viernes, 7 de junio de 2013

ANTONI IBERN EROLES: un siglo de supervivencia (I)


Antoni Ibern. Carnet de deportado
Durante la mañana del pasado 18 de mayo, en un sencillo acto en la Residencia de la “Gent Gran” de la localidad leridana de Àger, el director de los Servicios del Departamento de Bienestar Social y Familia de la Generalitat de Cataluña, entregó unas Medallas Centenarias a  tres personas que habían cumplido, o estaban a punto de cumplir, los 100 años de vida. Entre aquellas tres personas homenajeadas se encontraba Antoni Ibern Eroles y en la escueta nota de  la Generalitat podíamos leer:  

“Antoni Ibern i Eroles nació al 7 de junio de 1913 en Àger, donde trabajó de agricultor. Explica que nunca podrá borrar de la memoria los cuatro años y medio que pasó preso en el campo de concentración de Mauthausen. Actualmente vive en la residencia de Àger con su esposa, con quien ha tenido dos hijos que le han dado tres nietos”

Ha sido por una de sus nietas, Noemí, por quien hemos conocido este acontecimiento: la celebración de un siglo de vida –también de abnegación, dignidad y supervivencia-  de su abuelo Antoni que hoy, todavía recuerda los pasajes más dolorosos de su experiencia durante su deportación junto a otros muchos compañeros de infortunio, los cuales no tuvieron su suerte y no pudieron sobrevivir al destino que la sinrazón les había destinado.

De Àger a Mauthausen.
La vida de Antoni transcurría en su localidad natal sin estridencias, viviendo humildemente de su trabajo como “pagès", hasta que, en aquel principio de verano de 1936, cuando la cosecha de cereal requería la mano dispuesta de los segadores para recoger el grano, se desató una tormenta –el golpe militar del 18 de julio y el inicio de la Guerra de España-  que cambiaría para siempre, y de forma dramática, su vida familiar y la de millones de personas. 

Aquel verano, Antoni había ido como segador a Albesa, una población situada a una cuarentena de kilómetros al sur de Àger, donde los primeros días del mes de septiembre, junto a un grupo de jornaleros, decidió alistarse en una de las unidades que se estaban formando en Lérida con destino al frente de Aragón. Fue herido en un ojo por la metralla de una bomba lo que le mantuvo, varios meses, alejado del frente. Participó en la Batalla del Ebro, donde se perdieron todas las esperanzas de cambiar el destino de la Guerra. 

El exilio hacia Francia fue el camino que tuvo que recorrer Antoni, como uno más de los republicanos derrotados en su lucha contra los golpistas comandados por Franco. Al igual que tantos otros miles de compatriotas, conoció el internamiento en los campos del sur de Francia. Concretamente estuvo en Le Vernet y posteriormente fue trasladado al campo de Septfonds, situado en las proximidades de la ciudad de Montauban, al norte de Toulouse.  Mientras estuvo en los campos de Francia pudo salir a trabajar como campesino a alguna de las explotaciones agrícolas de los alrededores, pero desde Septfonds, la única salida viable era la de alistarse a las Compañías de Trabajadores Extranjeros. Antoni formó parte de la 33ª Compañía que, como muchas otras, fue destinada a realizar obras defensivas en la conocida línea Maginot. 

La invasión alemana desbordó a Francia, quedando demostrada la inutilidad de las defensas previstas por los responsables militares franceses. Esta derrota tan rápida y tan completa dejó en el desamparo más absoluto a los republicanos de las Compañías que tuvieron que emprender una retirada de las zonas fronterizas donde se encontraban. Antoni, junto al resto de republicanos de su Compañía y de otras muchas que tomaron la misma determinación, huyeron hacia el norte hasta las playas de playas de Dunkerque donde fueron confluyendo varios miles de republicanos. Alli, en Dunkerque, conocieron de nuevo la impotente sensación del abandono al impedirles, los oficiales aliados, su acceso a los barcos que estaban evacuando sus tropas. La aviación alemana ametrallaba continuamente, a diestro y siniestro, a los concentrados en las playas y a quienes intentaban acercarse a los barcos. En aquellas jornadas de finales de mayo de 1940, los republicanos veían con impotencia el triunfo de los alemanes y se incrementaba el miedo a caer en sus manos. Huidas a la desesperada, sin dirección fija hasta que varias decenas de miles de españoles fueron hechos prisioneros en las siguientes jornadas. Antoni fue detenido el 22 de junio y trasladado a uno de los campos de prisioneros de guerra (stalag) que había en las cercanías de la ciudad de Estrasburg. 

