta
9-5-1966
[2] Fondation pour la Mémoire de la Déportation: Llivre-Memorial des déportés de
France.... tome. II. Ed.
Thiresias. París, 204 (pág. 1.382)
[3] Una
solitaria lucha contra el olvido. Heraldo de
Aragón, 5-2-1995. Declaraciones recogidas en este diario regional con motivo de
la recaudación de fondos para asistir a los actos de homenaje del 50
aniversario de la liberación de los campos.
[4] A.H.A.M.: op cit. 20-7-1970
[5] A.H.A.M. op. cit: 5-4-63.
[6] Gallur. Revista local, nº. 14. Marzo-Abril 1998.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