En este stalag, el  V-D, permaneció Antoni alrededor de medio año. En diciembre, un grupo de unos 850 republicanos fue obligado a subir a los vagones de unos trenes de carga con destino desconocido. Las penalidades del viaje, contadas por Antoni,  narran el hacinamiento, el cansancio, el hambre, el dolor, el olor a excrementos, …. Un viaje que, por las condiciones en que se realizó, nada bueno podía esperarles al final de trayecto. En la estación de Mauthausen, conocieron el trato inhumano de los SS que actuaban con extrema violencia para hacer descender de los vagones a los recién llegados.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                          La entrada en el campo austríaco la realizaron aquellos 846 españoles el 13 de diciembre. Tras los formulismos establecidos para la recepción de prisioneros, les fue distribuida la ropa, el triángulo azul que los identificaba como apátridas, y el número de matrícula. A Antoni le fue adjudicada la 4896 que mantuvo durante los cuatro años y medio que duró su estancia en el campo. Estuvo trabajando en la cantera, utilizó un martillo compresor para arrancar los bloques de granito, también trabajó en el Danubio cargando bloques de piedra en las barcazas que los distribuían por las ciudades austríacas o alemanas. También estuvo destinado a la enfermería, donde conoció las condiciones en que malvivían los enfermos y heridos, muchos de los cuales acababan muriendo o eran eliminados directamente.  En estos destinos Antoni conoció el trato despiadado de los kapos y de los SS hacia los internos, pero también la solidaridad entre los deportados que les ayudaba a soportar, día a día, aquella situación que parecía negarles cualquier señal de esperanza en el futuro.

Suerte, Antoni, en definitiva, tuvo suerte y pudo llegar vivo al 5 de mayo de 1945. La liberación del campo de Mauthausen puso en evidencia una de las características propias del colectivo de los deportados republicanos: su orfandad. Cuando los deportados de todas las nacionalidades regresaban a su país ¿dónde podían dirigirse los españoles? Nadie les reclamaba como suyos. ¿Qué hacer? Pedir su repatriación a España, en aquellos momentos, era impensable. Hubo quienes intentaron ser repatriados a la Unión Soviética. Otros pocos se quedaron en Austria. Pero en general ¿qué sería de ellos? Por fin,  Francia les aceptó y fueron repatriados al país vecino. Empezaba una nueva etapa para los supervivientes: el difícil ejercicio de rehacer su vida con el enorme peso del recuerdo y de las secuelas de su deportación. Antoni, no se amedrantó, tenía el futuro por delante y había que enfrentase a él con decisión, como lo había hecho en todas las situaciones difíciles que le habían tocado vivir.

sábado, 1 de junio de 2013

FELICIANO GRACIA ZALAYA: de Gallur a Buchenwald


Feliciano Gracia Zalaya. Foto: Heraldo de Aragón
Ante la provocación en la que incurrió la delegada del gobierno en Cataluña, al entregar un diploma a los ex-combatientes de la División Azul, recordé a Feliciano Gracia Zalaya. En varias de sus cartas, dirigidas a los fundadores de la Amical de Mauthasen, se quejaba amargamente al comparar los derechos reconocidos a los miembros de la División Azul, con la situación de desamparo que tenían las víctimas del nazismo. En una de ellas, fechada en marzo de 1966, decía: “no tienen en consideración nuestros sufrimientos en los campos de concentración  Hitlerianos , en los cuales hemos quedado tarados físicamente, y como digo han considerado y les indemnizaron a los componentes de la División Azul, que fueron voluntarios. A nosotros nos llevaron en vagones de carga, deportados a campos de la muerte, nos tienen menos consideración moral y material, es un escarnio a nuestra dignidad...”


Y me ha parecido oportuno recordar a Feliciano, un campesino de la ribera del Ebro, que supo vivir con humildad y dignidad y que veló para que la memoria de la deportación no se perdiese con el paso del tiempo. 

El texto biográfico que sigue corresponde al publicado en: Juan M. CALVO GASCÓN (2008) “Feliciano Gracia Zalaya” en Who resisted. Biographies of Resistance Fighters from entire Europe in the Mauthausen Concentration Camp. Viena, Ed.Mauthausen, pp. 401 a 404.

FELICIANO GRACIA ZALAYA:  agricultor de memoria y dignidad

Una placa, en la biblioteca pública de Gallur (Zaragoza),
 recuerda  el cariño de sus vecinos al darle su nombre a esta institución cultural.

Feliciano nació en esta localidad zaragozana el 3 de mayo de 1916 y su juventud estuvo ligada a la ideología socialista, cuyo sindicato, la Unión General de Trabajadores, estaba fuertemente implantado en la comarca debido a la presencia de una importante industria harinera. Ocupó cargos de responsabilidad en las Juventudes Socialistas figurando, en 1936, como secretario de la agrupación local  y tesorero de su Junta directiva.

Gallur, tras el golpe de estado que desembocó en la guerra civil, quedó en manos de los fascistas sublevados, iniciándose una dura represión contra quienes se habían significado por su republicanismo progresista. Feliciano consiguió evadirse a la zona leal al gobierno de la República, lo que le llevó, como a otros millares de combatientes, al exilio.

Cruzó la frontera francesa el 2 de febrero de 1939, siendo confinado en el campo de  Argeles-sur-Mer y, posteriormente,  formó parte de la 187ª CTE hasta la ocupación alemana. Colaborador con la resistencia contra los nazis, su detención la resumía con las siguientes palabras: Yo pertenecía a la resistencia a réseau de Fumel (Lot et Garonne) en el año 1942, 2 de noviembre, fui cogido por la Huitieme Brigada Especial de Zuzech (Lot) fui trasladado a Saint Etienne de Toulouse, de dicho centro a la prisión militar Plaza Fusgole nº 2 de dicha capital, de allí a la prisión de San  Michel, siempre en Toulouse, en el año 1944 fui juzgado en dicha capital”[1].

Acusado como resistente fue encarcelado hasta que, a finales de julio de 1944, los alemanes decidieron evacuar los centros penitenciarios de Toulouse y deportar a buena parte de los internos a Alemania. Feliciano formó parte del convoy que, el 30 de julio, conduciría a 1.088 hombres -entre los que se hallaban unos ochenta republicanos españoles- a Buchenwald y  101 mujeres  a Ravensbruck.[2]. 

Ingresó en Buchenwald el 6 de agosto, asignándosele la matrícula 69.559 y unos años más tarde declaraba sobre su experiencia y la de sus compañeros en aquel campo nazi: “cuando entrabas al campo dejabas de ser un hombre te convertías en un número, te despojaban de tus ropas, te afeitaban como si fueras un animal y a partir de ahí ya no ocurría nada bueno, lo que importaba era sobrevivir para poder contarlo (...)apenas nos daban de comer, hacían raciones muy escasas para ver lo que podía resistir el cuerpo; lo cierto es que muchos murieron agotados, solo les quedaban los huesos y la piel (...) La gente estaba muy débil, se desplomaba cuando caminaba entre las calles que unían los distintos barracones, pues pasaban con carros y cogían los cuerpos como si fueran desperdicios[3].

A pesar de estas palabras que dejan bien patente el trato inhumano al que fueron sometidos quienes sufrieron la deportación, Feliciano era consciente de su suerte al haber obtenido un destino que le mantenía alejado de los trabajos más duros, pero denunciaba las condiciones de vida y reconocía la imprescindible solidaridad para sobrevivir: “Allí me tocó trabajar en la lavandería con montones de ropa que no sé si eran de muertos o de vivos; si el trato no te mataba lo hacía la comida, nos daban casi siempre caldo, salchichón sintético, que cada día tenía el gusto que el químico quería darle, un pedazo de pan de centeno y fécula de patata... de no tener a alguien fuera que te ayudase, proporcionándote ropas y cobijo; era imposible y si te cogían intentando escaparte ya sabías lo que te tocaba: ir a la horca acompañado por una orquesta formada por los propios internos. 

En varias de las cartas de Feliciano, conservadas en el archivo de la Amical española, encontramos referencias puntuales a su paso por Buchenwal que nos ayudan a conocer la penuria y los malos tratos a los que fue sometido durante su internamiento “allí fui golpeado, como todos, y me hicieron una herida en la cabeza, la cual me ha causado y me causa trastornos y muchas veces pérdida de memoria[4].

Feliciano permaneció en el campo hasta su liberación, siendo repatriado a Francia, al igual que la mayoría de republicanos supervivientes. Regresó a España en mayo de 1949, reiniciando su vida de agricultor y  afrontando las dificultades por su condición de “rojo republicano” en aquellos duros años de dictadura franquista,   teniendo que soportar los insultos que, en este sentido, le dirigió alguno de sus vecinos.

En 1963 se puso en contacto con los ex-deportados que desde  Barcelona  gestionaban la fundación de una asociación para agrupar a los supervivientes,  a las viudas y a los huérfanos de quienes habían hallado la muerte durante su deportación. En la primera carta a sus compañeros manifestaba su predisposición y entusiasmo con la idea: “...cual no es mi satisfacción y alegría al comprobar  que hemos podido reunirnos en una amicale de ex-deportados de Mauthausen, Komandos y demás campos de KL nazis, yo he estado en el campo de Buchenwald,  y sinceramente me adhiero a dicha amicale que, en  memoria y homenaje de tantos españoles muertos en el susodicho K.L. nazi, se ha creado o está en vías de constituirse oficialmente[5].

A partir de estos primeros tiempos del inicio de las actividades clandestinas de la Amical de Mauthausen, Feliciano participó activamente en varias reuniones y encuentros conmemorativos que se realizaban con enormes dificultades en la clandestinidad. El férreo control del régimen dictatorial franquista no iba a facilitar la labor de aquellos supervivientes cuya presencia y actividad asociativa evidenciaría su complicidad con la Alemania nazi. Desde su pueblo, puso en contacto a ex-deportados y familiares residentes en Aragón con los “gestores” de la  Amical con el objetivo de agruparlos y de facilitarles la gestión de las indemnizaciones a que tenían derecho, preocupándose también de las familias de los fallecidos, con  dificultades económicas, para intentar paliar su situación.  

Muerto el dictador en 1975, la Amical española aún tuvo que esperar casi tres años a ser legalizada y poder desarrollar sus actividades con plenos derechos. La primera asamblea legal de la asociación se celebró el 7 de mayo de 1978 y al año siguiente Feliciano  fue elegido vocal de la Junta directiva.   Su participación y colaboración se mantuvo a lo largo de los años ostentando la representación de la asociación en Aragón, labor que compartió con Julio Casabona Marías (Mauthausen,  4515).  Ambos desarrollaron una importante labor en su región natal promoviendo reuniones, asambleas, homenajes, erección de monumentos,... con la clara intencionalidad de mantener viva la memoria de los republicanos aragoneses que habían encontrado la muerte en los campos nazis.

A lo largo de su vida Feliciano mostró un gran interés por la cultura lo que le llevó a donar  a la biblioteca pública de la localidad una variopinta muestra de literatura nacional e internacional, libros de historia universal, cuentos infantiles,...  Un año después de su muerte, ocurrida el 10 de mayo de 1997, el Ayuntamiento de Gallur puso el nombre de “Feliciano Gracia” a su biblioteca municipal “como reconocimiento a su persona ...cuya vida fue un ejemplo de lucha por las libertades y la democracia..

Al acto oficial que se celebro el día de San Jorge de 1998, una jornada de especial significado al coincidir la celebración del Día de Aragón con el Día del Libro, asistieron numerosos familiares y amigos de Feliciano entre los que se encontraba una representación de la Amical encabezada por Antonio Roig (Mauthausen, 5.722) quien glosó la figura de Feliciano como "un hombre de bien, generoso, que siempre estuvo dispuesto a trabajar por la paz"[6].

***
Feliciano Gracia fue un hombre sencillo que se vio arrastrado por los avatares de la historia europea por ser consecuente con sus ideales juveniles de justicia social. La ola de sinrazón que azotó la Europa de los años 40 le dio a conocer lo más execrable de la condición humana. Superviviente del horror, nunca olvidó las calamidades y las ultrajes padecidos. Desde su regreso a Gallur, en plena dictadura franquista, siguió trabajando como agricultor, con dignidad y esfuerzo, pero sin olvidarse del trato inhumano recibido en sus propias carnes y, menos aún, de los compañeros que padecieron deportación y muerte en los abominables campos nazis, dedicando tiempo, esfuerzo y trabajo, hasta su muerte, por mantener viva su memoria en pro de la Paz y de los Derechos Humanos.



[1] Archivo Histórico Amical de Mauthausen (A.H.A.M.): Feliciano Gracia. Carta  9-5-1966
[2] Fondation pour la Mémoire de la Déportation: Llivre-Memorial des déportés de France.... tome. II. Ed. Thiresias. París, 204 (pág. 1.382)
[3] Una solitaria lucha contra el olvido. Heraldo de Aragón, 5-2-1995. Declaraciones recogidas en este diario regional con motivo de la recaudación de fondos para asistir a los actos de homenaje del 50 aniversario de la liberación de los campos. 
[4] A.H.A.M.: op cit. 20-7-1970
[5] A.H.A.M. op. cit: 5-4-63.
[6] Gallur. Revista local, nº. 14. Marzo-Abril 1998.

jueves, 23 de mayo de 2013

OFENSA A LAS VÍCTIMAS DEL NAZISMO: Comunicado de la Amical

Un nuevo comunicado de la  Amical de Mauthausen por la ofensa, hacia las víctimas del nazismo, cometida por la Delegada del Gobierno en Cataluña, al entregar un diploma a un representante de la Hermandad de Combatientes de la División Azul. Una unidad militar que luchó junto a los nazis en la Segunda Guerra Mundial, lo que desmiente la tradicional neutralidad del franquismo ante el conflicto. Mientras Franco colaboraba militarmente con Hitler, miles de españoles morían en los campos de exterminio o luchaban clandestinamente en la Resistencia contra la ocupación de Francia o combatiendo directamente en los campos de batalla como miembros de la Legión Extranjera. 

La explicación posterior del Ministro del Interior, Jorge Fernández Diaz,  justificando la distinción a la División Azul como un acto de reconciliación, porque hubo un diploma para los aviadores de la República, ofente también a quienes defendieron la legalidad republicana ante el golpe militar franquista. Los valores de unos y otros no eran los mismos. La historia europea ha puesto a cada uno en el lugar que corresponde, menos en España donde, por las características de nuestra transición y por la ideología de la derecha gobernante, se permiten actos oficiales de reconociemiento que en otros países de nuestro entorno -con quien tanto nos gusta parecernos- serían impensables o estarían perseguidos por la ley.


COMUNICADO :

PETICIÓN DE DIMISIÓN DE LA DELEGADA DEL GOBIERNO EN CATALUÑA

Hace tan sólo unos días la Amical de Mauthausen y otros campos hacíamos pública una nota de prensa en la que dejábamos patente la insensibilidad del gobierno del Estado y el de las distintas Comunidades Autónomas, ante el hecho de su inasistencia a los actos de homenaje en la conmemoración de la liberación del campo de Mauthausen, donde fueron asesinados miles de republicanos españoles y el contraste que esto supone con la actitud del resto de países europeos que honraban a sus víctimas y, a la vez, a los propios republicanos españoles.


Hoy nuevamente, queremos denunciar ante la opinión pública la actitud de la Delegada del Gobierno en Cataluña, Sra. María de los Llanos de Luna, que en las mismas fechas en que se conmemoraba en Europa el final de la Segunda Guerra Mundial y la derrota del nacionalsocialismo, y una semana después de que en Mauthausen se recordaba y homenajeaba a los miles de víctimas asesinadas por el nacionalsocialismo, honraba la memoria de quienes lucharon al lado de los nazis, algo que es incomprensible en toda Europa. 


Frente a la ignominia que supone un acto semejante, desde la Amical de Mauthausen, exigimos la dimisión de la delegada porque creemos que es indigna de representar al gobierno de España una persona que humilla y menosprecia a los millones de víctimas del nazismo al condecorar a los que le apoyaron con las armas, a la División Azul, que defendía las trincheras nacionalsocialistas, mientras en los campos de deportación nazis eran asesinados millares de españoles que, desde el exilio, lucharon con las armas contra los ejércitos de ocupación nazis. 


Ya va siendo hora de que los políticos que dicen representarnos, como mínimo, no sean unos ignorantes, si es que no actúan de mala fe. Pero tanto en un caso como en el otro, es exigible que asuman responsabilidades por sus actuaciones; y si no han sido capaces de presentar su dimisión por hechos tan graves, su destitución debe ser una obligación de aquellos a quienes corresponda tomar esta decisión, si no quieren hacerse cómplices de semejantes actitudes. 


Hacemos extensiva esta asunción de responsabilidades ejemplarizante a todos los cargos electos que asistían al acto que denunciamos. No es de recibo que un alcalde socialista sólo haya admitido su error tras la denuncia pública de estos hechos y no lo hubiera hecho “motu propio” inmediatamente, y no haya presentado así mismo su dimisión por este grave error. Mientras él hacía de corifeo de los que apoyaron al nacionalsocialismo, una concejala socialista de Santa Coloma de Gramenet había participado en el homenaje ante el monumento, erigido en Mauthausen, a los republicanos españoles allí asesinados.


La excusa esgrimida de que el Sr. José Bono, como Ministro de Defensa, actuó de forma parecida haciendo desfilar una representación de la División Azul, no es oportuna. ¿O se imaginan que en Alemania se hiciera desfilar una representación de los SS como acto de “reconciliación”? La reconciliación con el nazismo no es posible, porque el nazismo no es una opinión, sino una doctrina que causó la mayor barbarie que ha padecido la Humanidad, el asesinato de millones de personas. Por eso, desde la Amical de Mauthausen, hemos venido insistiendo repetidamente en que no se banalice el nazismo, algo que muchos de nuestros políticos suelen hacer a menudo irresponsablemente. Incluso la prensa europea se escandaliza de que en España sean posibles hechos como los que denunciamos aquí, mientras algunos políticos no quieren darse por aludidos y asumir sus responsabilidades.


Desde la Amical de Mauthausen y otros campos seguiremos luchando por el “¡Nunca más!”, juramento que pronunciaron los supervivientes de los campos nazis  con voluntad de compromiso.

¡Nunca más al nacionalsocialismo, nunca más al fascismo, nunca más a la xenofobia, nunca más a la banalización del Holocausto!


AMICAL DE MAUTHAUSEN Y OTROS CAMPOS Y DE TODAS LAS VÍCTIMAS DEL NAZISMO DE ESPAÑA

Barcelona, 21 de mayo de 2013


jueves, 16 de mayo de 2013

MAUTHAUSEN 2013: Comunicado de la Amical

A continuación reproduzco el comunicado de prensa que la Amical de Mauthausen ha hecho público tras el viaje realizado a Austria, para participar en los actos de homenaje para conmemoral el aniversario de la liberación del campo y de sus kommandos externos. Quienes participaron el pasado domingo, en el homenaje ante el monumento a los republicanos españoles, quedaron sorprendidos de la presencia de las autoridades civiles y militares de diferentes nacionalidades que se acercaron, ante al monumento de los españoles, a rendirles homenaje y respeto presentando sus banderas y rindiendo honores militares. Todo ello pone en evidencia una de las características de los deportados republicanos: su condición de apátridas, demostrada con el triángulo azul que se les identificaba en Mauthuausen. Una condición que, el domingo, pareció volver a estar vigente al comparar, por un lado, los actos realizados en los otros monumentos con el que se hizo ante el español y, por otro, constrastar la presencia de diferentes delegaciones nacionales, ante el monumento a los republicanos, con la ausencia, cuasi absoluta,  de representantes institucionales de nuestro país.

COMUNICADO DE LA AMICAL DE MAUTHAUSEN

Monumento a los republicanos (12/05/13)
Durante los días 10 al 12 de mayo, profesores y estudiantes de los institutos Ramon Berenguer IV de Sta. Coloma de Gramenet, Pius Font i Quer y Lluis de Peguera de Manresa, han viajado a Mauthausen –acompañados por varios miembros de la Junta de nuestra asociación- para asistir a los actos conmemorativos de la liberación del camp, tal como se viene haciendo año tras año. En esta ocasión, también han acompañado al grupo la concejala de Sta. Coloma de Gramenet, Laia Tordera, y el concejal de Manresa, Joan Calmet, como únicos representantes institucionales, sin que hubiera ninguna representación, ni del gobierno de España, con la excepción del Sr. Ministro Consejero de la embajada de España en Austria, ni de ninguna Comunidad Autónoma; como ha venido siendo habitual desde el año 2005.


Una vez más, los participantes en los homenajes internacionales, como ya pasó hace unas semanas en Buchenwald, han constatado el contraste que significa la ausencia de representantes de nuestros gobiernos, frente a la participación de autoridades de todos los países europeos. Al mismo tiempo que checos, polacos, judíos, franceses, austríacos, húngaros..., de nuevo han rendido homenaje a las víctimas republicanas del nazismo en el monumento erigido en su memoria, depositando ofrendas e incluso con honores militares, lucharemos para estar presentes y para seguir desfilando junto a todos los países en la appellplatz, por tal de no faltar al deber de memoria y compromiso, sin dejar de lamentar estas ausencias políticas que muestran, una vez más, la singularidad y las limitaciones democráticas de nuestro país.


Nos duele constatar que los republicanos deportados a los campos nazis todavía no gozan, entre nosotros, de su reconocimiento como primeros combatientes antifascistas, mientras que para las otras naciones europeas son considerados unos héroes. 


Amical de Mauthausen y otros campos


sábado, 11 de mayo de 2013

MAUTHAUSEN 2013: Homenaje y recuerdo


Este fin de semana una delegación de la Amical, formada por la presidenta de la asociación, Rosa Toran,  la delegada en Madrid, Concha Díaz, y el delegado en Aragón, Josep Mª San Martín, acompañados por un grupo de estudiantes de bachillerato, han viajado a Austria. Visitarán Mauthausen, Hartheim y Gusen y participarán en los actos de homenaje en los que se organizan anualmente, en estos lugares de memoria, para recordar a las víctimas del nazismo en general y a quienes sufrieron  directamente la deportación a los campos de exterminios diseminados por el territorio del Tercer Reich.
Mayo de 2012: homenaje ante el monumento a los republicanos.
Sin ningún tipo de apoyo institucional –salvo la colaboración con los ayuntamientos de Manresa y de Santa Coloma de Gramenet- la Amical de Mauthausen, con un gran esfuerzo, ha conseguido organizar este viaje de homenaje en el que participan una treintena de personas entre estudiantes, socios particulares y representantes de estos dos municipios catalanes.  La crisis económica parece desdibujar todos los objetivos por los cuales la Amical viene organizando estos viajes, con representantes de centros educativos de diferentes lugares de España, año tras año, desde hace una década. Creemos firmemente que es precisamente en esta situación cuando se hace aún más necesario, si cabe, realizar este esfuerzo por difundir los valores de solidaridad y resistencia que nos enseñaron quienes conocieron directamente los efectos perversos del nazismo.

Los fundadores de la Amical de Mauthausen  –aquellos supervivientes que habían regresado a España en la década siguiente a la liberación de los campos- tuvieron muy claro que una de sus principales actividades de difusión tenía que estar dirigida hacia los centros educativos. Durante décadas, y aún ahora, el interés por conocer los efectos perversos del nazismo y del fascismo dependía, y depende, de proyectos impulsados por el interés personal de algunos profesionales de la educación que querían, y quieren, ir más allá de las escasas referencias reflejadas en los libros de texto.  El mayor acontecimiento de la historia social europea del siglo XX pasaba, y pasa, de puntillas sobre el currículo escolar y el desconocimiento de lo ocurrido era, y es,  generalizado entre la población estudiantil española. 

Si eso ocurre cuando nos referimos a la deportación de carácter internacional, que como mucho se relaciona con el exterminio de la población judía, el desconocimiento de la presencia de unos 10.000 españoles en los campos nazis es muestra de sorpresa. Montserrat Roig, cuando estaba preparando su obra dedicada a los deportados catalanes, en los años setenta de pasado siglo, recogía la pregunta que muchos estudiantes se hacían en las aulas “¿Pero hubo españoles en los campos nazis?” y esta pregunta todavía nos la encontramos actualmente, de forma frecuente, cuando visitamos los centros de Secundaria.

Queremos ser optimistas y pensar que, poco a poco, el conocimiento de lo que ocurrió en Europa entre 1933 y 1945 se va abriendo paso. De forma modesta, pero ininterrumpida y, repito, con gran esfuerzo la Amical de Mauthausen ha colaborado para superar aquel enorme vacío evidenciado, sistemáticamente, durante años. Una gran diferencia –otra más- con países de nuestro entorno que tienen integrada, en sus programas escolares, la deportación a los campos nazis como un tema específico y no como un aspecto más de los efectos colaterales de la Segunda Guerra Mundial. 

Así pues, un año más, la expedición que salió ayer desde Barcelona, asistirá a los actos de homenaje, a la deportación internacional, que se llevarán cabo en el campo de Mauthausen y en el de Gusen. Recordarán a los más casi 10.000 republicanos españoles deportados, de los que unos 6.000 hallaron la muerte durante su estancia en los campos, la mayor parte de ellos en Gusen, durante el invierno de 1941-1942. Visitarán también el castillo de Hartheim, donde asesinaron a unas 55.000 personas, entre las que fueron gaseados unos 450  republicanos. 

Homenajes organizados y protagonizados por los propios estudiantes, como una continuación del trabajo en las aulas. Un compromiso personal que continuará más allá del viaje, para difundir la experiencia en su entorno más cercano. En Mauthausen coincidirán con los familiares de las víctimas que, cada año, se desplazan -desde España, Francia, Austria o Alemania- para recordarles ante el monumento a los republicanos. Las delegaciones de otros muchos países, con sus representantes institucionales, se acercarán también para depositar flores y rendir sus banderas como reconocimiento a la solidaridad y la resistencia de los españoles en el campo,… Toda una lección de memoria, de emocionados recuerdos de las víctimas  y de conciencia colectiva de la necesidad de mantener los valores y derechos universales para que aquello no vuelva a ocurrir ¡NUNCA MÁS!